Maratón de gobernador: 34 horas y de vuelta al banquillo
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Existen récords deportivos y existen récords burocráticos, y esta semana el vecino Sinaloa nos regaló uno para la posteridad: gobernar durante la impresionante cifra de 34 horas seguidas. El mandatario del estado costeño, que llevaba 112 días de licencia, anunció un viernes su regreso triunfal a la gubernatura. Para el sábado, tras la reacción de gobernadores de su mismo partido y de la propia presidenta, presentó de nuevo licencia, ahora indefinida. Entró, saludó, calentó la silla, la dejó tibiecita y se fue. La estancia más corta desde que su servidor entró a una fiesta a la que no estaba invitado.
El eco llegó puntual a Chihuahua, donde legisladores del PAN y de MC aprovecharon para calificar el episodio como ejemplo de impunidad y de contradicciones entre los gobiernos federal y estatal vecino. La presidenta de la Comisión de Seguridad en el Congreso local llegó a decir que se convirtió al país en un circo, lo cual es injusto: en el circo, al menos, los actos están ensayados y el trapecista sabe a qué hora suelta la barra.
Lo más elocuente, sin embargo, ocurrió en la Comisión Permanente del Congreso de la Unión, donde los legisladores del partido en el poder ejecutaron una coreografía impecable de silencio. Nadie mencionó el nombre del gobernador intermitente, como si pronunciarlo activara una alarma. En política, cuando a un correligionario se le deja de nombrar, no está caído en desgracia: está en modo avión. Y aquí, en el estado grande, tomamos nota de que a veces la oposición no necesita hacer campaña; le basta con narrar en voz alta lo que pasa a un lado. El guion se escribió solo, y ni siquiera cobró regalías.
El eco llegó puntual a Chihuahua, donde legisladores del PAN y de MC aprovecharon para calificar el episodio como ejemplo de impunidad y de contradicciones entre los gobiernos federal y estatal vecino. La presidenta de la Comisión de Seguridad en el Congreso local llegó a decir que se convirtió al país en un circo, lo cual es injusto: en el circo, al menos, los actos están ensayados y el trapecista sabe a qué hora suelta la barra.
Lo más elocuente, sin embargo, ocurrió en la Comisión Permanente del Congreso de la Unión, donde los legisladores del partido en el poder ejecutaron una coreografía impecable de silencio. Nadie mencionó el nombre del gobernador intermitente, como si pronunciarlo activara una alarma. En política, cuando a un correligionario se le deja de nombrar, no está caído en desgracia: está en modo avión. Y aquí, en el estado grande, tomamos nota de que a veces la oposición no necesita hacer campaña; le basta con narrar en voz alta lo que pasa a un lado. El guion se escribió solo, y ni siquiera cobró regalías.