El milagro de los 49 pesos: la CFE inventa la tarifa de la esperanza
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Hay recibos de luz que iluminan más por lo que dicen que por lo que cobran. Esta semana circuló en redes, difundido por un empresario, un recibo de la CFE a nombre de «Nahle García Norma R.» por un domicilio en Villahermosa, Tabasco. El monto: 49 pesos con un centavo. El consumo: mil 703 kilowatts-hora en el bimestre. Traducción para el ciudadano de a pie: gastó como cuadra entera y pagó como foco de clóset.
Aclaremos, con la seriedad que exige la casa: no está confirmado que el recibo sea de la gobernadora de Veracruz; el documento trae los apellidos, una tarifa 1F y la palabra mágica «NETMET». Pero permítasenos admirar el prodigio en abstracto. Mil 703 kWh son muchos ventiladores, muchas horas de aire acondicionado tabasqueño, mucha vida climatizada. Y la factura, apenas 49 pesos. Si eso no es transformación, no sabemos qué lo sea.
Mientras tanto, en la casa del mexicano promedio, prender el segundo foco de la sala se siente como negociar con un secuestrador. Cada bimestre abrimos el recibo con el mismo temblor con que se abre un resultado de laboratorio. Y cuando llega alto —siempre llega alto— nos dicen que revisemos nuestros «hábitos de consumo», como si desconectar el microondas fuera a acercarnos, algún día, a esos gloriosos 49 pesos.
Lo bello del asunto es la palabra que lo explica todo: NETMET. Suena a superhéroe, suena a app, suena a algo que uno debería tener y no tiene. Es el nuevo conjuro de la austeridad selectiva: unos pagan tarifa de rey con recibo de mendigo, y a los demás nos toca la versión inversa. Democratización de la energía, sí, pero por goteo.
Que quede claro: si el recibo es legítimo y todo está en regla, felicidades sinceras por la eficiencia. Pero el país entero merece el instructivo. No pedimos privilegios; pedimos el manual. Que se publique, en letra grande, cómo se llega a los 49 pesos consumiendo mil 703 kilowatts. Lo colgamos en el refri, junto a la oración a San Judas y al calendario de la tanda. Porque en esta República hay dos clases de usuarios: los que temen al recibo de luz y los que, al parecer, lo usan de servilleta.
Aclaremos, con la seriedad que exige la casa: no está confirmado que el recibo sea de la gobernadora de Veracruz; el documento trae los apellidos, una tarifa 1F y la palabra mágica «NETMET». Pero permítasenos admirar el prodigio en abstracto. Mil 703 kWh son muchos ventiladores, muchas horas de aire acondicionado tabasqueño, mucha vida climatizada. Y la factura, apenas 49 pesos. Si eso no es transformación, no sabemos qué lo sea.
Mientras tanto, en la casa del mexicano promedio, prender el segundo foco de la sala se siente como negociar con un secuestrador. Cada bimestre abrimos el recibo con el mismo temblor con que se abre un resultado de laboratorio. Y cuando llega alto —siempre llega alto— nos dicen que revisemos nuestros «hábitos de consumo», como si desconectar el microondas fuera a acercarnos, algún día, a esos gloriosos 49 pesos.
Lo bello del asunto es la palabra que lo explica todo: NETMET. Suena a superhéroe, suena a app, suena a algo que uno debería tener y no tiene. Es el nuevo conjuro de la austeridad selectiva: unos pagan tarifa de rey con recibo de mendigo, y a los demás nos toca la versión inversa. Democratización de la energía, sí, pero por goteo.
Que quede claro: si el recibo es legítimo y todo está en regla, felicidades sinceras por la eficiencia. Pero el país entero merece el instructivo. No pedimos privilegios; pedimos el manual. Que se publique, en letra grande, cómo se llega a los 49 pesos consumiendo mil 703 kilowatts. Lo colgamos en el refri, junto a la oración a San Judas y al calendario de la tanda. Porque en esta República hay dos clases de usuarios: los que temen al recibo de luz y los que, al parecer, lo usan de servilleta.