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El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 9 de octubre, 2026
Nuevo León • Nota • 19 de agosto de 2026

El inventario de emisiones cumple cinco meses estirando las famosas ‘dos semanas’

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El inventario de emisiones cumple cinco meses estirando las famosas ‘dos semanas’
El 25 de marzo, durante la Asamblea Anual de Caintra, se hizo una promesa que sonó a alivio: el inventario de emisiones contaminantes de la zona metropolitana de Monterrey estaría listo ‘en dos semanas’, previa reunión con especialistas de la UNAM. Hoy, casi cinco meses después, el documento sigue sin presentarse públicamente. Dos semanas se convirtieron en un semestre, y el semestre en una de esas leyendas urbanas que uno cuenta para que los niños respiren con más cuidado.

Conviene hacer la conversión oficial, porque las ‘dos semanas’ de la administración pública son una unidad de tiempo tan flexible que debería tener su propio museo. Equivalen, dependiendo del clima político, a un mes, a un trimestre o a nunca. Es el pariente lejano del ‘ahorita’ mexicano, ese que puede significar en cinco minutos o en la próxima reencarnación. La ciudadanía de Monterrey ya aprendió a interpretarlas: cuando le dicen ‘dos semanas’, saca el calendario del año siguiente.

Mientras el inventario juega a las escondidas, la vida sigue exactamente igual. Los regiomontanos respiran el mismo aire cargado de siempre, ese que en invierno se ve a simple vista y en verano se siente en la garganta, con la única diferencia de que ahora lo hacen con la fe puesta en un estudio que existe en el limbo entre el anuncio y el archivo. Saber qué contamina el aire que respiramos sería el primer paso para hacer algo al respecto; por eso mismo el inventario importa, y por eso mismo su ausencia pesa. No es un trámite: es el diagnóstico antes de la receta.

Lo verdaderamente irónico es la contradicción de fondo. Se convoca a las cámaras, se reúne a los especialistas, se anuncia con solemnidad el compromiso ambiental, y luego el compromiso más concreto —un papel con datos— se queda en formulación indefinida. Es cuidar el planeta a nivel discurso y dejar la evidencia en ‘pendiente’. El medio ambiente aplaude las intenciones, pero respira con los números, y esos siguen sin llegar.

Que conste que aquí nadie exige lo imposible. Un inventario de emisiones es un trabajo técnico serio y toma tiempo; nadie pide magia. Lo único que pedimos es que las ‘dos semanas’ se cotizaran en pesos y no en promesas, porque a este ritmo de inflación temporal, para cuando salga el estudio, la metrópoli ya habrá inhalado su propia enciclopedia. Dos semanas, dijeron. Y seguimos, literalmente, esperando aire.