Las mejores carreteras del país, ahora disponibles en cómodos tramos de dos kilómetros
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Hay frases que se dicen con tanta seguridad que uno se las quiere creer. Una de ellas la soltó esta semana el titular de la Secretaría de Obra Pública al anunciar la inversión en la carretera Silao–Trejo–San Agustín: la instrucción de la gobernadora, dijo, es clara, mantener a Guanajuato como la entidad con las mejores carreteras del país. Bonita meta. Ambiciosa. Casi épica.
El problema empieza cuando uno lee el resto del boletín. La inversión fue de casi nueve millones de pesos —ocho millones 999 mil 576, para ser exactos, porque aquí cuidamos cada centavo de la narrativa—, en una segunda etapa de conservación periódica. ¿Y qué tan lejos llega esta proeza de la ingeniería bajío? Dos kilómetros. Dos. Con dos carriles, uno por sentido, siete metros de corona y concreto asfáltico del bueno.
No malinterpreten: dos kilómetros de carretera decente son dos kilómetros que el automovilista agradece con lágrimas en los ojos, sobre todo en un estado donde el bache es prácticamente fauna endémica. Pero proclamar el primer lugar nacional desde un tramo que se recorre en menos de lo que dura una canción de banda es, cuando menos, optimismo de alto rendimiento. A ese ritmo, la red carretera de Guanajuato alcanzará la perfección total más o menos para cuando los nietos de los actuales funcionarios corten el listón.
Y mientras celebramos estos dos kilómetros de gloria, conviene voltear a ver otro boletín de la misma semana: las presas del estado siguen bajas pese a las lluvias recientes, porque el agua, traviesa ella, cae en la zona urbana y no en las periferias donde están los embalses. O sea que tenemos carretera nueva para llegar más rápido a contemplar presas vacías. Sincronía perfecta del desarrollo regional.
La sugerencia editorial es modesta: que los boletines presuman los kilómetros con la misma letra grande con la que presumen los superlativos. 'Mejores carreteras del país' suena espléndido en un micrófono; 'dos kilómetros conservados' suena a lo que realmente es, una obra puntual y necesaria, ni más ni menos. El guanajuatense no necesita que le vendan un primer lugar imaginario; necesita llegar a su trabajo sin dejar el amortiguador en el camino. Eso sí sería digno de corona.
El problema empieza cuando uno lee el resto del boletín. La inversión fue de casi nueve millones de pesos —ocho millones 999 mil 576, para ser exactos, porque aquí cuidamos cada centavo de la narrativa—, en una segunda etapa de conservación periódica. ¿Y qué tan lejos llega esta proeza de la ingeniería bajío? Dos kilómetros. Dos. Con dos carriles, uno por sentido, siete metros de corona y concreto asfáltico del bueno.
No malinterpreten: dos kilómetros de carretera decente son dos kilómetros que el automovilista agradece con lágrimas en los ojos, sobre todo en un estado donde el bache es prácticamente fauna endémica. Pero proclamar el primer lugar nacional desde un tramo que se recorre en menos de lo que dura una canción de banda es, cuando menos, optimismo de alto rendimiento. A ese ritmo, la red carretera de Guanajuato alcanzará la perfección total más o menos para cuando los nietos de los actuales funcionarios corten el listón.
Y mientras celebramos estos dos kilómetros de gloria, conviene voltear a ver otro boletín de la misma semana: las presas del estado siguen bajas pese a las lluvias recientes, porque el agua, traviesa ella, cae en la zona urbana y no en las periferias donde están los embalses. O sea que tenemos carretera nueva para llegar más rápido a contemplar presas vacías. Sincronía perfecta del desarrollo regional.
La sugerencia editorial es modesta: que los boletines presuman los kilómetros con la misma letra grande con la que presumen los superlativos. 'Mejores carreteras del país' suena espléndido en un micrófono; 'dos kilómetros conservados' suena a lo que realmente es, una obra puntual y necesaria, ni más ni menos. El guanajuatense no necesita que le vendan un primer lugar imaginario; necesita llegar a su trabajo sin dejar el amortiguador en el camino. Eso sí sería digno de corona.