Zopilotes, árboles con descuento y policías de civil: la telenovela del Morebús
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El Morebús ya dejó de ser un proyecto de transporte para convertirse en la mejor serie del estado, con capítulos nuevos cada semana y un elenco que crece solo. Esta entrega trajo tres tramas simultáneas, todas protagonizadas por la misma incomodidad ciudadana que se niega a bajarse del camión narrativo.
Primer capítulo: la naturaleza. El Gobierno del Estado informó que en la obra de Tres Puentes ya no se afectarán los 49 árboles anunciados en un principio, sino que se reubicarán 27. Es una rebaja que suena maravillosa hasta que uno la lee dos veces. No es que se vayan a salvar 22 árboles adicionales de la nada: es que la cifra bajó y nos la presentan como logro ambiental. Mismo concreto, menos follaje, envuelto en papel de regalo verde. Reubicar un árbol adulto, además, es de esas promesas que se cumplen con la misma facilidad con la que un adolescente promete estudiar en vacaciones.
Segundo capítulo: la seguridad. Los manifestantes del plantón denunciaron que fueron cercados e intimidados por sujetos vestidos de civil. El gobernador salió a negar rotundamente haber mandado policías disfrazados de ciudadanos comunes. Y aquí está la magia de este tipo de desmentidos: para negar algo con tanta firmeza, primero hay que describirlo con lujo de detalle. Al final, el plantón queda con la duda sembrada y el gobierno con la incómoda tarea de explicar por qué había tanta gente de civil observando con tanto interés una protesta.
Tercer capítulo, el estelar: los zopilotes. El propio mandatario denunció que hay zopilotes políticos aprovechándose de la inconformidad contra el Morebús. Como imagen es potentísima, aunque quizá no en la dirección que él quería. Un zopilote, recordemos, no crea la carroña: solo aparece cuando ya hay algo tendido y sin moverse. Si el gobierno reconoce que hay zopilotes sobrevolando el proyecto, está admitiendo, sin querer, que hay algo ahí abajo que lleva un buen rato inmóvil y despide cierto tufo. La metáfora se le escapó de las manos y aterrizó del lado de los manifestantes.
Juntando las tres tramas, el panorama es de manual: un proyecto que reduce el número de árboles y lo llama victoria, que niega vigilar a quienes lo critican con un detalle sospechoso, y que describe a sus opositores como aves carroñeras sin notar lo que eso implica sobre el estado del propio proyecto. El Morebús todavía no traslada a un solo pasajero de rutina y ya moviliza árboles, activistas, policías y ornitología política completa.
Uno solo pide, como usuario y como espectador, que la próxima temporada incluya lo único que de verdad importa: camiones que sirvan, rutas que funcionen y una obra que no necesite tantos desmentidos para sostenerse. Mientras tanto, seguiremos aquí, viendo el cielo por si pasan más zopilotes.
Primer capítulo: la naturaleza. El Gobierno del Estado informó que en la obra de Tres Puentes ya no se afectarán los 49 árboles anunciados en un principio, sino que se reubicarán 27. Es una rebaja que suena maravillosa hasta que uno la lee dos veces. No es que se vayan a salvar 22 árboles adicionales de la nada: es que la cifra bajó y nos la presentan como logro ambiental. Mismo concreto, menos follaje, envuelto en papel de regalo verde. Reubicar un árbol adulto, además, es de esas promesas que se cumplen con la misma facilidad con la que un adolescente promete estudiar en vacaciones.
Segundo capítulo: la seguridad. Los manifestantes del plantón denunciaron que fueron cercados e intimidados por sujetos vestidos de civil. El gobernador salió a negar rotundamente haber mandado policías disfrazados de ciudadanos comunes. Y aquí está la magia de este tipo de desmentidos: para negar algo con tanta firmeza, primero hay que describirlo con lujo de detalle. Al final, el plantón queda con la duda sembrada y el gobierno con la incómoda tarea de explicar por qué había tanta gente de civil observando con tanto interés una protesta.
Tercer capítulo, el estelar: los zopilotes. El propio mandatario denunció que hay zopilotes políticos aprovechándose de la inconformidad contra el Morebús. Como imagen es potentísima, aunque quizá no en la dirección que él quería. Un zopilote, recordemos, no crea la carroña: solo aparece cuando ya hay algo tendido y sin moverse. Si el gobierno reconoce que hay zopilotes sobrevolando el proyecto, está admitiendo, sin querer, que hay algo ahí abajo que lleva un buen rato inmóvil y despide cierto tufo. La metáfora se le escapó de las manos y aterrizó del lado de los manifestantes.
Juntando las tres tramas, el panorama es de manual: un proyecto que reduce el número de árboles y lo llama victoria, que niega vigilar a quienes lo critican con un detalle sospechoso, y que describe a sus opositores como aves carroñeras sin notar lo que eso implica sobre el estado del propio proyecto. El Morebús todavía no traslada a un solo pasajero de rutina y ya moviliza árboles, activistas, policías y ornitología política completa.
Uno solo pide, como usuario y como espectador, que la próxima temporada incluya lo único que de verdad importa: camiones que sirvan, rutas que funcionen y una obra que no necesite tantos desmentidos para sostenerse. Mientras tanto, seguiremos aquí, viendo el cielo por si pasan más zopilotes.