El cielo se llenó de drones y las presas se quedaron sin agua: domingo regio de contrastes
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Amaneció el domingo con Monterrey a punto de servirse como fajita sobre su propio comal, y las autoridades, lejísimos de bajarle dos rayitas, decidieron que era el día perfecto para presumir juguetes nuevos. Arriba, muy arriba, ahora patrullan quince drones con visión infrarroja y rastreo automático: la flamante División Águilas, porque nada dice 'ciudad segura' como convertir el cielo regio en un aeropuerto de aparatos que te ven sudar desde las alturas. Uno se pregunta si el infrarrojo distingue a un delincuente de un ciudadano común esperando el camión bajo cuarenta grados; a esa temperatura, todos brillamos igual de rojo.
Mientras el escuadrón aéreo tomaba vuelo, en tierra el Secretario General de Gobierno reafirmaba, con la solemnidad de quien lee un horóscopo, que en Nuevo León hay 'cero tolerancia a la corrupción'. Cero. Ni tantita. Lo dijo de la mano del programa Cero Clausuras, que es como prometer cero curvas en una carretera de la Sierra Madre: bonito en el folleto. Nos quedamos tranquilos, porque si algo aprendimos los regios es que cuando un funcionario jura que todo está en cero, conviene contar la cartera.
El detalle fino del domingo, sin embargo, lo dio el transporte. El gobierno de Monterrey anunció que la Regio Ruta seguirá siendo gratis —aplausos— pero que a partir del primero de septiembre nadie sube sin tarjeta —silencio incómodo—. Es decir: es gratis, pero hay que tramitar. Es gratis, pero traes identificación y comprobante de domicilio. Es gratis, como el pastel de una fiesta a la que te cobran la entrada. La autoridad, muy honesta, explicó que la tarjeta sirve para saber cuántos la usamos y a dónde vamos; nada, un cariñito de datos personales a cambio del camión que ya pagábamos con impuestos.
En el capítulo de tarjetas —porque este gobierno reparte plásticos como quinceañera reparte recuerditos— el estado presumió más de diez mil nuevas del programa 'Ayudamos a las Mujeres' en menos de dos meses, rumbo a la meta de ciento cincuenta mil para fin de año. La aritmética es noble y la causa también; ojalá el mismo entusiasmo de contabilidad se aplicara a, digamos, las presas.
Ah, las presas. Porque mientras arriba vuelan águilas mecánicas, abajo El Cuchillo ya anda por debajo del cincuenta y cinco por ciento y bajando, perdiendo millones de metros cúbicos como quien pierde las llaves: sin darse cuenta y siempre de prisa. Y para que no falte ironía, el mismo fin de semana se inauguró una flamante carretera 'entre Presas' para impulsar el turismo y la pesca en la región citrícola. Turismo de pesca, sí, en un estado donde la principal actividad acuática este verano es rezarle al cielo. Vayan sacando la caña; con suerte pescan un anuncio.
El cielo, por cierto, no coopera. Protección Civil avisó que la canícula sigue firme y que el jueves será el día más caluroso, con treinta y nueve grados de recordatorio de que aquí el infierno no es un concepto teológico sino un pronóstico extendido. En ese contexto, cientos de familias hicieron lo único sensato: meterse a las albercas del Parque España, porque si el gobierno reparte tarjetas, uno reparte chapuzones.
Y como si la tierra también quisiera opinar, nos enteramos de que los sismos en Nuevo León aumentaron más de mil por ciento: de cincuenta temblores en poco más de un siglo, pasamos a seiscientos treinta y seis en dos décadas. Los especialistas hablan de reacomodo de estructuras montañosas y del posible colapso de acuíferos por abatimiento —o sea, que de tanto exprimir el subsuelo, hasta la tierra se está estremeciendo de coraje—. Las autoridades, muy oportunas, prometieron 'reforzar la prevención', que en el diccionario oficial significa hacer un tríptico.
Cerramos la jornada con la nota que de verdad unió a los regios: en una tienda departamental de Guadalupe, un gato quedó atrapado en los ductos del cielo falso y Protección Civil acudió a rescatarlo. Aplausos de pie. En un domingo de drones, tarjetas, temblores y presas moribundas, el gato fue el único al que sí lo sacaron del hoyo. Bienaventurado el michi: encontró al gobierno en su día más eficiente. El resto seguimos atorados en el ducto, esperando que alguien nos vea con el infrarrojo.
Mientras el escuadrón aéreo tomaba vuelo, en tierra el Secretario General de Gobierno reafirmaba, con la solemnidad de quien lee un horóscopo, que en Nuevo León hay 'cero tolerancia a la corrupción'. Cero. Ni tantita. Lo dijo de la mano del programa Cero Clausuras, que es como prometer cero curvas en una carretera de la Sierra Madre: bonito en el folleto. Nos quedamos tranquilos, porque si algo aprendimos los regios es que cuando un funcionario jura que todo está en cero, conviene contar la cartera.
El detalle fino del domingo, sin embargo, lo dio el transporte. El gobierno de Monterrey anunció que la Regio Ruta seguirá siendo gratis —aplausos— pero que a partir del primero de septiembre nadie sube sin tarjeta —silencio incómodo—. Es decir: es gratis, pero hay que tramitar. Es gratis, pero traes identificación y comprobante de domicilio. Es gratis, como el pastel de una fiesta a la que te cobran la entrada. La autoridad, muy honesta, explicó que la tarjeta sirve para saber cuántos la usamos y a dónde vamos; nada, un cariñito de datos personales a cambio del camión que ya pagábamos con impuestos.
En el capítulo de tarjetas —porque este gobierno reparte plásticos como quinceañera reparte recuerditos— el estado presumió más de diez mil nuevas del programa 'Ayudamos a las Mujeres' en menos de dos meses, rumbo a la meta de ciento cincuenta mil para fin de año. La aritmética es noble y la causa también; ojalá el mismo entusiasmo de contabilidad se aplicara a, digamos, las presas.
Ah, las presas. Porque mientras arriba vuelan águilas mecánicas, abajo El Cuchillo ya anda por debajo del cincuenta y cinco por ciento y bajando, perdiendo millones de metros cúbicos como quien pierde las llaves: sin darse cuenta y siempre de prisa. Y para que no falte ironía, el mismo fin de semana se inauguró una flamante carretera 'entre Presas' para impulsar el turismo y la pesca en la región citrícola. Turismo de pesca, sí, en un estado donde la principal actividad acuática este verano es rezarle al cielo. Vayan sacando la caña; con suerte pescan un anuncio.
El cielo, por cierto, no coopera. Protección Civil avisó que la canícula sigue firme y que el jueves será el día más caluroso, con treinta y nueve grados de recordatorio de que aquí el infierno no es un concepto teológico sino un pronóstico extendido. En ese contexto, cientos de familias hicieron lo único sensato: meterse a las albercas del Parque España, porque si el gobierno reparte tarjetas, uno reparte chapuzones.
Y como si la tierra también quisiera opinar, nos enteramos de que los sismos en Nuevo León aumentaron más de mil por ciento: de cincuenta temblores en poco más de un siglo, pasamos a seiscientos treinta y seis en dos décadas. Los especialistas hablan de reacomodo de estructuras montañosas y del posible colapso de acuíferos por abatimiento —o sea, que de tanto exprimir el subsuelo, hasta la tierra se está estremeciendo de coraje—. Las autoridades, muy oportunas, prometieron 'reforzar la prevención', que en el diccionario oficial significa hacer un tríptico.
Cerramos la jornada con la nota que de verdad unió a los regios: en una tienda departamental de Guadalupe, un gato quedó atrapado en los ductos del cielo falso y Protección Civil acudió a rescatarlo. Aplausos de pie. En un domingo de drones, tarjetas, temblores y presas moribundas, el gato fue el único al que sí lo sacaron del hoyo. Bienaventurado el michi: encontró al gobierno en su día más eficiente. El resto seguimos atorados en el ducto, esperando que alguien nos vea con el infrarrojo.