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El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 9 de octubre, 2026
Ciudad de México • Nota • 23 de agosto de 2026

Chicles, palillos y una carpeta que se niega a madurar

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Chicles, palillos y una carpeta que se niega a madurar
Hay pistas que solo entiende quien las ha vivido. En la Ciudad de México, según denuncias recientes, el aviso de que un despojo se avecina no llega en carta certificada: llega en forma de chicles y palillos metidos en la cerradura, un lenguaje de barrio que traduce, con brutal claridad, "esta propiedad ya tiene otro dueño en mente". Un vecino de Tláhuac lleva casi diez años despojado de su casa, atrapado en ese limbo donde la falta de documentación y la burocracia se dan la mano para no soltarlo. La Fiscalía capitalina abrió una carpeta de investigación que, fiel a la costumbre, sigue sin acercarse a un juicio. No está estancada: está descansando.

El caso no viene solo. En otra denuncia, agentes de investigación y una integrante del Ministerio Público habrían participado en la alteración de una carpeta para despojar de su departamento a una mujer de origen estadounidense, quien además fue amenazada de muerte si insistía en recuperar lo suyo. Es el giro que ninguna guía turística advierte: en esta ciudad, a veces, la parte que debería protegerte aparece —según la acusación— del otro lado del expediente, con pluma en mano y ganas de corregir la historia.

Lo verdaderamente notable es la paciencia con que el sistema administra el despojo ajeno. Un trámite para recuperar un patrimonio robado avanza con la velocidad de una fila de banco un día de quincena, mientras la propiedad cambia de manos con la agilidad de un chicle bien colocado. La víctima pone el inmueble, la angustia y los años; la autoridad pone el sello, la demora y, en el mejor de los casos, un número de folio para que se sienta acompañada en la espera.

El mensaje que queda flotando es de una honestidad incómoda: en la capital, cuidar una casa no basta con pagarla, escriturarla y habitarla; hay que vigilarla como si en cualquier momento fuera a fugarse. Porque mientras un ciudadano reúne papeles, otro reúne herramientas, y la diferencia entre conservar tu hogar y perderlo puede ser tan pequeña —y tan absurda— como un palillo en la chapa. Ojalá la carpeta madure antes que la próxima generación de despojados aprenda, también, a leer los chicles.