La AMLO-señal: cómo llamar a un expresidente sin usar el teléfono
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Toda gran ciudad tiene su símbolo de auxilio proyectado en el cielo. Gotham tiene el murciélago; la Cuarta Transformación, gracias a Gerardo Fernández Noroña, estrenó oficialmente la AMLO-señal. El senador aseguró que el expresidente "saldría a las calles" si se atentara contra la soberanía o contra la Presidencia, y remató con un reto digno de tráiler de acción: "atrévanse a tocar al compañero presidente". Uno casi escucha la música épica de fondo mientras la frase rebota entre las cúpulas del Senado.
El detalle encantador es que el homenajeado, según se ha dicho hasta el cansancio, está retirado en su rancho, alejado de la vida pública, dedicado a sus árboles y a su serenidad. Pero para eso están los apóstoles: para recordarnos que la ausencia física es apenas un tecnicismo. "Permanece en el corazón de los hombres y mujeres patriotas de México", agregó Noroña, en una definición que sirve igual para un líder moral que para una canción de despecho. El cuerpo descansa; el mito hace guardia.
Lo hermoso de la AMLO-señal es que no requiere batería ni cobertura de Telcel, lo cual, dado cómo anda la señal esta semana, es una ventaja competitiva enorme. Basta con que alguien, en alguna tribuna, sienta que la patria peligra, y el reflector se enciende solo. No importa que nadie haya anunciado tocar a nadie: en política mexicana, el mejor enemigo es el hipotético, ese que nunca falla porque nunca aparece, pero justifica todos los discursos.
Mientras el senador prendía el reflector, en el mismo cuadro la declaración patrimonial de Rocío Nahle se mantenía fuera de línea por un supuesto tema de "seguridad del servidor", y el PAN presentaba a Andy López con los ojos vendados en plan Maduro, para que la FGR saliera a aclarar que no hay investigación. Es decir: todos convocando a sus propias batiseñales, cada quien iluminando el cielo con su villano preferido. La política como universo de superhéroes, solo que aquí nadie salva la ciudad, apenas la mencionan.
Que quede claro, porque aquí no difamamos a nadie: Noroña dijo lo que dijo, es su derecho y su estilo. Nosotros solo constatamos el fenómeno. En un país donde el sistema se cae por calor y el frijol no se cuece en tres horas, resulta reconfortante saber que, ante cualquier amenaza, basta encender el reflector y esperar. La soberanía tranquila: hay quien la cuida desde un rancho, en el corazón de la patria y, sobre todo, en el guion de quien necesitaba titular.
El detalle encantador es que el homenajeado, según se ha dicho hasta el cansancio, está retirado en su rancho, alejado de la vida pública, dedicado a sus árboles y a su serenidad. Pero para eso están los apóstoles: para recordarnos que la ausencia física es apenas un tecnicismo. "Permanece en el corazón de los hombres y mujeres patriotas de México", agregó Noroña, en una definición que sirve igual para un líder moral que para una canción de despecho. El cuerpo descansa; el mito hace guardia.
Lo hermoso de la AMLO-señal es que no requiere batería ni cobertura de Telcel, lo cual, dado cómo anda la señal esta semana, es una ventaja competitiva enorme. Basta con que alguien, en alguna tribuna, sienta que la patria peligra, y el reflector se enciende solo. No importa que nadie haya anunciado tocar a nadie: en política mexicana, el mejor enemigo es el hipotético, ese que nunca falla porque nunca aparece, pero justifica todos los discursos.
Mientras el senador prendía el reflector, en el mismo cuadro la declaración patrimonial de Rocío Nahle se mantenía fuera de línea por un supuesto tema de "seguridad del servidor", y el PAN presentaba a Andy López con los ojos vendados en plan Maduro, para que la FGR saliera a aclarar que no hay investigación. Es decir: todos convocando a sus propias batiseñales, cada quien iluminando el cielo con su villano preferido. La política como universo de superhéroes, solo que aquí nadie salva la ciudad, apenas la mencionan.
Que quede claro, porque aquí no difamamos a nadie: Noroña dijo lo que dijo, es su derecho y su estilo. Nosotros solo constatamos el fenómeno. En un país donde el sistema se cae por calor y el frijol no se cuece en tres horas, resulta reconfortante saber que, ante cualquier amenaza, basta encender el reflector y esperar. La soberanía tranquila: hay quien la cuida desde un rancho, en el corazón de la patria y, sobre todo, en el guion de quien necesitaba titular.