El 'Tío Lako' vuelve a escapar: el señor que juega a las escondidas mejor que el GPS federal
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Que quede claro para la historia: cuando el Estado mexicano diseña un operativo con Guardia Nacional y Ejército para capturar a un objetivo prioritario, el objetivo prioritario suele ser lo único que no aparece. Le pasó otra vez a Heraclio Guerrero Martínez, el 'Tío Lako', jefe regional del cártel en la frontera Michoacán–Jalisco, que evadió el cerco por segunda ocasión, replicando su escape de noviembre de 2023 con la puntualidad de una cita médica.
El operativo no se fue con las manos vacías: cayeron nueve personas, entre ellas su hija de 18 años y su pareja. La joven ya tenía currículum viral: sus quince años de 2023 incluyeron drones, escoltas fuertemente armados con insignias del grupo, música en vivo y una camioneta valuada en cuatro millones de pesos. Una producción que muchos gobiernos municipales quisieran para su informe anual. La fiesta se hizo célebre; el festejado principal, en cambio, sigue prefiriendo el bajo perfil, salvo cuando toca huir.
Y como en México nada es gratis, la factura la pagaron terceros. Los narcobloqueos incendiaron vehículos en carreteras clave y paralizaron la movilidad en al menos diez municipios. Entre las víctimas colaterales: una pyme jalisciense, 'Office School', que perdió un cargamento de medio millón de pesos con mobiliario destinado a una guardería y kínder de bajos recursos en Tancítaro. Sí: quemaron los pupitres de niños que no tienen la culpa de nada. El costo de que un señor se escape lo terminó pagando un salón de clases que ni siquiera existe todavía.
Aquí no hay chiste que alcance para lo último. Se puede uno reír de la ineficacia del cerco, de que el 'objetivo prioritario' sea el más escurridizo del organigrama, de la ironía de una fiesta de quince con más logística que muchos ayuntamientos. Pero cuando el saldo incluye pizarrones convertidos en cenizas, la sátira baja la voz.
Quede el registro amargo: en la frontera Jalisco–Michoacán, el crimen organiza mejor sus fiestas que sus fugas, el Estado organiza mejor sus operativos que sus capturas, y en medio quedan los de siempre, que esta vez ni pupitre tuvieron.
El operativo no se fue con las manos vacías: cayeron nueve personas, entre ellas su hija de 18 años y su pareja. La joven ya tenía currículum viral: sus quince años de 2023 incluyeron drones, escoltas fuertemente armados con insignias del grupo, música en vivo y una camioneta valuada en cuatro millones de pesos. Una producción que muchos gobiernos municipales quisieran para su informe anual. La fiesta se hizo célebre; el festejado principal, en cambio, sigue prefiriendo el bajo perfil, salvo cuando toca huir.
Y como en México nada es gratis, la factura la pagaron terceros. Los narcobloqueos incendiaron vehículos en carreteras clave y paralizaron la movilidad en al menos diez municipios. Entre las víctimas colaterales: una pyme jalisciense, 'Office School', que perdió un cargamento de medio millón de pesos con mobiliario destinado a una guardería y kínder de bajos recursos en Tancítaro. Sí: quemaron los pupitres de niños que no tienen la culpa de nada. El costo de que un señor se escape lo terminó pagando un salón de clases que ni siquiera existe todavía.
Aquí no hay chiste que alcance para lo último. Se puede uno reír de la ineficacia del cerco, de que el 'objetivo prioritario' sea el más escurridizo del organigrama, de la ironía de una fiesta de quince con más logística que muchos ayuntamientos. Pero cuando el saldo incluye pizarrones convertidos en cenizas, la sátira baja la voz.
Quede el registro amargo: en la frontera Jalisco–Michoacán, el crimen organiza mejor sus fiestas que sus fugas, el Estado organiza mejor sus operativos que sus capturas, y en medio quedan los de siempre, que esta vez ni pupitre tuvieron.