Reunirse en Guanajuato: deporte extremo que el INEGI debería medir
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Hay estados donde la gente se junta a echar carrilla, partir un pan y quejarse del clima. En Guanajuato, juntarse empieza a parecer una disciplina olímpica con categoría de riesgo, y los resultados de esta semana lo confirman con la elegancia de un comunicado oficial.
Empecemos por lo más sobrio. En la colonia Las Heras, en Irapuato, dos personas "se encontraban reunidas" —así, en pasado y entre comillas, como todo lo que aquí se planea— cuando llegaron sujetos armados a interrumpir la convivencia a balazos. Saldo: un hombre fallecido y una mujer lesionada. Uno entiende que la palabra "reunión" en este estado ya no convoca al optimismo, sino al protocolo de Protección Civil. Antes uno preguntaba "¿a qué hora caes?"; ahora uno pregunta "¿con qué seguro de gastos médicos vienes?".
Pero no todo es desánimo, porque la nota también trae su dosis de eficiencia institucional. Resulta que José "N", que cargaba una orden de aprehensión vigente en Jalisco, fue capturado gracias a la colaboración entre fiscalías estatales. ¡Aplausos! Cuando se trata de pasarse a un prófugo entre estados, las fiscalías se coordinan con la prontitud de un grupo de WhatsApp familiar bien aceitado. Da gusto saber que la cooperación interinstitucional existe; solo faltaría que esa misma agilidad llegara a la colonia Las Heras antes y no después de las balas. Detalles, supongo.
Y para cerrar el tríptico del convivio guanajuatense, el secretario de Salud, Gabriel Cortés Alcalá, informó que una persona asistió a una fiesta donde ocurrió una intoxicación y luego, muy quitada de la pena, regresó a su lugar de origen. Conmovedor: en otros lados la gente vuelve de la fiesta con cruda y un tupper de pozole; aquí uno vuelve con una intoxicación de recuerdo, como playera de concierto. El funcionario lo dijo con esa serenidad de quien ya domina el arte de narrar desgracias en tiempo presente del indicativo.
Unamos los puntos, porque la sátira se hace sobre los hechos y los hechos aquí forman una constelación nítida: en Guanajuato te puedes intoxicar en la fiesta, te pueden sorprender en la reunión, y si de plano te portas mal en Jalisco, te alcanzan hasta acá. El estado tiene de todo, menos un convivio que termine como Dios manda: con todos vivos, sanos y de regreso en su lugar de origen por su propio pie.
Quizá la Secretaría de Turismo debería actualizar el eslogan. "Guanajuato, donde la vida te sorprende" ya no alcanza; el verbo "sorprender" se nos cargó de connotaciones. Propongo algo más honesto: "Guanajuato, asómate… pero con calma". Mientras tanto, el ciudadano promedio sigue haciendo lo que sabe hacer: aceptar la invitación, persignarse, y rezar para que esta vez "reunirse" solo signifique reunirse.
Empecemos por lo más sobrio. En la colonia Las Heras, en Irapuato, dos personas "se encontraban reunidas" —así, en pasado y entre comillas, como todo lo que aquí se planea— cuando llegaron sujetos armados a interrumpir la convivencia a balazos. Saldo: un hombre fallecido y una mujer lesionada. Uno entiende que la palabra "reunión" en este estado ya no convoca al optimismo, sino al protocolo de Protección Civil. Antes uno preguntaba "¿a qué hora caes?"; ahora uno pregunta "¿con qué seguro de gastos médicos vienes?".
Pero no todo es desánimo, porque la nota también trae su dosis de eficiencia institucional. Resulta que José "N", que cargaba una orden de aprehensión vigente en Jalisco, fue capturado gracias a la colaboración entre fiscalías estatales. ¡Aplausos! Cuando se trata de pasarse a un prófugo entre estados, las fiscalías se coordinan con la prontitud de un grupo de WhatsApp familiar bien aceitado. Da gusto saber que la cooperación interinstitucional existe; solo faltaría que esa misma agilidad llegara a la colonia Las Heras antes y no después de las balas. Detalles, supongo.
Y para cerrar el tríptico del convivio guanajuatense, el secretario de Salud, Gabriel Cortés Alcalá, informó que una persona asistió a una fiesta donde ocurrió una intoxicación y luego, muy quitada de la pena, regresó a su lugar de origen. Conmovedor: en otros lados la gente vuelve de la fiesta con cruda y un tupper de pozole; aquí uno vuelve con una intoxicación de recuerdo, como playera de concierto. El funcionario lo dijo con esa serenidad de quien ya domina el arte de narrar desgracias en tiempo presente del indicativo.
Unamos los puntos, porque la sátira se hace sobre los hechos y los hechos aquí forman una constelación nítida: en Guanajuato te puedes intoxicar en la fiesta, te pueden sorprender en la reunión, y si de plano te portas mal en Jalisco, te alcanzan hasta acá. El estado tiene de todo, menos un convivio que termine como Dios manda: con todos vivos, sanos y de regreso en su lugar de origen por su propio pie.
Quizá la Secretaría de Turismo debería actualizar el eslogan. "Guanajuato, donde la vida te sorprende" ya no alcanza; el verbo "sorprender" se nos cargó de connotaciones. Propongo algo más honesto: "Guanajuato, asómate… pero con calma". Mientras tanto, el ciudadano promedio sigue haciendo lo que sabe hacer: aceptar la invitación, persignarse, y rezar para que esta vez "reunirse" solo signifique reunirse.