"No es un regaño": el arte de reprender al pueblo por no aprovechar los programas
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Hay frases que se delatan solas. "Permítanme no regañarlos, pero sí decirles que no han aprovechado del todo estos dos programas" es una de ellas. La pronunció la gobernadora María Eugenia Campos durante su gira Ruta Chihuahua, en su paso por Temósachic, al enterarse de que ese municipio es el que menos afiliados tiene a un programa estatal de salud. Es el equivalente institucional del clásico "no me enojo, nomás me decepciono".
Entendámonos: la intención es buena. El Gobierno del Estado llevó hasta la sierra una Feria de la Salud y un módulo de registro, y la mandataria aprovechó para invitar directamente a quienes no tienen seguridad social a que se inscriban. Nadie discute que un programa de salud sirva. Lo que tiene su ternura involuntaria es el diseño del reclamo: convertir la baja afiliación en una travesura de la ciudadanía, como si los habitantes de Temósachic anduvieran escondiéndose de la felicidad que el Estado les ofrece.
Porque conviene recordar el paisaje. Temósachic y su vecina Madera forman parte de una región que el propio Gobierno del Estado mantiene identificada como zona de conflicto. Esta misma semana, el alcalde de Madera reconoció la existencia de retenes en los accesos al municipio y en puntos cercanos de Temósachic, reportes que dijo haber canalizado a las autoridades correspondientes. Es decir: estamos hablando de comunidades donde salir a la carretera puede implicar toparse con un retén de origen incierto. Quizá, solo quizá, el bajo número de afiliaciones tenga algo que ver con eso y no con una repentina pereza colectiva.
La gira siguió a Creel, donde el tono fue más amable: entrega de sillas de ruedas, muletas y bastones a personas con discapacidad, y una capacitación a mujeres rarámuri embarazadas sobre signos de alarma. Ahí no hubo regaño, y qué bueno, porque las obras hablan mejor que los reproches. El contraste es la lección: la misma gira que reparte apoyos con una mano, con la otra se da el lujo de amonestar a quienes no se han formado en la fila.
El detalle fino es que en política el "no los voy a regañar" casi siempre viene seguido de un regaño en toda regla, igual que el "con todo respeto" antecede a la falta de respeto. Si el objetivo es que más gente se afilie, tal vez la ruta más corta no sea recordarle al pueblo que quedó en último lugar, sino garantizarle que puede llegar al módulo de registro sin encontrarse un retén en el camino. Pero eso, claro, no cabe tan bonito en un discurso de arranque de jornada.
Entendámonos: la intención es buena. El Gobierno del Estado llevó hasta la sierra una Feria de la Salud y un módulo de registro, y la mandataria aprovechó para invitar directamente a quienes no tienen seguridad social a que se inscriban. Nadie discute que un programa de salud sirva. Lo que tiene su ternura involuntaria es el diseño del reclamo: convertir la baja afiliación en una travesura de la ciudadanía, como si los habitantes de Temósachic anduvieran escondiéndose de la felicidad que el Estado les ofrece.
Porque conviene recordar el paisaje. Temósachic y su vecina Madera forman parte de una región que el propio Gobierno del Estado mantiene identificada como zona de conflicto. Esta misma semana, el alcalde de Madera reconoció la existencia de retenes en los accesos al municipio y en puntos cercanos de Temósachic, reportes que dijo haber canalizado a las autoridades correspondientes. Es decir: estamos hablando de comunidades donde salir a la carretera puede implicar toparse con un retén de origen incierto. Quizá, solo quizá, el bajo número de afiliaciones tenga algo que ver con eso y no con una repentina pereza colectiva.
La gira siguió a Creel, donde el tono fue más amable: entrega de sillas de ruedas, muletas y bastones a personas con discapacidad, y una capacitación a mujeres rarámuri embarazadas sobre signos de alarma. Ahí no hubo regaño, y qué bueno, porque las obras hablan mejor que los reproches. El contraste es la lección: la misma gira que reparte apoyos con una mano, con la otra se da el lujo de amonestar a quienes no se han formado en la fila.
El detalle fino es que en política el "no los voy a regañar" casi siempre viene seguido de un regaño en toda regla, igual que el "con todo respeto" antecede a la falta de respeto. Si el objetivo es que más gente se afilie, tal vez la ruta más corta no sea recordarle al pueblo que quedó en último lugar, sino garantizarle que puede llegar al módulo de registro sin encontrarse un retén en el camino. Pero eso, claro, no cabe tan bonito en un discurso de arranque de jornada.