El día que Michoacán cerró por inventario
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Hay estados que se paralizan por una nevada, por un desfile o por un partido de la selección. Michoacán tiene su propio botón de pausa, y esta semana alguien lo presionó completito.
Bastó la detención de nueve personas presuntamente ligadas al CJNG —entre ellas, según las notas, la hija y la pareja de un individuo apodado el "Tío Lako"— para que el estado amaneciera con al menos veinticuatro puntos de bloqueo y una colección de vehículos ardiendo en el occidente. El operativo terminó y empezó el otro operativo: el de la vida cotidiana intentando esquivar las fogatas.
El saldo humano no es para reírse y no vamos a fingir que lo es: en la caseta de Panindícuaro un hombre que viajaba de Guadalajara rumbo a Morelia fue asesinado durante un intento de asalto en medio de las detonaciones. Ahí la sátira se calla y se quita el sombrero. Lo que sí merece toda la ironía del mundo es la coreografía institucional que rodea la tragedia.
Porque mientras esto pasaba, la comunicación oficial encontró la frase perfecta, la que resume nuestra época: "autoridades llaman a mantener la calma". Sublime. Es el equivalente a que se incendie la cocina y que alguien sugiera, muy sereno, que respiremos por la nariz. La calma, en Michoacán, es una política de seguridad de tiempo completo.
Los efectos colaterales fueron de manual. Las terminales de autobuses de Morelia y Zamora suspendieron corridas: Primera Plus, Flecha Amarilla, Autobuses de Occidente, todas de vacaciones forzadas. Rutas a Guadalajara, Zacapu, Quiroga, canceladas. El que quería viajar descubrió que el destino más accesible del día era su propia sala. La policía municipal, eso sí, presumió haber desactivado intentos de bloqueo rumbo a Quiroga y en Sanabria, lo cual está muy bien, aunque uno sospecha que "desactivar un bloqueo" en este contexto es como "desactivar" una gotera con una cubeta.
Para la tarde llegó el capítulo reconfortante: tramos liberados, vehículos retirados, circulación restablecida "con el apoyo de las corporaciones y elementos de los tres poderes de gobierno". Conmovedor. Se necesitó una jornada de fuego para lograr la coordinación interinstitucional que en temas como escuelas, salud o baches nunca acaba de cuajar. Resulta que sí se puede trabajar en equipo; solo hace falta que primero arda todo.
Y así cerró el día Michoacán: carreteras humeantes, viajeros varados, un muerto que no debió morir y un comunicado pidiendo calma. Mañana, con suerte, las carreteras volverán a estar "libres", palabra que aquí ya aprendimos a leer con asterisco. Libres hasta la próxima detención. Libres hasta el próximo botón de pausa. Maneje con precaución, paisano, y rece por que le toque el turno de las buenas noticias.
Bastó la detención de nueve personas presuntamente ligadas al CJNG —entre ellas, según las notas, la hija y la pareja de un individuo apodado el "Tío Lako"— para que el estado amaneciera con al menos veinticuatro puntos de bloqueo y una colección de vehículos ardiendo en el occidente. El operativo terminó y empezó el otro operativo: el de la vida cotidiana intentando esquivar las fogatas.
El saldo humano no es para reírse y no vamos a fingir que lo es: en la caseta de Panindícuaro un hombre que viajaba de Guadalajara rumbo a Morelia fue asesinado durante un intento de asalto en medio de las detonaciones. Ahí la sátira se calla y se quita el sombrero. Lo que sí merece toda la ironía del mundo es la coreografía institucional que rodea la tragedia.
Porque mientras esto pasaba, la comunicación oficial encontró la frase perfecta, la que resume nuestra época: "autoridades llaman a mantener la calma". Sublime. Es el equivalente a que se incendie la cocina y que alguien sugiera, muy sereno, que respiremos por la nariz. La calma, en Michoacán, es una política de seguridad de tiempo completo.
Los efectos colaterales fueron de manual. Las terminales de autobuses de Morelia y Zamora suspendieron corridas: Primera Plus, Flecha Amarilla, Autobuses de Occidente, todas de vacaciones forzadas. Rutas a Guadalajara, Zacapu, Quiroga, canceladas. El que quería viajar descubrió que el destino más accesible del día era su propia sala. La policía municipal, eso sí, presumió haber desactivado intentos de bloqueo rumbo a Quiroga y en Sanabria, lo cual está muy bien, aunque uno sospecha que "desactivar un bloqueo" en este contexto es como "desactivar" una gotera con una cubeta.
Para la tarde llegó el capítulo reconfortante: tramos liberados, vehículos retirados, circulación restablecida "con el apoyo de las corporaciones y elementos de los tres poderes de gobierno". Conmovedor. Se necesitó una jornada de fuego para lograr la coordinación interinstitucional que en temas como escuelas, salud o baches nunca acaba de cuajar. Resulta que sí se puede trabajar en equipo; solo hace falta que primero arda todo.
Y así cerró el día Michoacán: carreteras humeantes, viajeros varados, un muerto que no debió morir y un comunicado pidiendo calma. Mañana, con suerte, las carreteras volverán a estar "libres", palabra que aquí ya aprendimos a leer con asterisco. Libres hasta la próxima detención. Libres hasta el próximo botón de pausa. Maneje con precaución, paisano, y rece por que le toque el turno de las buenas noticias.