Guanajuato: donde hasta la basura, el bache y el más allá se pagan por adelantado
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Hay estados que se venden por sus playas, otros por sus museos. Guanajuato tiene un modelo de negocio más honesto: aquí todo se cobra, y si no pagas, te exhiben. Empecemos por lo más profundo, nunca mejor dicho. Resulta que las célebres Momias de Guanajuato, orgullo turístico de la capital, no nacieron de un misterio ancestral ni de una maldición prehispánica, sino de la más mexicana de las razones: la gente dejó de pagar la renta de la tumba. Cuando las familias no cubrían el derecho de perpetuidad, los cuerpos salían del Panteón de Santa Paula rumbo a la vitrina. Es decir: Guanajuato inventó el primer sistema de cobranza que, si te atrasas, te convierte en atractivo turístico. Buró de crédito, tómense nota: aquí el moroso no recibe llamadas, recibe visitas de escuela con boleto de entrada.
Del inframundo a la cuenta de la luz. En Celaya, cuatro o cinco empresas de Ciudad Industrial pasaron hasta dos días sin electricidad tras las lluvias, con pérdidas de más de diez millones de pesos diarios por empresa. Diez millones. Al día. Por empresa. Mientras tanto, el resto de los mortales seguimos preguntándonos si desconectar el refri media hora nos ahorra los tres pesos que nos van a cobrar de más. La modernidad guanajuatense es esto: parques industriales de talla mundial conectados con la misma extensión eléctrica con la que la abuela conectaba el ventilador y la licuadora al mismo tiempo.
Y si de pagar por servicios que deberían existir hablamos, viajemos a Abasolo, campeón invicto de la logística absurda. El municipio desembolsa alrededor de 500 mil pesos mensuales —seis millones al año— para mandar su basura al relleno sanitario de Pénjamo, porque no tiene uno propio. Sesenta toneladas diarias de residuos que hacen turismo intermunicipal con más frecuencia que muchos abasolenses. El alcalde reconoce que tener sitio propio será 'un reto para la próxima administración', frase mágica que en el diccionario político local significa 'que lo resuelva el que sigue'. Abasolo es el único lugar donde hasta la basura tiene domicilio en otra ciudad y paga renta.
Celaya, por su parte, encontró una manera creativa de gastar: 136 mil pesos en indemnizar daños patrimoniales, y adivinen quién encabeza la lista de culpables. El bache. Ese ciudadano ilustre, más constante que cualquier funcionario, más presente que cualquier promesa de campaña. El municipio paga por los agujeros que el propio municipio no tapó; un modelo circular de eficiencia que merecería una cátedra. La buena noticia es que en la Contraloría de Celaya sí están ocupados: las investigaciones sobre funcionarios pasaron de 53 en 2024 a 154 en 2025, y ya van 130 en lo que va de 2026, con 97 activas. O somos más vigilantes, o simplemente hay más material. Ustedes decidan cuál de las dos interpretaciones da más miedo.
En el capítulo de seguridad, Irapuato nos regaló una parábola perfecta. La policía municipal sorprendió en una notaría a un hombre que, según el reporte, había hecho destrozos y pretendía salir con objetos ajenos; al ser detenido, se identificó como elemento de la Guardia Nacional en activo. De día, presuntamente, el orden; de noche, presuntamente, el inventario. Con razón la percepción de inseguridad en Irapuato supera el 90 por ciento: no es que la gente sea desconfiada, es que ya no sabe de qué uniforme cuidarse. Canacintra pide, con toda la razón del mundo, seguridad y agua para sostener las inversiones; a este paso también habrá que pedir un manual para distinguir al que vigila del que hace el checklist.
Mientras tanto, el Partido Verde anuncia que va por el 'campanazo' rumbo a 2027 y que dejó de esperar a que otros definan su lugar. Traducción libre: llevan tanto esperando que ya se les hizo costumbre. Y el obispo de Irapuato, con más lucidez que muchos, pidió 'no hacer ordinaria la violencia'. Difícil tarea en un estado donde ya normalizamos pagar por la basura ajena, alumbrar la industria con veladoras y descansar en paz solo si estamos al corriente. Guanajuato no necesita un eslogan turístico nuevo. Necesita un recibo.
Del inframundo a la cuenta de la luz. En Celaya, cuatro o cinco empresas de Ciudad Industrial pasaron hasta dos días sin electricidad tras las lluvias, con pérdidas de más de diez millones de pesos diarios por empresa. Diez millones. Al día. Por empresa. Mientras tanto, el resto de los mortales seguimos preguntándonos si desconectar el refri media hora nos ahorra los tres pesos que nos van a cobrar de más. La modernidad guanajuatense es esto: parques industriales de talla mundial conectados con la misma extensión eléctrica con la que la abuela conectaba el ventilador y la licuadora al mismo tiempo.
Y si de pagar por servicios que deberían existir hablamos, viajemos a Abasolo, campeón invicto de la logística absurda. El municipio desembolsa alrededor de 500 mil pesos mensuales —seis millones al año— para mandar su basura al relleno sanitario de Pénjamo, porque no tiene uno propio. Sesenta toneladas diarias de residuos que hacen turismo intermunicipal con más frecuencia que muchos abasolenses. El alcalde reconoce que tener sitio propio será 'un reto para la próxima administración', frase mágica que en el diccionario político local significa 'que lo resuelva el que sigue'. Abasolo es el único lugar donde hasta la basura tiene domicilio en otra ciudad y paga renta.
Celaya, por su parte, encontró una manera creativa de gastar: 136 mil pesos en indemnizar daños patrimoniales, y adivinen quién encabeza la lista de culpables. El bache. Ese ciudadano ilustre, más constante que cualquier funcionario, más presente que cualquier promesa de campaña. El municipio paga por los agujeros que el propio municipio no tapó; un modelo circular de eficiencia que merecería una cátedra. La buena noticia es que en la Contraloría de Celaya sí están ocupados: las investigaciones sobre funcionarios pasaron de 53 en 2024 a 154 en 2025, y ya van 130 en lo que va de 2026, con 97 activas. O somos más vigilantes, o simplemente hay más material. Ustedes decidan cuál de las dos interpretaciones da más miedo.
En el capítulo de seguridad, Irapuato nos regaló una parábola perfecta. La policía municipal sorprendió en una notaría a un hombre que, según el reporte, había hecho destrozos y pretendía salir con objetos ajenos; al ser detenido, se identificó como elemento de la Guardia Nacional en activo. De día, presuntamente, el orden; de noche, presuntamente, el inventario. Con razón la percepción de inseguridad en Irapuato supera el 90 por ciento: no es que la gente sea desconfiada, es que ya no sabe de qué uniforme cuidarse. Canacintra pide, con toda la razón del mundo, seguridad y agua para sostener las inversiones; a este paso también habrá que pedir un manual para distinguir al que vigila del que hace el checklist.
Mientras tanto, el Partido Verde anuncia que va por el 'campanazo' rumbo a 2027 y que dejó de esperar a que otros definan su lugar. Traducción libre: llevan tanto esperando que ya se les hizo costumbre. Y el obispo de Irapuato, con más lucidez que muchos, pidió 'no hacer ordinaria la violencia'. Difícil tarea en un estado donde ya normalizamos pagar por la basura ajena, alumbrar la industria con veladoras y descansar en paz solo si estamos al corriente. Guanajuato no necesita un eslogan turístico nuevo. Necesita un recibo.