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El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 9 de octubre, 2026
Ciudad de México • Nota • 21 de agosto de 2026

El Metro descubre el agua tibia: subarriendas caro, pero al menos combina

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El Metro descubre el agua tibia: subarriendas caro, pero al menos combina
El director del Sistema de Transporte Colectivo, Adrián Rubalcava, hizo un descubrimiento arqueológico digno de Guinness: los titulares de los permisos de locales en el Metro pagan al sistema entre 3 y 10 mil pesos y luego subarriendan el changarro hasta en 100 mil. Es decir, alguien lleva años cobrando renta de un espacio que no es suyo, con una plusvalía del mil por ciento, y apenas nos dimos cuenta. Bienvenidos al negocio inmobiliario mejor escondido de la ciudad: el subsuelo.

Como si fuera poco, se detectó un excedente de más de 30 por ciento de módulos y cilindros sin papeles o con permisos que no corresponden a la línea. O sea, ni siquiera sabemos con certeza cuántos locales hay allá abajo. El Metro no tiene inventario, tiene folclor.

¿La solución? Un nuevo reglamento y tres meses para que los comerciantes cumplan. Y aquí viene la joya: entre las nuevas disposiciones, los vendedores formales deberán portar chalecos del mismo color de la línea en la que operan. Respiremos hondo. Tras años de subarriendos leoninos y permisos fantasma, el gran salto civilizatorio es cromático. Que el de la Línea 3 vaya de verde olivo, el de la Rosa de rosa mexicano, y que la mordida —esa sí, transversal— siga sin uniforme, porque combina con todo.

No se malentienda: ordenar el comercio del Metro es necesario y urgente, y que alguien por fin lo diga en voz alta ya es algo. Pero uno sospecha que el chaleco de colores es el clásico truco del mago: mientras miramos la telita fosforescente, la verdadera pregunta —quién autorizó, quién cobró y a dónde fue a dar el excedente— se va en el siguiente convoy.

Démosle a Rubalcava sus tres meses. Es el plazo sagrado de la capital, el mismo en que se tapan baches y se mide el Lerma. Dentro de noventa días revisaremos si el andén amaneció más ordenado o simplemente más colorido. Apostamos, con el corazón capitalino que nos caracteriza, por lo segundo: en esta ciudad, cuando no se puede resolver el fondo, se decreta el vestuario.