Morelia estrena transporte del futuro: viene sin árboles, pero con ardillas de cortesía
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En Morelia amaneció el progreso y, como todo progreso que se respeta en esta capital, llegó con motosierra bajo el brazo. El Morebús —ese transporte que nos promete el mañana— decidió que el mañana no cabía si de por medio había 613 árboles de más de medio siglo. Detalle menor. El Ayuntamiento salió a aclarar que tiene todititos los permisos ambientales; permisos que, en un giro de guion digno de telenovela de las siete, le otorgó el propio Ayuntamiento. O sea: pidió permiso, se lo concedió, se dio las gracias y firmó de conformidad. Un trámite tan ágil que ni el solicitante se enteró de que también era la autoridad.
Para que nadie dude del compromiso verde, el gobierno estatal desembolsó 1.3 millones de pesos y prometió 12 mil arbolitos nuevos. La aritmética emocional es imbatible: se derriban ejemplares de cinco décadas y, a cambio, se entregan plantitas que darán sombra completa allá por 2075, cuando el Morebús ya sea pieza de museo junto a la vieja combi de Pátzcuaro. Pero tranquilos: los árboles nuevos son más jóvenes, más fotogénicos y, sobre todo, no le estorban al camión.
El presidente municipal, con la mano en el pecho, confesó que “le duele en el alma”. Y le creemos. Duele en el alma como duele pagar la tenencia: hondo, pero se paga. Prometió más de 10 mil árboles nuevos, cifra que subía conforme avanzaba la conferencia, como precio de aguacate en vísperas del Super Bowl. Del otro lado, los ambientalistas hablan de “ecocidio”, juntan firmas en una petición de internet y recuerdan que talar no es modernidad. Morena, fiel a su costumbre, detectó “trasfondo político” en la indignación: aquí nadie se conmueve por un árbol, se conmueve por la boleta de 2027.
Mientras los adultos discutían impacto ambiental, apareció la verdadera estrella mediática: tres ardillas recién nacidas, con los ojitos cerrados, rescatadas de entre las ramas taladas por personal del Zoológico. El operativo de relaciones públicas más tierno del año. Nada dice “amamos la naturaleza” como salvar tres roedores del mismísimo árbol que uno acaba de tumbar. Es el equivalente ecológico a prenderle fuego a la casa para luego sacar heroicamente al gato ante las cámaras.
Pero no todo fue arbolado. La Policía Morelia presumió que ya lleva más de 600 motocicletas aseguradas bajo el nuevo Reglamento de Tránsito, y que además invitará a activistas a los operativos como observadores. La motocicleta, ese vehículo que en Morelia circula como si el reglamento fuera una sugerencia poética, por fin encontró la horma de su casco. Eso sí: bajo la Justicia Cívica, algunos infractores recuperan su moto sin pagar multa siempre que se regularicen. Traducción: te la quito, te la explico y te la devuelvo, en una relación tóxica con final feliz.
En el ramo de importaciones, la Aduana de Lázaro Cárdenas descubrió 52 millones y medio de cigarros presuntamente apócrifos llegados desde Vietnam. Cincuenta y dos millones. Alguien, en algún puerto, calculó que a Michoacán —tierra de aguacate, cantera rosa y bloqueos carreteros— le hacía falta también tabaco pirata transpacífico. La globalización llegó al puerto, pero se equivocó de fila.
Y en el terreno donde crecen las verdaderas plantas perennes —la política—, Raúl Morón amagó con una auditoría forense contra Alfonso Martínez… pero hasta después de 2027. Una amenaza a plazos, como los muebles de la esquina: llévesela hoy, pague el coraje en dos años. Casualmente, Martínez comentó que su segundo informe “podría ser el último”, sin aclarar el porqué. El suspenso michoacano en su máxima expresión: nos dejó el cliffhanger sin capítulo siguiente.
Cerramos con salud pública, porque hasta para eso somos aguantadores: los especialistas advierten que 7 de cada 10 pacientes llegan al médico ya automedicados. Un dato que en Michoacán se lee distinto: aquí no nos automedicamos por necios, sino porque la cita cae para el próximo trienio, justo cuando florezcan los 12 mil arbolitos del Morebús. Todo, curiosamente, tiene la misma fecha de entrega: el futuro.
Para que nadie dude del compromiso verde, el gobierno estatal desembolsó 1.3 millones de pesos y prometió 12 mil arbolitos nuevos. La aritmética emocional es imbatible: se derriban ejemplares de cinco décadas y, a cambio, se entregan plantitas que darán sombra completa allá por 2075, cuando el Morebús ya sea pieza de museo junto a la vieja combi de Pátzcuaro. Pero tranquilos: los árboles nuevos son más jóvenes, más fotogénicos y, sobre todo, no le estorban al camión.
El presidente municipal, con la mano en el pecho, confesó que “le duele en el alma”. Y le creemos. Duele en el alma como duele pagar la tenencia: hondo, pero se paga. Prometió más de 10 mil árboles nuevos, cifra que subía conforme avanzaba la conferencia, como precio de aguacate en vísperas del Super Bowl. Del otro lado, los ambientalistas hablan de “ecocidio”, juntan firmas en una petición de internet y recuerdan que talar no es modernidad. Morena, fiel a su costumbre, detectó “trasfondo político” en la indignación: aquí nadie se conmueve por un árbol, se conmueve por la boleta de 2027.
Mientras los adultos discutían impacto ambiental, apareció la verdadera estrella mediática: tres ardillas recién nacidas, con los ojitos cerrados, rescatadas de entre las ramas taladas por personal del Zoológico. El operativo de relaciones públicas más tierno del año. Nada dice “amamos la naturaleza” como salvar tres roedores del mismísimo árbol que uno acaba de tumbar. Es el equivalente ecológico a prenderle fuego a la casa para luego sacar heroicamente al gato ante las cámaras.
Pero no todo fue arbolado. La Policía Morelia presumió que ya lleva más de 600 motocicletas aseguradas bajo el nuevo Reglamento de Tránsito, y que además invitará a activistas a los operativos como observadores. La motocicleta, ese vehículo que en Morelia circula como si el reglamento fuera una sugerencia poética, por fin encontró la horma de su casco. Eso sí: bajo la Justicia Cívica, algunos infractores recuperan su moto sin pagar multa siempre que se regularicen. Traducción: te la quito, te la explico y te la devuelvo, en una relación tóxica con final feliz.
En el ramo de importaciones, la Aduana de Lázaro Cárdenas descubrió 52 millones y medio de cigarros presuntamente apócrifos llegados desde Vietnam. Cincuenta y dos millones. Alguien, en algún puerto, calculó que a Michoacán —tierra de aguacate, cantera rosa y bloqueos carreteros— le hacía falta también tabaco pirata transpacífico. La globalización llegó al puerto, pero se equivocó de fila.
Y en el terreno donde crecen las verdaderas plantas perennes —la política—, Raúl Morón amagó con una auditoría forense contra Alfonso Martínez… pero hasta después de 2027. Una amenaza a plazos, como los muebles de la esquina: llévesela hoy, pague el coraje en dos años. Casualmente, Martínez comentó que su segundo informe “podría ser el último”, sin aclarar el porqué. El suspenso michoacano en su máxima expresión: nos dejó el cliffhanger sin capítulo siguiente.
Cerramos con salud pública, porque hasta para eso somos aguantadores: los especialistas advierten que 7 de cada 10 pacientes llegan al médico ya automedicados. Un dato que en Michoacán se lee distinto: aquí no nos automedicamos por necios, sino porque la cita cae para el próximo trienio, justo cuando florezcan los 12 mil arbolitos del Morebús. Todo, curiosamente, tiene la misma fecha de entrega: el futuro.