El Morebús rescata tres ardillas del árbol que él mismo acababa de talar
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Hay gestos que quedan para la historia, y Morelia acaba de firmar uno. En plena tala de 613 árboles para dar paso al Morebús, tres ardillas recién nacidas —ojitos cerrados, rodeadas de hormigas— fueron rescatadas por personal del Zoológico de Morelia de entre las ramas que la propia obra dejó regadas en Tres Puentes. Una ciudadana lo grabó, la escena se volvió viral y el gobierno consiguió, sin querer, la campaña ambiental más conmovedora y más contradictoria del año.
Porque el rescate es real y es de aplaudirse: nadie quiere ardillitas huérfanas. El problema es el encuadre. Salvar a tres crías del árbol que uno acaba de derribar tiene la misma lógica narrativa que el bombero que primero prende el cerillo. La foto es tierna; la secuencia completa, un poco menos.
Mientras tanto, el presidente municipal aseguró que “le duele en el alma” el retiro de los ejemplares —varios de más de cinco décadas—, pero que se plantarán más de 10 mil nuevos. El gobierno estatal, por su parte, presumió permisos ambientales otorgados por… el mismo Ayuntamiento, y un pago de 1.3 millones de pesos para comprar 12 mil árboles. En el papel, Morelia terminará con más arbolado que nunca. En la banqueta, terminará con puros palitos amarrados a un tutor, esperando el año 2075 para volver a dar sombra.
Los colectivos ambientales no se tragaron el cuento: hablaron de “ecocidio”, exigieron ver la Manifestación de Impacto Ambiental y abrieron una petición en internet bajo la consigna de que talar no es modernidad. Del otro lado, Morena olfateó “trasfondo político”, ese padecimiento que en Michoacán se contagia cada vez que alguien protesta por algo que al gobierno le conviene defender.
Al final, las tres ardillas quedaron mejor cuidadas que las áreas verdes de la capital: tienen techo, atención especializada y un video que las inmortaliza. Ojalá los 12 mil árboles prometidos corran con la misma suerte y no terminen, como tantas promesas de reforestación, secándose en el olvido a la primera temporada de calor. Porque una cosa es rescatar ardillas, y otra muy distinta es dejarles un árbol donde vivir.
Porque el rescate es real y es de aplaudirse: nadie quiere ardillitas huérfanas. El problema es el encuadre. Salvar a tres crías del árbol que uno acaba de derribar tiene la misma lógica narrativa que el bombero que primero prende el cerillo. La foto es tierna; la secuencia completa, un poco menos.
Mientras tanto, el presidente municipal aseguró que “le duele en el alma” el retiro de los ejemplares —varios de más de cinco décadas—, pero que se plantarán más de 10 mil nuevos. El gobierno estatal, por su parte, presumió permisos ambientales otorgados por… el mismo Ayuntamiento, y un pago de 1.3 millones de pesos para comprar 12 mil árboles. En el papel, Morelia terminará con más arbolado que nunca. En la banqueta, terminará con puros palitos amarrados a un tutor, esperando el año 2075 para volver a dar sombra.
Los colectivos ambientales no se tragaron el cuento: hablaron de “ecocidio”, exigieron ver la Manifestación de Impacto Ambiental y abrieron una petición en internet bajo la consigna de que talar no es modernidad. Del otro lado, Morena olfateó “trasfondo político”, ese padecimiento que en Michoacán se contagia cada vez que alguien protesta por algo que al gobierno le conviene defender.
Al final, las tres ardillas quedaron mejor cuidadas que las áreas verdes de la capital: tienen techo, atención especializada y un video que las inmortaliza. Ojalá los 12 mil árboles prometidos corran con la misma suerte y no terminen, como tantas promesas de reforestación, secándose en el olvido a la primera temporada de calor. Porque una cosa es rescatar ardillas, y otra muy distinta es dejarles un árbol donde vivir.