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El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 9 de octubre, 2026
Nuevo León • Nota • 19 de agosto de 2026

‘Control absoluto’: el eslogan penitenciario que solo puede decir quien tiene el control

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‘Control absoluto’: el eslogan penitenciario que solo puede decir quien tiene el control
Existen frases que se anuncian con orgullo y frases que se dan por sentadas. Nadie presume en voz alta que tiene el control absoluto de su refrigerador, de su cochera o de su gato; se asume. Por eso, cuando el gobernador presentó el Nuevo Sistema Penitenciario del Estado y remató asegurando que el estado tiene ‘el control absoluto’ sobre los centros, medio Nuevo León arqueó la ceja al mismo tiempo. El adjetivo ‘absoluto’ es como el volumen al máximo: solo lo subes tanto cuando temes que no se escuche.

El paquete, hay que reconocerlo, viene bien empaquetado. Se presentó bajo la bandera de la prevención del delito y de la violencia, con la promesa de garantías para todos los reclusos, que además contarían con un empleo remunerado cuyo salario se deposita a sus familias. En el papel suena a modelo escandinavo con acento norteño: rehabilitación, trabajo digno y un depósito quincenal que llega a casa. Si funciona como se anuncia, sería una excelente noticia, y lo decimos sin sarcasmo, que también sabemos apagar el filo cuando la idea vale la pena.

El asunto es que en materia penitenciaria las buenas intenciones se miden en años, no en presentaciones. ‘Control absoluto’ es una calificación que uno no se pone solo: se la ponen los hechos, con el tiempo, y de preferencia en silencio. Es un poco como el restaurante que cuelga un letrero enorme que dice ‘el más limpio de la ciudad’: uno agradece la limpieza, pero preferiría deducirla del piso, no del anuncio.

Hay, además, una ironía fina en la coreografía. Presentamos con bombo la parte que suena a foto —el empleo, el salario a las familias, el control— y dejamos para después la parte que se comprueba caminando por dentro. Los sistemas penitenciarios del país han enseñado, a fuerza de sustos, que la diferencia entre un modelo y un problema es un turno de madrugada.

Ojalá este funcione. Ojalá el empleo sea real, el depósito llegue completo y el control sea tan absoluto como el micrófono lo prometió. Solo pedimos una cosa modesta: que dentro de un año no haya que volver a presentarlo. Los buenos sistemas no se reinauguran; simplemente siguen ahí, aburridos, funcionando, sin necesidad de adjetivos que griten.