En la Michoacana se investiga de todo, hasta quién apuñala a quién
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La Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo vive uno de esos periodos en los que la vida académica queda en segundo plano frente al deporte institucional favorito de cualquier casa de estudios: la grilla.
La rectora salió a advertir que detrás del intento de llevarla a juicio político hay misoginia y odio de género, justo a unas horas de que en el Congreso se presentara la solicitud para destituirla. Y, para darle sabor al asunto, deslizó que existen traiciones de personas que antes le fueron cercanas. Es decir: en la máxima casa de estudios se cursa la licenciatura, la maestría y el posgrado en el noble arte de la puñalada por la espalda, materia que, a juzgar por los resultados, nadie reprueba.
La defensa de la rectora fue firme: permanecerá al frente y dará la lucha. Aquí nadie renuncia; aquí se resiste como si el rectorado fuera una trinchera con vista al Congreso. Y no está sola en el drama: por otro lado, le pusieron un reloj de 24 horas para restituir a un director de la Facultad de Derecho, bajo amenaza de denuncia ante el Ministerio Público federal. Nada como que la Facultad de Derecho sea, precisamente, el epicentro de un conflicto legal. Poesía institucional.
En paralelo, la universidad se apresuró a informar que cumplió puntualmente con los lineamientos en el manejo de recursos para estímulos docentes. Traducción libre: 'sí pagamos, no nos vayan a sumar eso a la lista'. Porque cuando hay convocatoria para juicio político flotando en el ambiente, conviene tener los recibos a la mano y bien ordenaditos.
Y lo verdaderamente cruel del contraste es que, mientras arriba se libra la guerra de tronos, abajo 480 estudiantes presentaban orgullosos los resultados del Verano Nicolaita de la Investigación. La rectora incluso los felicitó por 'marcar la diferencia'. Y vaya que la marcan: son la prueba viviente de que la universidad todavía sirve para algo más que para llenar el orden del día del Congreso local. Esos muchachos investigan biología, química, ingeniería; sus autoridades investigan de dónde vino la traición.
Uno quisiera pedirle a la comunidad nicolaita una sola cosa: que la energía que hoy se gasta en ver quién destituye a quién se destinara, aunque fuera un semestre, a que la institución funcione sin escándalo de por medio. Pero pedir eso en la Michoacana es como pedir estacionamiento en Ciudad Universitaria un lunes a las nueve: teóricamente posible, históricamente imposible.
Mientras tanto, la telenovela sigue al aire. Capítulo de mañana: la solicitud en el Congreso, las 24 horas corriendo y una rectora jurando que de ahí no la mueven. Palomitas, pues. Y suerte a los 480 becarios, que son los únicos que en esta historia de verdad están estudiando.
La rectora salió a advertir que detrás del intento de llevarla a juicio político hay misoginia y odio de género, justo a unas horas de que en el Congreso se presentara la solicitud para destituirla. Y, para darle sabor al asunto, deslizó que existen traiciones de personas que antes le fueron cercanas. Es decir: en la máxima casa de estudios se cursa la licenciatura, la maestría y el posgrado en el noble arte de la puñalada por la espalda, materia que, a juzgar por los resultados, nadie reprueba.
La defensa de la rectora fue firme: permanecerá al frente y dará la lucha. Aquí nadie renuncia; aquí se resiste como si el rectorado fuera una trinchera con vista al Congreso. Y no está sola en el drama: por otro lado, le pusieron un reloj de 24 horas para restituir a un director de la Facultad de Derecho, bajo amenaza de denuncia ante el Ministerio Público federal. Nada como que la Facultad de Derecho sea, precisamente, el epicentro de un conflicto legal. Poesía institucional.
En paralelo, la universidad se apresuró a informar que cumplió puntualmente con los lineamientos en el manejo de recursos para estímulos docentes. Traducción libre: 'sí pagamos, no nos vayan a sumar eso a la lista'. Porque cuando hay convocatoria para juicio político flotando en el ambiente, conviene tener los recibos a la mano y bien ordenaditos.
Y lo verdaderamente cruel del contraste es que, mientras arriba se libra la guerra de tronos, abajo 480 estudiantes presentaban orgullosos los resultados del Verano Nicolaita de la Investigación. La rectora incluso los felicitó por 'marcar la diferencia'. Y vaya que la marcan: son la prueba viviente de que la universidad todavía sirve para algo más que para llenar el orden del día del Congreso local. Esos muchachos investigan biología, química, ingeniería; sus autoridades investigan de dónde vino la traición.
Uno quisiera pedirle a la comunidad nicolaita una sola cosa: que la energía que hoy se gasta en ver quién destituye a quién se destinara, aunque fuera un semestre, a que la institución funcione sin escándalo de por medio. Pero pedir eso en la Michoacana es como pedir estacionamiento en Ciudad Universitaria un lunes a las nueve: teóricamente posible, históricamente imposible.
Mientras tanto, la telenovela sigue al aire. Capítulo de mañana: la solicitud en el Congreso, las 24 horas corriendo y una rectora jurando que de ahí no la mueven. Palomitas, pues. Y suerte a los 480 becarios, que son los únicos que en esta historia de verdad están estudiando.