Sin recato ni temor: la temporada de campañas que no existe pero ya empezó
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La alcaldesa de Irapuato lanzó una queja que merece marco: los políticos, dice, andan adelantando sus campañas 'sin recato ni temor', tapizando la ciudad con publicidad para posicionar su nombre antes de tiempo. Y tiene toda la razón. El problema es de tono: sonó menos a denuncia y más a reseña envidiosa.
Porque el fenómeno es real y es descarado. Aspirantes que aún no son candidatos de un proceso que aún no arranca ya sonríen desde bardas, lonas y redes sociales con esa mirada de 'yo no ando en campaña, solo estoy saludando'. La modalidad favorita es el verbo disfrazado: no es propaganda, es 'informe'; no es campaña, es 'gestión'; no es promoción personal, es 'cercanía con la gente'. El diccionario político mexicano es una obra maestra del eufemismo.
La funcionaria advirtió que esto traerá repercusiones en el proceso interno de su partido, donde se busca coordinar nada menos que la Patria, la Familia y la Libertad. Con ese nombre, uno esperaría que los aspirantes se cuidaran un poco; resulta que la Patria, la Familia y la Libertad también se promocionan en espectacular. Y remató con la frase que todo político dice y ninguno cumple: los que quieran representar a la ciudadanía deben ser los primeros en respetar la ley. Amén. Ahora falta ver quién levanta la mano para ser el primero.
En Salamanca, por su parte, desde Morena avisaron que 'no hay cabida para ambiciosos vulgares'. Frase potente, digna de bordarse en un cojín. El detalle es que la ambición vulgar es como el mal aliento: todos lo detectan en los demás y nadie en sí mismo. En cuanto se apaga el micrófono, la fila de aspirantes con recato se forma sola, cada uno convencido de que él es la excepción decente entre puros arribistas.
Lo entrañable de esta danza es la sincronía: todos denuncian el adelanto de campañas mientras adelantan la suya. Es un acuerdo tácito de indignación mutua. La ciudadanía, entretanto, mira las lonas y hace la única campaña honesta que queda: la de tratar de recordar qué prometieron los mismos rostros la vez pasada. Falta un año largo para las urnas y la cartelera ya está saturada. Con ese entusiasmo por empezar antes de tiempo, uno sospecha que lo que sobra no es temor: es tiempo libre.
Porque el fenómeno es real y es descarado. Aspirantes que aún no son candidatos de un proceso que aún no arranca ya sonríen desde bardas, lonas y redes sociales con esa mirada de 'yo no ando en campaña, solo estoy saludando'. La modalidad favorita es el verbo disfrazado: no es propaganda, es 'informe'; no es campaña, es 'gestión'; no es promoción personal, es 'cercanía con la gente'. El diccionario político mexicano es una obra maestra del eufemismo.
La funcionaria advirtió que esto traerá repercusiones en el proceso interno de su partido, donde se busca coordinar nada menos que la Patria, la Familia y la Libertad. Con ese nombre, uno esperaría que los aspirantes se cuidaran un poco; resulta que la Patria, la Familia y la Libertad también se promocionan en espectacular. Y remató con la frase que todo político dice y ninguno cumple: los que quieran representar a la ciudadanía deben ser los primeros en respetar la ley. Amén. Ahora falta ver quién levanta la mano para ser el primero.
En Salamanca, por su parte, desde Morena avisaron que 'no hay cabida para ambiciosos vulgares'. Frase potente, digna de bordarse en un cojín. El detalle es que la ambición vulgar es como el mal aliento: todos lo detectan en los demás y nadie en sí mismo. En cuanto se apaga el micrófono, la fila de aspirantes con recato se forma sola, cada uno convencido de que él es la excepción decente entre puros arribistas.
Lo entrañable de esta danza es la sincronía: todos denuncian el adelanto de campañas mientras adelantan la suya. Es un acuerdo tácito de indignación mutua. La ciudadanía, entretanto, mira las lonas y hace la única campaña honesta que queda: la de tratar de recordar qué prometieron los mismos rostros la vez pasada. Falta un año largo para las urnas y la cartelera ya está saturada. Con ese entusiasmo por empezar antes de tiempo, uno sospecha que lo que sobra no es temor: es tiempo libre.