Regresó con la frente limpia; el resto del movimiento, con la mano en la puerta
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Hubo un tiempo en que la Cuarta Transformación presumía disciplina de reloj suizo. Este viernes descubrimos que el reloj tiene la manecilla suelta. El gobernador de Sinaloa reasumió su cargo tras 112 días de licencia —los que pidió para comparecer ante la FGR por señalamientos venidos de Estados Unidos— y lo hizo con un video breve, "la frente limpia y en alto" y un saludo a madres buscadoras que, casualmente, seguían esperando respuestas en el Palacio de Gobierno.
La reacción fue una obra maestra del desmarque colectivo. Morena informó que "no tuvo conocimiento previo" y se deslindó. La Secretaría de Gobernación precisó que el regreso "responde exclusivamente a una determinación de carácter personal", elegante manera de decir "a mí no me vean". El Partido Verde también levantó la mano para aclarar que ahí no era. Veintitrés gobernadores firmaron un comunicado exigiendo "madurez y responsabilidad" y recordando que "las decisiones individuales jamás estarán por encima del proyecto colectivo". Traducido: bienvenido de vuelta, pero siéntate lejos.
Lo pintoresco es la geometría del asunto. Un movimiento que se define por la unidad encontró la forma de estar unido en una sola cosa: en que nadie sabía nada. Gobernación pidió a Estados Unidos que presente las pruebas de sus acusaciones —petición razonable— mientras subrayaba que las investigaciones siguen abiertas. Es decir, el gobernador vuelve al despacho, pero la carpeta también regresa a la oficina de junto.
Del otro lado, la oposición hizo su parte con el entusiasmo del que encontró piñata en fiesta ajena: habló de "cinismo" y "pacto de impunidad", y por un día el PRI y el PAN volvieron a sentirse relevantes. Hasta un especialista calificó de "inédito" el deslinde y auguró soledad e ingobernabilidad para el mandatario. Soledad es mucho decir: al hombre lo acompañan 23 gobernadores… todos empujándolo suavemente hacia la salida.
Queda la pregunta que nadie en la foto quiere contestar: si el regreso fue "personal", ¿de quién era la licencia? En la política mexicana, "decisión personal" es ese conjuro que convierte a un compañero de proyecto en un desconocido con el que casualmente comparten partido, colores y presupuesto. Bienvenido de vuelta, gobernador. La frente, en alto; el teléfono, en silencio.
La reacción fue una obra maestra del desmarque colectivo. Morena informó que "no tuvo conocimiento previo" y se deslindó. La Secretaría de Gobernación precisó que el regreso "responde exclusivamente a una determinación de carácter personal", elegante manera de decir "a mí no me vean". El Partido Verde también levantó la mano para aclarar que ahí no era. Veintitrés gobernadores firmaron un comunicado exigiendo "madurez y responsabilidad" y recordando que "las decisiones individuales jamás estarán por encima del proyecto colectivo". Traducido: bienvenido de vuelta, pero siéntate lejos.
Lo pintoresco es la geometría del asunto. Un movimiento que se define por la unidad encontró la forma de estar unido en una sola cosa: en que nadie sabía nada. Gobernación pidió a Estados Unidos que presente las pruebas de sus acusaciones —petición razonable— mientras subrayaba que las investigaciones siguen abiertas. Es decir, el gobernador vuelve al despacho, pero la carpeta también regresa a la oficina de junto.
Del otro lado, la oposición hizo su parte con el entusiasmo del que encontró piñata en fiesta ajena: habló de "cinismo" y "pacto de impunidad", y por un día el PRI y el PAN volvieron a sentirse relevantes. Hasta un especialista calificó de "inédito" el deslinde y auguró soledad e ingobernabilidad para el mandatario. Soledad es mucho decir: al hombre lo acompañan 23 gobernadores… todos empujándolo suavemente hacia la salida.
Queda la pregunta que nadie en la foto quiere contestar: si el regreso fue "personal", ¿de quién era la licencia? En la política mexicana, "decisión personal" es ese conjuro que convierte a un compañero de proyecto en un desconocido con el que casualmente comparten partido, colores y presupuesto. Bienvenido de vuelta, gobernador. La frente, en alto; el teléfono, en silencio.