El zoológico de León no tiene pocos visitantes: tiene mala prensa, según la alcaldía
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En León ocurrió un fenómeno digno de estudio: un zoológico con baja afluencia de visitantes que, según la explicación oficial, no está vacío por lo que uno pensaría —precio, calor, competencia con el celular— sino por una 'campaña negativa' en su contra. La presidenta municipal defendió el programa 'Pásale Gratis', que le costó al erario un subsidio de 10.5 millones de pesos, atribuyendo la escasez de público a que alguien, en algún lugar, anda hablando mal del parque.
Detengámonos aquí, porque la teoría es fascinante. El programa se llama 'Pásale Gratis'. Es decir: la entrada no cuesta. Y aun así, con la palabra 'gratis' en el nombre, la gente no acude en las cantidades esperadas. La explicación municipal no es 'quizá debamos revisar qué ofrecemos', sino 'nos están difamando'. Es la coartada perfecta, la que no requiere espejo: la culpa no es del guión, es del público que fue mal aconsejado por fuerzas oscuras enemigas de la fauna.
Uno imagina a esas fuerzas oscuras reunidas en un sótano, planeando su ofensiva anti-zoológico: 'Compañeros, el plan es simple: le diremos a la gente que no vaya a ver animales gratis'. Un plan maquiavélico, sin duda, porque está funcionando contra un lugar donde no cobran la entrada.
Lo cierto es que 10.5 millones de pesos de subsidio son muchos changos, muchos costales de alimento, muchas horas de mantenimiento que salen de la bolsa de todos los leoneses. Y cuando una inversión pública de ese tamaño no llena las jaulas de visitantes, la respuesta ciudadana razonable sería una auditoría de expectativas, no una teoría de conspiración mediática. Pero admitir que quizá el modelo necesita ajustes es incómodo; es mucho más cómodo señalar a un villano invisible que 'satura las redes' con negatividad.
Mientras la alcaldía y sus críticos discuten de quién es la culpa, los verdaderos afectados —los animales— siguen su rutina impasible: comen, duermen, ignoran soberanamente el debate presupuestal que se libra sobre sus cabezas. El león, ese sí, es un maestro de la indiferencia institucional. No responde acusaciones, no da ruedas de prensa, no defiende subsidios. Solo bosteza. Y en ese bostezo hay más honestidad que en cualquier boletín. Ojalá cundiera el ejemplo: menos campaña, más entender por qué, aun regalando la entrada, la gente prefiere quedarse en casa.
Detengámonos aquí, porque la teoría es fascinante. El programa se llama 'Pásale Gratis'. Es decir: la entrada no cuesta. Y aun así, con la palabra 'gratis' en el nombre, la gente no acude en las cantidades esperadas. La explicación municipal no es 'quizá debamos revisar qué ofrecemos', sino 'nos están difamando'. Es la coartada perfecta, la que no requiere espejo: la culpa no es del guión, es del público que fue mal aconsejado por fuerzas oscuras enemigas de la fauna.
Uno imagina a esas fuerzas oscuras reunidas en un sótano, planeando su ofensiva anti-zoológico: 'Compañeros, el plan es simple: le diremos a la gente que no vaya a ver animales gratis'. Un plan maquiavélico, sin duda, porque está funcionando contra un lugar donde no cobran la entrada.
Lo cierto es que 10.5 millones de pesos de subsidio son muchos changos, muchos costales de alimento, muchas horas de mantenimiento que salen de la bolsa de todos los leoneses. Y cuando una inversión pública de ese tamaño no llena las jaulas de visitantes, la respuesta ciudadana razonable sería una auditoría de expectativas, no una teoría de conspiración mediática. Pero admitir que quizá el modelo necesita ajustes es incómodo; es mucho más cómodo señalar a un villano invisible que 'satura las redes' con negatividad.
Mientras la alcaldía y sus críticos discuten de quién es la culpa, los verdaderos afectados —los animales— siguen su rutina impasible: comen, duermen, ignoran soberanamente el debate presupuestal que se libra sobre sus cabezas. El león, ese sí, es un maestro de la indiferencia institucional. No responde acusaciones, no da ruedas de prensa, no defiende subsidios. Solo bosteza. Y en ese bostezo hay más honestidad que en cualquier boletín. Ojalá cundiera el ejemplo: menos campaña, más entender por qué, aun regalando la entrada, la gente prefiere quedarse en casa.