La agenda fronteriza de Morena, negociada desde el otro lado del río
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Nada proyecta más liderazgo territorial que convocar a tu militancia a cruzar la frontera. Esta semana, un diputado local con licencia de Morena lanzó, desde Texas, un reto a sus compañeros que compiten por coordinar los comités de la 4T en Nuevo León: que crucen a Estados Unidos y demuestren capacidad para trabajar una agenda comercial y fronteriza. La defensa de la soberanía, ahora con pasaporte y fila migratoria incluida.
El gesto tiene su lógica retorcida y su ironía perfecta. Por un lado, es cierto que la relación comercial y fronteriza es tema serio para el noreste: aquí se vive del cruce, del comercio, de las cadenas que van y vienen por los puentes internacionales. Por el otro, hay algo deliciosamente contradictorio en un movimiento que hace de la soberanía nacional su estandarte y que, para dirimir sus pleitos internos, cita a la tropa al lado gringo. Es como organizar un concurso de tamales en una hamburguesería.
El reto, además, viene con envoltura de examen: el diputado pide a los aspirantes demostrar su capacidad, como si la coordinación de los comités se ganara con un viaje de estudios al norte del Bravo. Uno imagina a los precandidatos formados en la aduana, credencial en mano, ensayando su discurso de defensa de la patria mientras esperan que el oficial les selle la entrada. La 4T en modo intercambio estudiantil.
Lo interesante es el contraste con el resto del guion regio de la semana. Mientras el gobernador agradecía a la Federación cinco años de coordinación en tono de aniversario, y el PAN y el PRI jugaban a las sillas musicales con su candidato, Morena decidió que su debate interno se libra mejor con el skyline de una ciudad texana de fondo. Cada partido tiene su escenario favorito: unos el templete, otros el outlet.
Que quede claro: trabajar temas fronterizos del lado de allá no tiene nada de malo; ahí están los interlocutores, los mercados y las oficinas que importan. El chiste está en el empaque. Convertir un cruce fronterizo en prueba de hombría política es puro teatro regio, del que se aplaude solo. Y en año preelectoral, el teatro nunca falta.
Así que la militancia morenista de Nuevo León tiene nueva tarea veraniega: cruzar, negociar y regresar a tiempo para el siguiente informe. Ojalá traigan de vuelta acuerdos comerciales y no nada más una hielera de refrescos y la cajuela llena de mandado. Porque en esto de la agenda fronteriza, lo difícil no es llegar al otro lado: es explicar, al regreso, por qué la soberanía se defendió con recibo de compra.
El gesto tiene su lógica retorcida y su ironía perfecta. Por un lado, es cierto que la relación comercial y fronteriza es tema serio para el noreste: aquí se vive del cruce, del comercio, de las cadenas que van y vienen por los puentes internacionales. Por el otro, hay algo deliciosamente contradictorio en un movimiento que hace de la soberanía nacional su estandarte y que, para dirimir sus pleitos internos, cita a la tropa al lado gringo. Es como organizar un concurso de tamales en una hamburguesería.
El reto, además, viene con envoltura de examen: el diputado pide a los aspirantes demostrar su capacidad, como si la coordinación de los comités se ganara con un viaje de estudios al norte del Bravo. Uno imagina a los precandidatos formados en la aduana, credencial en mano, ensayando su discurso de defensa de la patria mientras esperan que el oficial les selle la entrada. La 4T en modo intercambio estudiantil.
Lo interesante es el contraste con el resto del guion regio de la semana. Mientras el gobernador agradecía a la Federación cinco años de coordinación en tono de aniversario, y el PAN y el PRI jugaban a las sillas musicales con su candidato, Morena decidió que su debate interno se libra mejor con el skyline de una ciudad texana de fondo. Cada partido tiene su escenario favorito: unos el templete, otros el outlet.
Que quede claro: trabajar temas fronterizos del lado de allá no tiene nada de malo; ahí están los interlocutores, los mercados y las oficinas que importan. El chiste está en el empaque. Convertir un cruce fronterizo en prueba de hombría política es puro teatro regio, del que se aplaude solo. Y en año preelectoral, el teatro nunca falta.
Así que la militancia morenista de Nuevo León tiene nueva tarea veraniega: cruzar, negociar y regresar a tiempo para el siguiente informe. Ojalá traigan de vuelta acuerdos comerciales y no nada más una hielera de refrescos y la cajuela llena de mandado. Porque en esto de la agenda fronteriza, lo difícil no es llegar al otro lado: es explicar, al regreso, por qué la soberanía se defendió con recibo de compra.