Con la frente limpia y el bote de basura lleno: crónica de un viernes triunfal
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Amaneció Jalisco bajo lluvia moderada —el clima, como la clase política, avisando desde temprano que hoy tampoco escampa— y con él llegaron noticias que uno juraría inventadas si no vinieran firmadas por la realidad. Empecemos por el regreso más ovacionado del año: el gobernador de Sinaloa reasumió su cargo tras 112 días de licencia y lo hizo, según sus propias redes, «con la frente limpia y en alto». Ciento doce días. El mismo tiempo que uno tarda en decidir si tira el yogurt del refri o le da otra oportunidad. Él regresó anunciándose a sí mismo, como esos artistas que ya nadie contrata y salen a escena con su propia grabación de aplausos: su partido dijo que se enteró por Facebook y la Secretaría de Gobernación aclaró, con delicadeza de quien devuelve un regalo feo, que fue «decisión personal» y que las carpetas de la Fiscalía siguen tan abiertas como una tiendita de la esquina. En Jalisco, el gobernador Pablo Lemus resumió el sentir nacional con un «¡qué barbaridad!, por eso la gente no cree en la política», frase que debería ir bordada en cojín y colgada en cada palacio de gobierno del país.
Mientras un funcionario reasumía puesto, otro estrenaba domicilio. La Fiscalía federal alista la vinculación a proceso de un exmarino señalado como operador de una red de huachicol fiscal, y su nueva residencia es nada menos que El Altiplano, ese resort de máxima seguridad donde el check-out lo decide un juez. Lo tierno del caso: su defensa exige que la audiencia sea pública, mientras el Ministerio Público pide que sea reservada por «seguridad nacional». Es el único país donde el acusado quiere reflectores y la autoridad quiere apagar la luz. Cálculo del daño: más de 340 millones de pesos, cifra que en combustible robado alcanza para llenar el tanque de la indignación colectiva por varios sexenios.
En el plano internacional, el vecino del norte volvió a portarse como vecino del norte. Trump adelantó que quiere un «nuevo acuerdo comercial» más ventajoso —para él, se entiende, porque la generosidad no aparece en su portafolio— justo antes de la revisión del T-MEC, ya recetó aranceles del 50% a Canadá y, de pilón, declaró el estrecho de Ormuz «territorio estadounidense», con la naturalidad de quien reclama el estacionamiento de enfrente. Del lado mexicano, Marcelo Ebrard tranquilizó desde el «InnovaFest Querétaro» asegurando que a México le irá igual de bien y que no triangulamos productos asiáticos. Ojalá la calma de Ebrard se exportara sin aranceles; sería nuestro principal producto de valor agregado.
Y ahora, lo verdaderamente épico: Puerto Vallarta. La perla del Pacífico anunció su Tercer Torneo Internacional de Pesca de Basura, competencia donde el trofeo es sacar del mar lo que nosotros mismos le metimos. Un torneo internacional para recoger nuestra propia cochinada: pocas metáforas nacionales tan honestas. En la misma bahía, la necropsia del cocodrilo hallado sin vida en Boca Negra —el número trece, porque hasta la tragedia lleva contador— reveló que murió por «trauma severo no intencional». Traducción para el público: nadie lo hizo a propósito, pero pasó. Como todo en la administración pública, pues.
Mientras tanto, en las colonias del norte de Vallarta el agua sigue llegando en pipa a 142 colonias afectadas por unas obras de interconexión, y en Bahía de Banderas los rateros ya modernizaron el oficio: encienden los Honda y Toyota con escáneres electrónicos, sin necesidad de llave. Vivimos el futuro que nos prometieron, solo que lo administra el crimen: mientras SEAPAL reparte agua a cubetazos, el hampa ya opera con tecnología de punta. Y para cerrar el capítulo de lo surreal, circuló un cartel —falso, aclaremos— de una cantante generada con inteligencia artificial anunciada para el Palenque de las Fiestas de Octubre, con logo del Gobierno de Jalisco incluido. El detalle no es que exista una artista de IA; es que a nadie le pareció inverosímil que el gobierno la contratara. Ahí está el verdadero diagnóstico del país.
En resumen: un gobernador que se aplaude solo, un exmarino que quiere público, un vecino que anexa mares, un torneo para pescar nuestra basura, un cocodrilo con acta y una cantante que no existe casi tocando en la feria. Y usted preguntándose por qué la gente no cree en la política. Qué barbaridad, en efecto.
Mientras un funcionario reasumía puesto, otro estrenaba domicilio. La Fiscalía federal alista la vinculación a proceso de un exmarino señalado como operador de una red de huachicol fiscal, y su nueva residencia es nada menos que El Altiplano, ese resort de máxima seguridad donde el check-out lo decide un juez. Lo tierno del caso: su defensa exige que la audiencia sea pública, mientras el Ministerio Público pide que sea reservada por «seguridad nacional». Es el único país donde el acusado quiere reflectores y la autoridad quiere apagar la luz. Cálculo del daño: más de 340 millones de pesos, cifra que en combustible robado alcanza para llenar el tanque de la indignación colectiva por varios sexenios.
En el plano internacional, el vecino del norte volvió a portarse como vecino del norte. Trump adelantó que quiere un «nuevo acuerdo comercial» más ventajoso —para él, se entiende, porque la generosidad no aparece en su portafolio— justo antes de la revisión del T-MEC, ya recetó aranceles del 50% a Canadá y, de pilón, declaró el estrecho de Ormuz «territorio estadounidense», con la naturalidad de quien reclama el estacionamiento de enfrente. Del lado mexicano, Marcelo Ebrard tranquilizó desde el «InnovaFest Querétaro» asegurando que a México le irá igual de bien y que no triangulamos productos asiáticos. Ojalá la calma de Ebrard se exportara sin aranceles; sería nuestro principal producto de valor agregado.
Y ahora, lo verdaderamente épico: Puerto Vallarta. La perla del Pacífico anunció su Tercer Torneo Internacional de Pesca de Basura, competencia donde el trofeo es sacar del mar lo que nosotros mismos le metimos. Un torneo internacional para recoger nuestra propia cochinada: pocas metáforas nacionales tan honestas. En la misma bahía, la necropsia del cocodrilo hallado sin vida en Boca Negra —el número trece, porque hasta la tragedia lleva contador— reveló que murió por «trauma severo no intencional». Traducción para el público: nadie lo hizo a propósito, pero pasó. Como todo en la administración pública, pues.
Mientras tanto, en las colonias del norte de Vallarta el agua sigue llegando en pipa a 142 colonias afectadas por unas obras de interconexión, y en Bahía de Banderas los rateros ya modernizaron el oficio: encienden los Honda y Toyota con escáneres electrónicos, sin necesidad de llave. Vivimos el futuro que nos prometieron, solo que lo administra el crimen: mientras SEAPAL reparte agua a cubetazos, el hampa ya opera con tecnología de punta. Y para cerrar el capítulo de lo surreal, circuló un cartel —falso, aclaremos— de una cantante generada con inteligencia artificial anunciada para el Palenque de las Fiestas de Octubre, con logo del Gobierno de Jalisco incluido. El detalle no es que exista una artista de IA; es que a nadie le pareció inverosímil que el gobierno la contratara. Ahí está el verdadero diagnóstico del país.
En resumen: un gobernador que se aplaude solo, un exmarino que quiere público, un vecino que anexa mares, un torneo para pescar nuestra basura, un cocodrilo con acta y una cantante que no existe casi tocando en la feria. Y usted preguntándose por qué la gente no cree en la política. Qué barbaridad, en efecto.