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El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 9 de octubre, 2026
Michoacán • Nota • 21 de agosto de 2026

Llegan 52 millones de cigarros piratas desde Vietnam y se bajan en Lázaro Cárdenas

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Llegan 52 millones de cigarros piratas desde Vietnam y se bajan en Lázaro Cárdenas
Hay cifras que uno lee dos veces por si acaso sobró un cero. Esta vez no sobraba: la Aduana del puerto de Lázaro Cárdenas aseguró 52 millones 500 mil cigarros presuntamente apócrifos, procedentes de Vietnam, detectados durante una maniobra de transbordo. Cincuenta y dos millones y medio. Suficientes para que fumaran, uno tras otro, todos los habitantes de Michoacán y todavía sobrara cajetilla para la reunión de vecinos.

El cargamento venía disfrazado en una operación de transbordo, esa coreografía portuaria donde la mercancía cambia de barco fingiendo que solo está de paso. Las irregularidades encendieron las alertas —nunca mejor dicho tratándose de tabaco— y los agentes decidieron mirar con más calma lo que alguien quería que pasara sin que nadie mirara.

Uno tiene que reconocer la ambición logística del asunto. Alguien, sentado frente a un mapa, señaló el Pacífico mexicano y dijo: “ahí, en ese puerto michoacano por donde entra media Asia, metemos los cigarros chafas”. Un plan de negocios transpacífico digno de estudio, arruinado por el pequeño detalle de que las aduanas, de vez en cuando, sí revisan.

Lo cierto es que el hallazgo dibuja el mapa completo de las importaciones no deseadas que cruzan por Michoacán: aquí no solo se atora el tráiler de aguacate, también el contenedor de vicios de contrabando con acento vietnamita. El puerto de Lázaro Cárdenas, que presume ser de los más importantes del país, confirma que por su tamaño le llega de todo: lo bueno, lo malo y lo que trae la etiqueta falsificada.

Por ahora, los 52 millones de cigarros quedaron asegurados y el asunto pasó a manos de las autoridades correspondientes. Quién los mandó, quién los recibiría y a qué tienda de la esquina estaban destinados es harina de otro costal —o de otro contenedor—. Lo único seguro es que, por esta vez, el humo se quedó guardado en la aduana y no llegó a los pulmones. Un final saludable para una historia que empezó a doce mil kilómetros de distancia.