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El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 13 de agosto, 2026
Guanajuato Nota 21 de junio de 2026

Coronas para todos: Huanímaro reparte títulos mientras la capital los racionea

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Coronas para todos: Huanímaro reparte títulos mientras la capital los racionea
San Juan es temporada de coronas, y este año Guanajuato nos regaló un contraste digno de manual de sociología. Por un lado, la capital; por el otro, Huanímaro. Dos formas de entender la realeza de feria.

En la capital, la coronación de Andrea Fernanda I como Reina de las Fiestas de San Juan y Presa de la Olla 2026, y de Mía I como Reina Infantil, arrancó las festividades en la Plaza de las Ranas con todo el boato del caso: presidenta municipal presente, subsecretario de Promoción Turística representando a la gobernadora, video conmemorativo para la reina saliente y la solemnidad de quien sabe que está heredando una tradición de siglos. El detalle es que esa misma tradición arrastra una crítica que no se va: hay quien la considera clasista, elitista y arbitraria. Es decir, una corona preciosa con una etiqueta incómoda colgando.

A unos kilómetros de distancia, en Huanímaro, decidieron resolver el debate por la vía más mexicana posible: coronando a todo mundo. En el Jardín Principal, durante las Fiestas de San Juan y de la Cueva, hubo reina de la inclusión, reina de la senectud, sus respectivas princesas, además de las candidatas a reina y a Flor del Campo. Seis jóvenes en pasarela, familias enteras llegadas de comunidades rurales, porras desde el primer minuto y un ambiente donde la corona no era un privilegio de pocos sino una excusa para abrazar a muchos.

La moraleja se cae de madura. Mientras en la capital se discute si la realeza es para unos cuantos apellidos afortunados, en Huanímaro entendieron que una fiesta de pueblo se mide por cuánta gente cabe en el festejo, no por cuánta se queda afuera viendo. Coronar a la senectud y a la inclusión no sale en los folletos turísticos elegantes, pero conmueve más que cualquier pasarela con reflectores.

Que no se malentienda: nadie está pidiendo abolir las coronas, faltaba más, que de algo tiene que vivir la nostalgia. Pero si la capital quiere quitarse el sambenito de elitista, bien podría echarle un ojo al manual huanimarense, donde el certamen no excluye, incluye, y donde una abuela coronada provoca tantos aplausos como una quinceañera en tacones. La tradición no se defiende a la fuerza: se defiende abriendo la reja del jardín. Felices fiestas, con corona o sin ella.