San Juan llegó con lluvia, reinas y carreteras de primer mundo (aunque en 2 kilómetros)
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Bienvenidos a la edición de San Juan de El Destiempo, esa temporada del año en que Guanajuato saca lo mejor de sí: coronas, bandas de Jalisco, escenarios bajo aguacero y funcionarios diciendo que todo salió de maravilla mientras el público escurre agua por las orejas. Acomódese, que hay tela de dónde cortar.
Empecemos por el plato fuerte: los Kumbia Kings, que esta vez merecieron rebautizarse como Kumbia Queens. La cosa fue así: la Plaza de las Ranas repleta, la lluvia cayendo, el público fiel aguantando como soldado raso, y la agrupación que no se decidía a salir durante —según quién cuente— una, dos o más horas. Mientras tanto, las bocinas fallaban, los micrófonos hacían eco y el alma del concierto se iba diluyendo gota a gota. La presidenta municipal de la capital subió fotos celebrando el éxito rotundo del evento, y los asistentes, esos aguafiestas, contestaron con memes señalando un detalle incómodo: la reina de San Juan sí salió a convivir bajo el chubasco, pero los artistas resultaron más delicaditos que pétalo de bugambilia. Cuando la versión oficial y la realidad del respingón mojado no coinciden, ya saben ustedes a cuál creerle.
Y hablando de reinas, este año la coronación de las Fiestas de San Juan y Presa de la Olla arrancó con su tradicional dosis de polémica: hay quien la tacha de clasista, elitista y arbitraria. Una crítica que cae justo en temporada de coronas, cetros y pasarelas. Mientras tanto, en Huanímaro hicieron las cosas con una generosidad envidiable: coronaron reina de la inclusión, reina de la senectud, princesas, reina, flor del campo y media corte celestial. Si la capital corona por linaje, Huanímaro corona por amor al prójimo. Tomen nota, capitalinos.
Pasemos a la obra pública, mi sección favorita para el sarcasmo. La Secretaría de Obra Pública invirtió casi nueve millones de pesos en modernizar la carretera Silao–Trejo–San Agustín, y el titular aprovechó para recordarnos que la instrucción de la gobernadora es mantener a Guanajuato como la entidad con las mejores carreteras del país. Aplausos. Lo único que el boletín menciona en letra chiquita es que la maravilla abarca dos kilómetros. Dos. A ese ritmo de primer mundo, llegaremos a la perfección vial justo para las Fiestas de San Juan del año 2074. Paciencia, automovilistas: lo bueno se hace esperar, y en este estado, también lo asfaltado.
Mientras presumimos carreteras, las presas siguen flacas. Resulta que ha llovido mucho —pregúntenle a los del concierto—, pero el agua cae en la zona urbana y no en las periferias donde están las presas que abastecen a la ciudad. O sea: se nos inundan las calles y se nos vacían los embalses. La naturaleza, con su humor negro, decidió regar el estacionamiento y olvidar la maceta. En Irapuato, de hecho, la lluvia alcanzó intensidades de récord y convirtió las vialidades en tobogán acuático. Diluvio arriba, sequía abajo: bienvenidos al Bajío contemporáneo.
En Celaya descubrieron algo que nadie esperaba (nótese el sarcasmo): cuatro ex inspectores andaban cobrando cuotas ilegales a comercios de las comunidades. La buena noticia es que ya los detectaron y preparan denuncia. La mala es que la palabra clave es 'ex', lo que significa que el changarro de las mordidas operó un buen rato antes de que alguien revisara la caja. Fiscalización, gracias por llegar; la próxima, lleguen antes del postre.
Y como todo San Juan tiene su cuenta por pagar, los restauranteros de Celaya reportaron que el Mundial no les trajo la lluvia de clientes prometida: apenas dos de cada diez locales notaron más comensales en la primera semana. El sector, optimista a prueba de balas, confía en que con los partidos de México y el Día del Padre se compongan las cosas. Es decir: la esperanza está depositada en que los papás guanajuatenses salgan a comer alitas mientras la Selección hace lo suyo. Plan de negocios sólido como gelatina.
Cerramos con la nota tierna para que no nos acusen de amargados: en El Charco del Ingenio descubrieron un nido de colibrí tejido con telarañas, una obra maestra de ingeniería natural. Un colibrí construyó, con paciencia y telaraña, algo más resistente que muchos escenarios de feria. Que cunda el ejemplo. Felices Fiestas de San Juan, y lleven paraguas: aquí hasta los reyes de la cumbia le huyen a la mojada.
Empecemos por el plato fuerte: los Kumbia Kings, que esta vez merecieron rebautizarse como Kumbia Queens. La cosa fue así: la Plaza de las Ranas repleta, la lluvia cayendo, el público fiel aguantando como soldado raso, y la agrupación que no se decidía a salir durante —según quién cuente— una, dos o más horas. Mientras tanto, las bocinas fallaban, los micrófonos hacían eco y el alma del concierto se iba diluyendo gota a gota. La presidenta municipal de la capital subió fotos celebrando el éxito rotundo del evento, y los asistentes, esos aguafiestas, contestaron con memes señalando un detalle incómodo: la reina de San Juan sí salió a convivir bajo el chubasco, pero los artistas resultaron más delicaditos que pétalo de bugambilia. Cuando la versión oficial y la realidad del respingón mojado no coinciden, ya saben ustedes a cuál creerle.
Y hablando de reinas, este año la coronación de las Fiestas de San Juan y Presa de la Olla arrancó con su tradicional dosis de polémica: hay quien la tacha de clasista, elitista y arbitraria. Una crítica que cae justo en temporada de coronas, cetros y pasarelas. Mientras tanto, en Huanímaro hicieron las cosas con una generosidad envidiable: coronaron reina de la inclusión, reina de la senectud, princesas, reina, flor del campo y media corte celestial. Si la capital corona por linaje, Huanímaro corona por amor al prójimo. Tomen nota, capitalinos.
Pasemos a la obra pública, mi sección favorita para el sarcasmo. La Secretaría de Obra Pública invirtió casi nueve millones de pesos en modernizar la carretera Silao–Trejo–San Agustín, y el titular aprovechó para recordarnos que la instrucción de la gobernadora es mantener a Guanajuato como la entidad con las mejores carreteras del país. Aplausos. Lo único que el boletín menciona en letra chiquita es que la maravilla abarca dos kilómetros. Dos. A ese ritmo de primer mundo, llegaremos a la perfección vial justo para las Fiestas de San Juan del año 2074. Paciencia, automovilistas: lo bueno se hace esperar, y en este estado, también lo asfaltado.
Mientras presumimos carreteras, las presas siguen flacas. Resulta que ha llovido mucho —pregúntenle a los del concierto—, pero el agua cae en la zona urbana y no en las periferias donde están las presas que abastecen a la ciudad. O sea: se nos inundan las calles y se nos vacían los embalses. La naturaleza, con su humor negro, decidió regar el estacionamiento y olvidar la maceta. En Irapuato, de hecho, la lluvia alcanzó intensidades de récord y convirtió las vialidades en tobogán acuático. Diluvio arriba, sequía abajo: bienvenidos al Bajío contemporáneo.
En Celaya descubrieron algo que nadie esperaba (nótese el sarcasmo): cuatro ex inspectores andaban cobrando cuotas ilegales a comercios de las comunidades. La buena noticia es que ya los detectaron y preparan denuncia. La mala es que la palabra clave es 'ex', lo que significa que el changarro de las mordidas operó un buen rato antes de que alguien revisara la caja. Fiscalización, gracias por llegar; la próxima, lleguen antes del postre.
Y como todo San Juan tiene su cuenta por pagar, los restauranteros de Celaya reportaron que el Mundial no les trajo la lluvia de clientes prometida: apenas dos de cada diez locales notaron más comensales en la primera semana. El sector, optimista a prueba de balas, confía en que con los partidos de México y el Día del Padre se compongan las cosas. Es decir: la esperanza está depositada en que los papás guanajuatenses salgan a comer alitas mientras la Selección hace lo suyo. Plan de negocios sólido como gelatina.
Cerramos con la nota tierna para que no nos acusen de amargados: en El Charco del Ingenio descubrieron un nido de colibrí tejido con telarañas, una obra maestra de ingeniería natural. Un colibrí construyó, con paciencia y telaraña, algo más resistente que muchos escenarios de feria. Que cunda el ejemplo. Felices Fiestas de San Juan, y lleven paraguas: aquí hasta los reyes de la cumbia le huyen a la mojada.