En Nuevo León el dinero no alcanza, pero para cortar listones siempre sobra
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Hay estados que se miden en kilómetros de carretera o en producto interno bruto. Nuevo León prefiere medirse en anuncios, que son como los tamales de la esquina: siempre calientitos, siempre hay, y uno nunca sabe bien qué traen adentro hasta que le da la mordida.
Empecemos por lo grande, porque aquí lo grande siempre viene con cifra de nueve ceros. El gobierno estatal y la Comisión Federal de Electricidad anunciaron una inversión conjunta de diez mil millones de pesos para reforzar la red eléctrica y evitar apagones. La noticia es magnífica; la letra chica es que este remedio llega después de que junio y julio dejaran a la entidad a oscuras, con calor de canícula y, de pancho, sin agua en algunas zonas. Es decir, primero pasamos el verano abanicándonos con la factura de la luz y ahora nos avisan que ya viene la solución. En el resto del mundo eso se llama reacción tardía; aquí lo bautizamos ‘visión de futuro’. La CFE incluso reconoció que los apagones fueron delicados por el calor extremo, revelación que cualquier regiomontano con un ventilador desahuciado ya había intuido.
Mientras tanto, en el capítulo de finanzas públicas, el gobernador contempla contratar deuda por el equivalente a diez por ciento del Presupuesto 2027. Y como todo buen anfitrión, ya puso fecha para la sobremesa: el 2 de septiembre citará a los diputados a revisar el Paquete Fiscal, con testigos de lujo —cámaras empresariales, universidades, el Consejo Nuevo León y hasta el G10— para que nadie diga que se endeudó a escondidas. Uno se endeuda con público, como los magos: si hay suficientes espectadores, la desaparición del dinero deja de ser truco y se vuelve espectáculo. Curioso que el presupuesto nunca alcance para lo aburrido, pero para lo inaugurable siempre haya banda de guerra y tijeras nuevas.
Porque de inaugurar sí sabemos. El estado presumió un flamante parque lineal debajo del viaducto elevado del bulevar Miguel de la Madrid, celebrando la recuperación de un kilómetro de terreno ‘desaprovechado’. Traducción para no regios: convertimos la sombra de un puente en atractivo turístico. Es reciclaje urbano de alto nivel: donde antes había concreto y palomas, ahora hay concreto, palomas y una ceremonia. Aplausos.
En el terreno de la seguridad, el gobernador presentó el nuevo sistema penitenciario y aseguró tener ‘control absoluto’ sobre los centros. Frase valiente, porque el control absoluto es de esas cosas que solo se anuncian con micrófono; a nadie le presumen que tiene el control absoluto de su cochera, se da por hecho. Cuando hay que subrayarlo, uno empieza a extrañar los adjetivos más modestos, como ‘razonable’ o ‘casi siempre’.
Y si de promesas hablamos, la joya de la corona la puso el nivel federal, pero nos cae aquí: el famoso inventario de emisiones contaminantes de la zona metropolitana, que hace cinco meses se juró estaría listo ‘en dos semanas’. Cinco meses. Dos semanas. Las matemáticas de la administración pública son un género literario aparte: realismo mágico con hoja de cálculo. Respiramos el mismo aire de siempre, pero ahora con la certeza científica de que algún día sabremos qué respiramos.
En San Pedro, mientras tanto, discuten instalar parquímetros para que la gente que va a trabajar deje de usar las calles residenciales como estacionamiento gratuito de oficina. Es la venganza más elegante del municipio más caro del país: si no puedes con el tráfico, cóbrale el metro cuadrado. Y en el resto del área metropolitana, la infraestructura hace su propio performance: un camión recolector se enredó en el cableado y tiró un poste sobre un auto en Monterrey, y por el rumbo de San Nicolás un tráiler jaló cables colgados a baja altura y derribó cuatro postes. Uno pensaría que los cables están demasiado bajos; el destino piensa que los camiones están demasiado altos. Nadie cede.
Ah, y para que no digan que aquí solo hay malas noticias: Bosch anunció una planta en Ciénega de Flores con inversión de trescientos millones de dólares y novecientos empleos. Excelente, de verdad. Ahora solo falta que las novecientas familias lleguen a su nuevo trabajo con luz, sin baches, encontrando dónde estacionarse y sabiendo qué aire respiran. Detalles. Dos semanas, cuando mucho.
Empecemos por lo grande, porque aquí lo grande siempre viene con cifra de nueve ceros. El gobierno estatal y la Comisión Federal de Electricidad anunciaron una inversión conjunta de diez mil millones de pesos para reforzar la red eléctrica y evitar apagones. La noticia es magnífica; la letra chica es que este remedio llega después de que junio y julio dejaran a la entidad a oscuras, con calor de canícula y, de pancho, sin agua en algunas zonas. Es decir, primero pasamos el verano abanicándonos con la factura de la luz y ahora nos avisan que ya viene la solución. En el resto del mundo eso se llama reacción tardía; aquí lo bautizamos ‘visión de futuro’. La CFE incluso reconoció que los apagones fueron delicados por el calor extremo, revelación que cualquier regiomontano con un ventilador desahuciado ya había intuido.
Mientras tanto, en el capítulo de finanzas públicas, el gobernador contempla contratar deuda por el equivalente a diez por ciento del Presupuesto 2027. Y como todo buen anfitrión, ya puso fecha para la sobremesa: el 2 de septiembre citará a los diputados a revisar el Paquete Fiscal, con testigos de lujo —cámaras empresariales, universidades, el Consejo Nuevo León y hasta el G10— para que nadie diga que se endeudó a escondidas. Uno se endeuda con público, como los magos: si hay suficientes espectadores, la desaparición del dinero deja de ser truco y se vuelve espectáculo. Curioso que el presupuesto nunca alcance para lo aburrido, pero para lo inaugurable siempre haya banda de guerra y tijeras nuevas.
Porque de inaugurar sí sabemos. El estado presumió un flamante parque lineal debajo del viaducto elevado del bulevar Miguel de la Madrid, celebrando la recuperación de un kilómetro de terreno ‘desaprovechado’. Traducción para no regios: convertimos la sombra de un puente en atractivo turístico. Es reciclaje urbano de alto nivel: donde antes había concreto y palomas, ahora hay concreto, palomas y una ceremonia. Aplausos.
En el terreno de la seguridad, el gobernador presentó el nuevo sistema penitenciario y aseguró tener ‘control absoluto’ sobre los centros. Frase valiente, porque el control absoluto es de esas cosas que solo se anuncian con micrófono; a nadie le presumen que tiene el control absoluto de su cochera, se da por hecho. Cuando hay que subrayarlo, uno empieza a extrañar los adjetivos más modestos, como ‘razonable’ o ‘casi siempre’.
Y si de promesas hablamos, la joya de la corona la puso el nivel federal, pero nos cae aquí: el famoso inventario de emisiones contaminantes de la zona metropolitana, que hace cinco meses se juró estaría listo ‘en dos semanas’. Cinco meses. Dos semanas. Las matemáticas de la administración pública son un género literario aparte: realismo mágico con hoja de cálculo. Respiramos el mismo aire de siempre, pero ahora con la certeza científica de que algún día sabremos qué respiramos.
En San Pedro, mientras tanto, discuten instalar parquímetros para que la gente que va a trabajar deje de usar las calles residenciales como estacionamiento gratuito de oficina. Es la venganza más elegante del municipio más caro del país: si no puedes con el tráfico, cóbrale el metro cuadrado. Y en el resto del área metropolitana, la infraestructura hace su propio performance: un camión recolector se enredó en el cableado y tiró un poste sobre un auto en Monterrey, y por el rumbo de San Nicolás un tráiler jaló cables colgados a baja altura y derribó cuatro postes. Uno pensaría que los cables están demasiado bajos; el destino piensa que los camiones están demasiado altos. Nadie cede.
Ah, y para que no digan que aquí solo hay malas noticias: Bosch anunció una planta en Ciénega de Flores con inversión de trescientos millones de dólares y novecientos empleos. Excelente, de verdad. Ahora solo falta que las novecientas familias lleguen a su nuevo trabajo con luz, sin baches, encontrando dónde estacionarse y sabiendo qué aire respiran. Detalles. Dos semanas, cuando mucho.