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El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 9 de octubre, 2026
Ciudad de México • Nota • 20 de agosto de 2026

Un millón de árboles para tapar… todo, menos los baches

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Un millón de árboles para tapar… todo, menos los baches
El Gobierno de la Ciudad de México inauguró su gran cruzada verde: 200 mil árboles al año, un millón durante la administración, plantados con ceremonia en un camellón de Iztacalco y con la mira puesta en la aspiracional regla 3-30-300, esa que promete sombra, áreas verdes y bienestar sobre todo en las alcaldías del oriente, donde la falta de verde coincide con las islas de calor. El primer ejemplar fue sembrado con aplausos, fotos y esa solemnidad que en esta ciudad se le dedica por igual a un árbol y a una glorieta.

La causa es noble, que quede claro: reforestar el oriente olvidado es de las pocas promesas que uno querría ver cumplida al pie de la letra. El problema es la coreografía. Porque la misma capital que planea un millón de árboles arriba sigue sin ganarle la guerra a los cráteres de abajo. El bache es la verdadera especie endémica de la Ciudad de México: no requiere riego, se reproduce solo con cada lluvia y sobrevive a todas las administraciones sin que nadie lo pode. Ayer, sin ir más lejos, el aguacero dejó a media urbe recordando que aquí el pavimento es una sugerencia.

Hasta los propios especialistas levantaron la mano con la letra chiquita del contrato: piden sembrar especies nativas, elegir bien los lugares según el tamaño del árbol y —atención— darles mantenimiento y monitoreo a largo plazo. Traducido del lenguaje técnico al chilango: no basta con la foto del día uno, hay que regar el día 200, el 400 y el que sigue. Y esa, históricamente, es la parte del guion donde a la ciudad se le acaba el presupuesto y la memoria.

Uno celebraría con toda el alma el millón de árboles si tuviera la certeza de que el árbol y la banqueta van a llegar juntos al final del sexenio. Pero la experiencia enseña que aquí se poda la cifra antes que el árbol. Ojalá esta vez sea distinto: que el oriente reciba su sombra, que las nativas prendan y que alguien, por favor, aproveche que ya andan con la pala afuera para rellenar de paso el hoyo de la esquina. Sería la reforestación más aplaudida de la historia: una con piso parejo.