Parral recicla con estruendo: hallan explosivos en el bote de la basura
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Hay ciudades donde separar la basura es cuestión de orgánico e inorgánico. En Parral, aparentemente, hay que agregar una tercera categoría: explosivos. Este lunes por la tarde, un habitante de la calle Río Suchiate, a escasos metros de los establecimientos nocturnos de la zona de tolerancia, fue a depositar sus desechos y se topó, dentro de un contenedor, con presuntos artefactos explosivos. Nada de cáscaras de plátano ni botellas vacías: material en gel y cañuelas de los que se usan en la minería.
El vecino hizo lo correcto —llamar al 911— y desató un despliegue digno de superproducción: Policía Municipal, Policía Estatal, Protección Civil y el Ejército Mexicano, este último con al menos dos unidades de especialidad, cerraron el sitio para verificar los artefactos y evitar que pasaran de ser un susto a ser un titular más grave. Después, los materiales fueron trasladados a un despoblado para su destrucción controlada, que es el equivalente estatal a 'tíralos donde no molesten'.
Uno entiende que Chihuahua vive de la minería y que el gel explosivo es tan cotidiano en la sierra como el burrito de frijol. Lo que ya no cuadra tanto es la ruta logística: del barreno a la mina hay un camino, y del barreno al bote de basura de una calle habitada hay otro muy distinto, con paradas legales de por medio. Que semejante mercancía termine junto a los desechos domésticos de un barrio sugiere que a alguien le urgía deshacerse de evidencia sin llenar el formato correspondiente. Mientras tanto, el mensaje para el ciudadano de a pie es claro y contundente: en Parral, antes de aventar la bolsa al contenedor, conviene asomarse. Nunca se sabe qué joyita de la industria extractiva anda buscando jubilarse por la vía rápida.
El vecino hizo lo correcto —llamar al 911— y desató un despliegue digno de superproducción: Policía Municipal, Policía Estatal, Protección Civil y el Ejército Mexicano, este último con al menos dos unidades de especialidad, cerraron el sitio para verificar los artefactos y evitar que pasaran de ser un susto a ser un titular más grave. Después, los materiales fueron trasladados a un despoblado para su destrucción controlada, que es el equivalente estatal a 'tíralos donde no molesten'.
Uno entiende que Chihuahua vive de la minería y que el gel explosivo es tan cotidiano en la sierra como el burrito de frijol. Lo que ya no cuadra tanto es la ruta logística: del barreno a la mina hay un camino, y del barreno al bote de basura de una calle habitada hay otro muy distinto, con paradas legales de por medio. Que semejante mercancía termine junto a los desechos domésticos de un barrio sugiere que a alguien le urgía deshacerse de evidencia sin llenar el formato correspondiente. Mientras tanto, el mensaje para el ciudadano de a pie es claro y contundente: en Parral, antes de aventar la bolsa al contenedor, conviene asomarse. Nunca se sabe qué joyita de la industria extractiva anda buscando jubilarse por la vía rápida.