La cantante que no existe casi toca en las Fiestas de Octubre (y a nadie le extrañó)
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Circuló en redes un cartel que anunciaba a una cantante generada con inteligencia artificial presentándose en el Palenque de las Fiestas de Octubre. La pieza traía, para colmo de la confusión, el logo oficial del Gobierno de Jalisco. Resultó falso, aclararon las autoridades. Pero detengámonos en lo verdaderamente revelador: el cartel acumuló miles de reacciones y comentarios de gente que se lo creyó. No porque el póster fuera una obra maestra de la falsificación, sino porque la idea de que el gobierno contratara a una artista inexistente para el Palenque le pareció a medio Jalisco perfectamente plausible.
Ahí está el diagnóstico, servido en bandeja. En un país normal, la pregunta ante semejante anuncio sería «¿existe esa cantante?». Aquí la pregunta fue «¿cuánto le pagaron?». El escándalo no fue lo tecnológico —una intérprete de píxeles cantando entre gallos y cerveza tibia—, sino lo presupuestal. Porque una cosa aprendió el jalisciense a fuerza de temporadas: nunca subestimar la capacidad de una feria para gastar en lo inesperado.
El Palenque, ese recinto donde tradicionalmente los ídolos de carne y hueso sudan la camisa ante un público que corea desde la primera fila, ahora coqueteaba —en la imaginación colectiva, al menos— con la posibilidad de un acto que no come, no se cansa, no exige camerino y jamás llega tarde por el tráfico de Guadalajara. El productor perfecto, francamente. Si tan solo no fuera, ya saben, imaginario.
Lo cómico se vuelve inquietante cuando uno recuerda que el logo del gobierno apareció ahí sin permiso, y que bastó para darle credibilidad instantánea a una mentira. En la era donde cualquiera fabrica un cartel convincente en la sala de su casa, la institución ya no controla ni su propio membrete. Y el ciudadano, curtido en años de anuncios rimbombantes que se caen solos, ya no distingue entre la ocurrencia oficial y la broma de un usuario aburrido.
Moderador de la duda, entonces: la próxima vez que vean un cartelón espectacular de las Fiestas de Octubre, respiren hondo y pregúntense si el artista respira también. Puede que sea real, puede que sea de humo digital, puede que sea las dos cosas dependiendo del contrato. En Jalisco ya llegamos al punto en que la ficción y la administración pública comparten productor. Y eso, amigos, no lo genera ninguna inteligencia artificial: eso lo escribimos entre todos.
Ahí está el diagnóstico, servido en bandeja. En un país normal, la pregunta ante semejante anuncio sería «¿existe esa cantante?». Aquí la pregunta fue «¿cuánto le pagaron?». El escándalo no fue lo tecnológico —una intérprete de píxeles cantando entre gallos y cerveza tibia—, sino lo presupuestal. Porque una cosa aprendió el jalisciense a fuerza de temporadas: nunca subestimar la capacidad de una feria para gastar en lo inesperado.
El Palenque, ese recinto donde tradicionalmente los ídolos de carne y hueso sudan la camisa ante un público que corea desde la primera fila, ahora coqueteaba —en la imaginación colectiva, al menos— con la posibilidad de un acto que no come, no se cansa, no exige camerino y jamás llega tarde por el tráfico de Guadalajara. El productor perfecto, francamente. Si tan solo no fuera, ya saben, imaginario.
Lo cómico se vuelve inquietante cuando uno recuerda que el logo del gobierno apareció ahí sin permiso, y que bastó para darle credibilidad instantánea a una mentira. En la era donde cualquiera fabrica un cartel convincente en la sala de su casa, la institución ya no controla ni su propio membrete. Y el ciudadano, curtido en años de anuncios rimbombantes que se caen solos, ya no distingue entre la ocurrencia oficial y la broma de un usuario aburrido.
Moderador de la duda, entonces: la próxima vez que vean un cartelón espectacular de las Fiestas de Octubre, respiren hondo y pregúntense si el artista respira también. Puede que sea real, puede que sea de humo digital, puede que sea las dos cosas dependiendo del contrato. En Jalisco ya llegamos al punto en que la ficción y la administración pública comparten productor. Y eso, amigos, no lo genera ninguna inteligencia artificial: eso lo escribimos entre todos.