Modernizar lo que casi funciona: Pueblo Nuevo y el drenaje que no fallaba tanto
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Hay obras que resuelven un problema. Y hay obras que resuelven la ausencia de problema, que son las más valientes. En Pueblo Nuevo arrancará la rehabilitación de la calle 2 de Febrero, en el tramo entre el bulevar Migrante y la Calzada del Panteón, con drenaje nuevo incluido. La motivación, en palabras del propio presidente municipal, es de una honestidad conmovedora: el drenaje 'no ha fallado tanto, pero hay que modernizar'.
Ahí está, condensada, toda una filosofía de gobierno. No esperar a que algo se rompa: adelantarse a la falla que no llega. Es la versión municipal de cambiar un coche que todavía enciende porque ya salió el modelo nuevo. Uno no sabe si aplaudir la visión o pedir la lista completa de cosas que 'no fallan tanto' y aun así necesitan presupuesto.
Los números presumen buena intención: 244 metros lineales, cerca de dos millones y medio de pesos de recurso municipal, alrededor de mil quinientos beneficiarios directos y unos tres meses de trabajos. Todo suena redondo hasta que aparece la cláusula que ningún folleto pone en negritas: durante la obra, los vecinos se quedarán sin drenaje unos días. Es decir, para modernizar el drenaje que no fallaba, primero hay que quitar el drenaje que sí servía. La modernidad, como el dentista, primero duele.
Uno imagina la escena: mil quinientas personas esperando tres meses a que quede 'bien', con su drenaje nuevo reluciente, recordando con nostalgia aquellos días en que el viejo, humilde y funcional, simplemente hacía su trabajo sin llamar la atención. Habrá quien, a mitad de la obra, con la calle abierta y el olor característico del progreso, se atreva a susurrar la pregunta prohibida: ¿y si de veras no fallaba tanto?
Que quede claro: modernizar infraestructura es sano y meter drenaje nuevo casi nunca sobra. El municipio hasta prometió que 'quede bien', que es más de lo que uno se atreve a pedir. Pero hay algo profundamente mexicano en anunciar una obra con el argumento de que lo actual funciona. Es optimismo de Estado. Bienvenida sea la calle 2 de Febrero al futuro, aunque el futuro implique, por unos días, salir a la calle a extrañar el pasado.
Ahí está, condensada, toda una filosofía de gobierno. No esperar a que algo se rompa: adelantarse a la falla que no llega. Es la versión municipal de cambiar un coche que todavía enciende porque ya salió el modelo nuevo. Uno no sabe si aplaudir la visión o pedir la lista completa de cosas que 'no fallan tanto' y aun así necesitan presupuesto.
Los números presumen buena intención: 244 metros lineales, cerca de dos millones y medio de pesos de recurso municipal, alrededor de mil quinientos beneficiarios directos y unos tres meses de trabajos. Todo suena redondo hasta que aparece la cláusula que ningún folleto pone en negritas: durante la obra, los vecinos se quedarán sin drenaje unos días. Es decir, para modernizar el drenaje que no fallaba, primero hay que quitar el drenaje que sí servía. La modernidad, como el dentista, primero duele.
Uno imagina la escena: mil quinientas personas esperando tres meses a que quede 'bien', con su drenaje nuevo reluciente, recordando con nostalgia aquellos días en que el viejo, humilde y funcional, simplemente hacía su trabajo sin llamar la atención. Habrá quien, a mitad de la obra, con la calle abierta y el olor característico del progreso, se atreva a susurrar la pregunta prohibida: ¿y si de veras no fallaba tanto?
Que quede claro: modernizar infraestructura es sano y meter drenaje nuevo casi nunca sobra. El municipio hasta prometió que 'quede bien', que es más de lo que uno se atreve a pedir. Pero hay algo profundamente mexicano en anunciar una obra con el argumento de que lo actual funciona. Es optimismo de Estado. Bienvenida sea la calle 2 de Febrero al futuro, aunque el futuro implique, por unos días, salir a la calle a extrañar el pasado.