La CFE y el estado descubren que en Nuevo León hace calor: van diez mil millones
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Toda gran obra pública nace de un descubrimiento científico. La rueda nació de observar que arrastrar cosas cansa; la penicilina, de un hongo distraído. En Nuevo León acabamos de presenciar un hallazgo de esa talla: la Comisión Federal de Electricidad reconoció que en junio y julio hubo apagones muy delicados a causa del calor extremo derivado de la canícula. Es decir, se comprobó empíricamente que en el noreste de México, en pleno verano, hace calor. Que alguien avise a la comunidad internacional.
El mérito, en serio, no es menor. Durante dos meses la entidad se cocinó a fuego lento, con la luz yéndose en el momento exacto en que más se necesitaba el clima, y en algunas zonas hasta el suministro de agua se vio afectado, porque cuando no hay electricidad tampoco hay bombas trabajando. El regiomontano promedio vivió ese periodo como un reality show sin premio: ¿aguantará el ventilador otra tarde?
La buena noticia, y hay que decirlo sin ironía, es que ahora sí llega la caballería: el gobierno estatal y la CFE proyectan una inversión conjunta de diez mil millones de pesos para reforzar la infraestructura eléctrica. Diez mil millones son muchísimos abanicos. La duda existencial es de cronología: la inversión que evita el apagón se anuncia justo después del apagón, como quien compra el paraguas cuando ya escampó y lo presume como pronóstico del tiempo.
Uno entiende la lógica presupuestal: es más fácil convencer de gastar cuando la gente todavía tiene fresco el recuerdo del sudor. El problema es que la infraestructura eléctrica no se construye con conferencia de prensa; se construye con meses de obra, subestaciones y transformadores que no aparecen por decreto. Así que la pregunta honesta para los diez mil millones es sencilla: ¿estará todo listo antes del próximo verano, o volveremos a descubrir, con asombro renovado, que en Nuevo León hace calor?
Mientras tanto, conviene tener velas a la mano y el celular cargado. No por desconfianza: por método científico. Uno nunca sabe cuándo el clima decidirá aportar nuevos datos a la investigación.
El mérito, en serio, no es menor. Durante dos meses la entidad se cocinó a fuego lento, con la luz yéndose en el momento exacto en que más se necesitaba el clima, y en algunas zonas hasta el suministro de agua se vio afectado, porque cuando no hay electricidad tampoco hay bombas trabajando. El regiomontano promedio vivió ese periodo como un reality show sin premio: ¿aguantará el ventilador otra tarde?
La buena noticia, y hay que decirlo sin ironía, es que ahora sí llega la caballería: el gobierno estatal y la CFE proyectan una inversión conjunta de diez mil millones de pesos para reforzar la infraestructura eléctrica. Diez mil millones son muchísimos abanicos. La duda existencial es de cronología: la inversión que evita el apagón se anuncia justo después del apagón, como quien compra el paraguas cuando ya escampó y lo presume como pronóstico del tiempo.
Uno entiende la lógica presupuestal: es más fácil convencer de gastar cuando la gente todavía tiene fresco el recuerdo del sudor. El problema es que la infraestructura eléctrica no se construye con conferencia de prensa; se construye con meses de obra, subestaciones y transformadores que no aparecen por decreto. Así que la pregunta honesta para los diez mil millones es sencilla: ¿estará todo listo antes del próximo verano, o volveremos a descubrir, con asombro renovado, que en Nuevo León hace calor?
Mientras tanto, conviene tener velas a la mano y el celular cargado. No por desconfianza: por método científico. Uno nunca sabe cuándo el clima decidirá aportar nuevos datos a la investigación.