La mañanera estrena tribunal exprés: absolución con café y sin expediente
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Hay inventos que México le da al mundo y nadie reconoce. La televisión a color, la píldora, y ahora un aporte jurídico de vanguardia: la exoneración matutina, ese acto por el cual una persona queda limpia de toda sospecha porque desde la más alta tribuna se aseguró que no hay pruebas en su contra. Ni juez, ni fiscal, ni carpeta: basta el micrófono y un buen deseo.
El beneficiario del día fue Andy López Beltrán, señalado en el enredo del llamado huachicol fiscal. Desde Palacio se aclaró que la Fiscalía no tiene elementos para relacionarlo con delito alguno y que, además, resulta curioso que a otros investigados sí les hayan retirado la visa. Como quien dice: si le quitan a usted el permiso para entrar a Disney, algo habrá hecho; si se lo quitan a los nuestros, es persecución.
Los abogados, gremio que se gana la vida arruinando finales felices, salieron a recordar lo obvio con paciencia de kínder: la Presidencia no es la fiscalía ni un juzgado, y ninguna autoridad del gabinete tiene acceso al secreto de una carpeta de investigación para andar absolviendo o condenando a distancia. Detalle técnico, sí, pero incómodo, como el pariente que en la comida pregunta de dónde salió el dinero.
Morena, siempre servicial, aportó la teoría del origen. Resulta que el huachicol fiscal no nació ayer ni de milagro: brotó, dicen, con la reforma energética de hace más de una década, obra del PRI y del PAN. Es una explicación redonda, casi tierna: todo lo turbio del presente tiene fecha de nacimiento anterior a nosotros. Bajo esa lógica, el próximo bache de su colonia también es culpa del sexenio pasado.
Mientras tanto, en el mundo real de las botas y los cateos, la FGR y la SSPC aseguraban predios usados para huachicol en Jalisco y hallaban centros de almacenamiento de combustible robado. Es decir: el delito existe, se persigue, se decomisa. Lo único que no aparece por ningún lado, según la versión oficial, es un culpable con apellido conocido. El huachicol es como el aire de la CDMX: todos lo respiran, nadie lo firma.
Quede claro, para que no nos emplayen a un árbol: aquí nadie afirma que el señalado sea culpable de nada. Al contrario. Solo señalamos, con el debido respeto y toda la mala leche del oficio, que la presunción de inocencia es un derecho hermoso que merece ejercerse en tribunales de verdad y no en una conferencia de prensa a las siete de la mañana. Porque el día que el desayuno sustituya al debido proceso, todos vamos a querer que nos juzguen en ayunas.
El beneficiario del día fue Andy López Beltrán, señalado en el enredo del llamado huachicol fiscal. Desde Palacio se aclaró que la Fiscalía no tiene elementos para relacionarlo con delito alguno y que, además, resulta curioso que a otros investigados sí les hayan retirado la visa. Como quien dice: si le quitan a usted el permiso para entrar a Disney, algo habrá hecho; si se lo quitan a los nuestros, es persecución.
Los abogados, gremio que se gana la vida arruinando finales felices, salieron a recordar lo obvio con paciencia de kínder: la Presidencia no es la fiscalía ni un juzgado, y ninguna autoridad del gabinete tiene acceso al secreto de una carpeta de investigación para andar absolviendo o condenando a distancia. Detalle técnico, sí, pero incómodo, como el pariente que en la comida pregunta de dónde salió el dinero.
Morena, siempre servicial, aportó la teoría del origen. Resulta que el huachicol fiscal no nació ayer ni de milagro: brotó, dicen, con la reforma energética de hace más de una década, obra del PRI y del PAN. Es una explicación redonda, casi tierna: todo lo turbio del presente tiene fecha de nacimiento anterior a nosotros. Bajo esa lógica, el próximo bache de su colonia también es culpa del sexenio pasado.
Mientras tanto, en el mundo real de las botas y los cateos, la FGR y la SSPC aseguraban predios usados para huachicol en Jalisco y hallaban centros de almacenamiento de combustible robado. Es decir: el delito existe, se persigue, se decomisa. Lo único que no aparece por ningún lado, según la versión oficial, es un culpable con apellido conocido. El huachicol es como el aire de la CDMX: todos lo respiran, nadie lo firma.
Quede claro, para que no nos emplayen a un árbol: aquí nadie afirma que el señalado sea culpable de nada. Al contrario. Solo señalamos, con el debido respeto y toda la mala leche del oficio, que la presunción de inocencia es un derecho hermoso que merece ejercerse en tribunales de verdad y no en una conferencia de prensa a las siete de la mañana. Porque el día que el desayuno sustituya al debido proceso, todos vamos a querer que nos juzguen en ayunas.