Reprobados pero reelegibles: cinco alcaldes piden repetir año con boleta en mano
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Imagine usted que reprueba el examen, que las siete calificadoras coinciden en ponerle tache, y que su reacción no es estudiar más sino inscribirse otra vez para el mismo puesto, seguro de que en el fondo lo adoran. Bienvenido a la política capitalina, donde el fracaso no desanima: motiva.
Un análisis de siete casas encuestadoras, hecho entre julio y agosto, evaluó a los dieciséis titulares de alcaldía de la Ciudad de México y les dejó un promedio de aprobación del 53 por ciento, que en boleta escolar sería ese cinco piadoso que se redondea a seis solo porque el maestro está cansado. Con semejante boletín, al menos cinco de ellos ya levantaron la mano para reelegirse en 2027. Otros doce, dicen, están en condiciones de repetir; nomás esperan que su partido les dé el visto bueno, como quien pide permiso para volver a manejar después de chocar el coche familiar.
El argumento estrella es entrañable: quieren "continuar sus proyectos". Frase noble que en la práctica significa que la obra sigue en la misma esquina, con el mismo bache, esperando la misma foto de inauguración. Continuar un proyecto es maravilloso cuando el proyecto avanza; cuando lleva tres años detenido, ya no es continuidad, es reposición.
Lo genial del asunto es la confianza. Todos, sin excepción, confían en "el apoyo popular", ese ente místico que aparece en los mítines y desaparece en las encuestas. Es la versión política del examen sorpresa: el alumno jura que domina el tema hasta que le ponen la hoja enfrente. Y aquí la hoja —siete encuestas— ya está sobre la banca, subrayada en rojo.
Uno entendería la insistencia si la ciudad funcionara sola: banquetas parejas, agua puntual, basura recogida antes de que amanezca. Pero la misma capital que reprueba a sus alcaldes es la que ve descarrilarse trenes, tapa coladeras a mano y se inunda cada que Protección Civil saca la alerta amarilla. En ese contexto, pedir repetir cargo no es ambición: es optimismo de nivel olímpico.
Quede el beneficio de la duda, que para eso existe: quizá alguno de estos alcaldes sí traiga bajo el brazo la varita mágica que le faltó estos años y en 2027 nos deje boquiabiertos. Ojalá. Mientras tanto, el electorado capitalino tendrá que decidir si premia la constancia o castiga el promedio. Y ahí, señores candidatos, no hay encuesta que valga: el único sondeo que cuenta es el que se hace con crayón, en una casilla, un domingo de junio. Ese examen no se repone. Estúdienle.
Un análisis de siete casas encuestadoras, hecho entre julio y agosto, evaluó a los dieciséis titulares de alcaldía de la Ciudad de México y les dejó un promedio de aprobación del 53 por ciento, que en boleta escolar sería ese cinco piadoso que se redondea a seis solo porque el maestro está cansado. Con semejante boletín, al menos cinco de ellos ya levantaron la mano para reelegirse en 2027. Otros doce, dicen, están en condiciones de repetir; nomás esperan que su partido les dé el visto bueno, como quien pide permiso para volver a manejar después de chocar el coche familiar.
El argumento estrella es entrañable: quieren "continuar sus proyectos". Frase noble que en la práctica significa que la obra sigue en la misma esquina, con el mismo bache, esperando la misma foto de inauguración. Continuar un proyecto es maravilloso cuando el proyecto avanza; cuando lleva tres años detenido, ya no es continuidad, es reposición.
Lo genial del asunto es la confianza. Todos, sin excepción, confían en "el apoyo popular", ese ente místico que aparece en los mítines y desaparece en las encuestas. Es la versión política del examen sorpresa: el alumno jura que domina el tema hasta que le ponen la hoja enfrente. Y aquí la hoja —siete encuestas— ya está sobre la banca, subrayada en rojo.
Uno entendería la insistencia si la ciudad funcionara sola: banquetas parejas, agua puntual, basura recogida antes de que amanezca. Pero la misma capital que reprueba a sus alcaldes es la que ve descarrilarse trenes, tapa coladeras a mano y se inunda cada que Protección Civil saca la alerta amarilla. En ese contexto, pedir repetir cargo no es ambición: es optimismo de nivel olímpico.
Quede el beneficio de la duda, que para eso existe: quizá alguno de estos alcaldes sí traiga bajo el brazo la varita mágica que le faltó estos años y en 2027 nos deje boquiabiertos. Ojalá. Mientras tanto, el electorado capitalino tendrá que decidir si premia la constancia o castiga el promedio. Y ahí, señores candidatos, no hay encuesta que valga: el único sondeo que cuenta es el que se hace con crayón, en una casilla, un domingo de junio. Ese examen no se repone. Estúdienle.