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El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 9 de octubre, 2026
Ciudad de México • Nota • 21 de agosto de 2026

Policías que se pagan su propio disfraz: el ajolote más caro de la ciudad

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Policías que se pagan su propio disfraz: el ajolote más caro de la ciudad
La Secretaría de Seguridad Ciudadana salió a aclarar un asunto que quitaba el sueño a la República: las chamarras con figuras de ajolotes que lucieron los policías durante el Mundial no se pagaron con recursos públicos. Los propios uniformados costearon sus prendas. Descansen todos: el erario está a salvo y el ajolote, endeudado.

Detengámonos en la ternura del dato. En la Ciudad de México, el policía no solo cuida las esquinas, el evento internacional y el bloqueo del día; también se autofinancia el vestuario temático. Es cosplay institucional pagado de la propia cartera. Uno imaginaba al Estado equipando a su fuerza; resulta que el Estado, más bien, sugiere el look y el oficial pone la tarjeta.

No es un caso aislado, es una escuela nacional. Primero fue el maestro que compra las copias, los plumones y a veces hasta el papel de baño del salón. Luego el paciente que lleva su propia gasa y su jeringa al hospital público. Ahora, el policía que financia su ajolote bordado para salir mono en la foto mundialista. El axolotl, ese anfibio que se regenera solo, es la mascota perfecta de un país donde cada quien se cura, se educa y se uniforma por su cuenta.

Que conste: el ajolote es un emblema hermoso, endémico de Xochimilco, orgullo capitalino, y verlo en una chamarra hasta simpático. El problema no es el bicho, es la lógica. Si la corporación quería un uniforme conmemorativo, bien pudo presupuestarlo con transparencia y presumirlo sin sonrojo. En cambio, la explicación oficial es casi un elogio invertido: «no gastamos, ellos pagaron», como si desentenderse del gasto fuera motivo de orgullo y no una confesión.

Así que la próxima vez que veamos a un oficial luciendo el anfibio más famoso del país, hagamos una pausa de respeto. No solo vigila la ciudad: también subsidió, de su bolsillo, la parte estética de su chamba. En el Estado de bienestar al revés que hemos perfeccionado, hasta el ajolote sale caro, y siempre lo paga el de abajo.