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El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 13 de agosto, 2026
Jalisco Nota 21 de junio de 2026

La Presidenta declara la guerra al celular mientras todos los demás siguen pegados a la pantalla

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La Presidenta declara la guerra al celular mientras todos los demás siguen pegados a la pantalla
Hay batallas que la historia recordará por su valentía. La Independencia. La Reforma. Y ahora, en el panteón de las grandes cruzadas nacionales, entra una nueva: que los niños le bajen tantito al celular.

Durante la entrega de tarjetas de la beca Rita Cetina en Tijuana, la Presidenta Claudia Sheinbaum hizo un llamado a las familias mexicanas y, en particular, a la infancia, para moderar el tiempo de uso del teléfono. El argumento es impecable: hábitos cotidianos que favorezcan el bienestar emocional y el descanso de los estudiantes. Nadie discute la nobleza del mensaje. Lo que da ternura es la escena.

Imagínense el cuadro: un evento donde la mitad de los asistentes graba el momento con el celular en alto, mientras la otra mitad sube la foto a sus historias en tiempo real, recibiendo la instrucción de usar menos el celular. Es como pedir silencio en pleno estadio Akron al minuto noventa. El espíritu es loable; la logística, complicada.

Y ojo, aquí en Jalisco sabemos de adicciones complicadas de soltar: el tráfico de Avenida López Mateos, el segundo piso eterno, la tortita ahogada de las once. Pero si hay algo más difícil de arrancarle de las manos a un adolescente tapatío que su torta, es el teléfono. Uno puede prohibir el picante; jamás el TikTok.

Lo entrañable del exhorto presidencial es su universalidad doméstica. Cualquier mamá de Tlaquepaque lleva décadas diciendo "ya suelta esa cosa" sin necesidad de gira nacional ni de secretario de Educación de testigo. Resulta que la política pública más relatable del sexenio es, literalmente, un regaño de comedor familiar, pero con banda presidencial.

El problema, claro, es predicar con el ejemplo. ¿Quién le va a explicar a los niños que moderen la pantalla, cuando el mundo adulto consulta el celular para saber la hora, el clima, la ruta, el saldo y si el suegro ya vio el mensaje de doble palomita azul? Pedirle a un niño que use menos el teléfono mientras todos los grandes viven dentro del suyo es el equivalente pedagógico a fumar junto a un letrero de no fumar.

Uno se imagina la escena del futuro: la criatura, obediente, deja el celular sobre la mesa. Levanta la vista. Descubre el mundo análogo. Y lo primero que ve es a papá scrolleando, a mamá contestando el grupo de la primaria y al tío transmitiendo en vivo la carne asada. Bienvenido a la realidad, chamaco.

Que conste: el consejo es bueno, sano y gratis, que ya es bastante en estos tiempos. Solo faltaría la segunda parte del manual: cómo lograr que los adultos también lo cumplan. Esa, sospechamos, sí requeriría más que un exhorto. Requeriría un milagro, o de perdis, modo avión obligatorio en toda la República.