El alemán, el freno de mano y la teoría del Walmart relativo
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Delicias sumó este fin de semana un episodio que merece archivarse junto a los grandes momentos de la cooperación internacional: un conductor de origen alemán protagonizó un percance en el estacionamiento del Walmart sobre las avenidas Tecnológico y Ferrocarril, cuando el Hyundai que manejaba terminó impactando las puertas de un Mazda al intentar una maniobra en reversa.
Según la propia versión del responsable, todo se debió a que el freno de mano presentó una falla mecánica y la unidad se desplazó sola. Hermosa explicación. La ingeniería alemana, esa que el mundo entero asocia con la precisión, la puntualidad y los autos que duran cien años, se topó de frente con su archienemigo natural: el estacionamiento del Walmart de Delicias un fin de semana de feria. No hay frenó de mano que aguante semejante prueba de carácter.
Uno imagina la escena con respeto casi antropológico. El visitante, acostumbrado quizá a autobahns donde se circula a 200 por hora con disciplina monacal, viene a descubrir que la verdadera frontera del caos no está en ninguna carretera, sino entre dos lugares de cajón cuando hay que meter reversa con un carrito de mandado cruzando por detrás. La física newtoniana se rinde, el freno de mano abdica y el Mazda paga los platos rotos.
Lo tranquilizador es que el saldo fue únicamente de daños materiales, que es como deben terminar todas las grandes anécdotas de estacionamiento. Quede aquí, sin embargo, una moraleja para el turismo: a Chihuahua se puede venir a admirar la Sierra, el desierto y las cataratas de Basaseachi, pero el verdadero examen de manejo no lo aplica ninguna autoridad vial. Lo aplica, en silencio y sin clemencia, el área de autoservicio del súper. Bienvenido, paisano teutón. Acá el freno de mano es opcional; la paciencia, obligatoria.
Según la propia versión del responsable, todo se debió a que el freno de mano presentó una falla mecánica y la unidad se desplazó sola. Hermosa explicación. La ingeniería alemana, esa que el mundo entero asocia con la precisión, la puntualidad y los autos que duran cien años, se topó de frente con su archienemigo natural: el estacionamiento del Walmart de Delicias un fin de semana de feria. No hay frenó de mano que aguante semejante prueba de carácter.
Uno imagina la escena con respeto casi antropológico. El visitante, acostumbrado quizá a autobahns donde se circula a 200 por hora con disciplina monacal, viene a descubrir que la verdadera frontera del caos no está en ninguna carretera, sino entre dos lugares de cajón cuando hay que meter reversa con un carrito de mandado cruzando por detrás. La física newtoniana se rinde, el freno de mano abdica y el Mazda paga los platos rotos.
Lo tranquilizador es que el saldo fue únicamente de daños materiales, que es como deben terminar todas las grandes anécdotas de estacionamiento. Quede aquí, sin embargo, una moraleja para el turismo: a Chihuahua se puede venir a admirar la Sierra, el desierto y las cataratas de Basaseachi, pero el verdadero examen de manejo no lo aplica ninguna autoridad vial. Lo aplica, en silencio y sin clemencia, el área de autoservicio del súper. Bienvenido, paisano teutón. Acá el freno de mano es opcional; la paciencia, obligatoria.