La moto barata te la quitan; la peligrosa, adelante
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En Guadalajara hay dos noticias sobre motocicletas que, leídas juntas, dibujan una de esas obras maestras del absurdo burocrático que solo Jalisco produce en serie.
Primera noticia: la Secretaría de Transporte anda retirando motos que operaban como taxi a través de plataformas. El caso testigo es el de José Manuel, que quiso ir de Real de Valdepeñas a una plaza en La Estancia: en coche le cobraban 139 pesos; en moto, 97. Ahorro de 42 varos, tentación irresistible en tiempos de peso caro. Pero no: el servicio de pasajeros en moto está prohibido en el estado y la sanción puede llegar a 22 mil 628 pesos. Es decir, el ahorro de 42 pesos puede convertirse en una multa que equivale a 233 viajes que ya no vas a hacer. Matemática disuasoria de alto nivel.
Segunda noticia, mismo periódico, misma semana: entre enero y julio murieron 78 motociclistas en accidentes viales en el Área Metropolitana. Setenta y ocho. El parque de motos crece, la mortalidad crece con él y las autoridades reconocen que enfrentan el "desafío" de mejorar la seguridad. Desafío, esa palabra que en el diccionario oficial significa "cosa que sabemos que está mal pero que vamos a seguir viendo pasar".
Júntese todo y sale la política pública más honesta del año, aunque nadie la haya escrito así: la moto que te transporta barato es intolerable y se persigue con multas millonarias; la moto que te puede matar en la glorieta es, en cambio, parte del paisaje. Al usuario lo protegemos del precio accesible, no del asfalto. Que no se diga que el Estado no cuida a su gente: la cuida de los descuentos.
Uno entiende el argumento legal —una plataforma no puede transportar pasajeros en moto sin regulación, sin seguro, sin garantías— y hasta suena razonable. El problema es la jerarquía de urgencias. Con la misma energía con la que se decomisa una moto de app se podrían, por ejemplo, poner infraestructura ciclista, operativos de casco, sanciones a quien maneja como si la banqueta fuera opcional. Pero eso da más trabajo que quitarle la moto al repartidor.
Así que quedamos así: en Guadalajara puedes morir en moto, pero que no se te ocurra ahorrarte 42 pesos en una. Lo primero es una estadística; lo segundo, una infracción. Prioridades metropolitanas.
Primera noticia: la Secretaría de Transporte anda retirando motos que operaban como taxi a través de plataformas. El caso testigo es el de José Manuel, que quiso ir de Real de Valdepeñas a una plaza en La Estancia: en coche le cobraban 139 pesos; en moto, 97. Ahorro de 42 varos, tentación irresistible en tiempos de peso caro. Pero no: el servicio de pasajeros en moto está prohibido en el estado y la sanción puede llegar a 22 mil 628 pesos. Es decir, el ahorro de 42 pesos puede convertirse en una multa que equivale a 233 viajes que ya no vas a hacer. Matemática disuasoria de alto nivel.
Segunda noticia, mismo periódico, misma semana: entre enero y julio murieron 78 motociclistas en accidentes viales en el Área Metropolitana. Setenta y ocho. El parque de motos crece, la mortalidad crece con él y las autoridades reconocen que enfrentan el "desafío" de mejorar la seguridad. Desafío, esa palabra que en el diccionario oficial significa "cosa que sabemos que está mal pero que vamos a seguir viendo pasar".
Júntese todo y sale la política pública más honesta del año, aunque nadie la haya escrito así: la moto que te transporta barato es intolerable y se persigue con multas millonarias; la moto que te puede matar en la glorieta es, en cambio, parte del paisaje. Al usuario lo protegemos del precio accesible, no del asfalto. Que no se diga que el Estado no cuida a su gente: la cuida de los descuentos.
Uno entiende el argumento legal —una plataforma no puede transportar pasajeros en moto sin regulación, sin seguro, sin garantías— y hasta suena razonable. El problema es la jerarquía de urgencias. Con la misma energía con la que se decomisa una moto de app se podrían, por ejemplo, poner infraestructura ciclista, operativos de casco, sanciones a quien maneja como si la banqueta fuera opcional. Pero eso da más trabajo que quitarle la moto al repartidor.
Así que quedamos así: en Guadalajara puedes morir en moto, pero que no se te ocurra ahorrarte 42 pesos en una. Lo primero es una estadística; lo segundo, una infracción. Prioridades metropolitanas.