Acuso primero, busco pruebas después: el método express de la política guanajuatense
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Hay denuncias que nacen con acta, con carpeta y con documentos engargolados. Y hay otras, más modernas, más ágiles, que nacen con la pura fe. A esta segunda escuela pertenece la reciente acusación de un regidor de oposición en Irapuato, quien señaló que el gobierno municipal 'compra' los premios internacionales que ha obtenido, y que esos reconocimientos representan un daño al erario público de la ciudad.
Hasta ahí, una crítica como cualquiera: seria, grave, con olor a escándalo. El problema vino en el segundo acto, cuando alguien —seguramente un aguafiestas— le preguntó lo impensable: ¿y las cifras? ¿los documentos? ¿el papelito que avala semejante afirmación? Y aquí la respuesta pasará a los anales de la retórica bajiense: dijo que esas cifras 'se tendrán que buscar' a través de la oficina de transparencia.
Detengámonos a saborear la maniobra. El acusador no trae las pruebas: las manda a conseguir. Denuncia hoy y encarga la investigación de su propia denuncia para después, como quien pide una pizza y avisa que la masa la traen ustedes. Es el 'compre ahora, pague nunca' aplicado a la vida pública. Un giro copernicano: en lugar de que las pruebas sostengan la acusación, aquí la acusación sale a buscar pruebas que la adopten.
Lo verdaderamente admirable es la confianza. Se necesita un temple envidiable para pararse frente a los micrófonos, afirmar que alguien anda comprando trofeos con dinero ajeno, y rematar con un elegante 'ustedes averíguenlo'. Es la denuncia en su forma más pura y desapegada: sin el estorbo de la evidencia, sin el peso muerto de un solo folio. La sospecha en estado gaseoso.
Mientras tanto, los premios siguen ahí, colgados donde sea que cuelguen los premios, sin poder defenderse ni confesar su presunto origen fraudulento. Y la ciudadanía, esa eterna espectadora, aprende una lección de educación cívica avanzada: en política, a veces basta con decirlo fuerte, decirlo seguro, y dejar que transparencia haga la tarea que uno no quiso hacer. Aplausos para la eficiencia. Un cero, redondito, para el archivo.
Hasta ahí, una crítica como cualquiera: seria, grave, con olor a escándalo. El problema vino en el segundo acto, cuando alguien —seguramente un aguafiestas— le preguntó lo impensable: ¿y las cifras? ¿los documentos? ¿el papelito que avala semejante afirmación? Y aquí la respuesta pasará a los anales de la retórica bajiense: dijo que esas cifras 'se tendrán que buscar' a través de la oficina de transparencia.
Detengámonos a saborear la maniobra. El acusador no trae las pruebas: las manda a conseguir. Denuncia hoy y encarga la investigación de su propia denuncia para después, como quien pide una pizza y avisa que la masa la traen ustedes. Es el 'compre ahora, pague nunca' aplicado a la vida pública. Un giro copernicano: en lugar de que las pruebas sostengan la acusación, aquí la acusación sale a buscar pruebas que la adopten.
Lo verdaderamente admirable es la confianza. Se necesita un temple envidiable para pararse frente a los micrófonos, afirmar que alguien anda comprando trofeos con dinero ajeno, y rematar con un elegante 'ustedes averíguenlo'. Es la denuncia en su forma más pura y desapegada: sin el estorbo de la evidencia, sin el peso muerto de un solo folio. La sospecha en estado gaseoso.
Mientras tanto, los premios siguen ahí, colgados donde sea que cuelguen los premios, sin poder defenderse ni confesar su presunto origen fraudulento. Y la ciudadanía, esa eterna espectadora, aprende una lección de educación cívica avanzada: en política, a veces basta con decirlo fuerte, decirlo seguro, y dejar que transparencia haga la tarea que uno no quiso hacer. Aplausos para la eficiencia. Un cero, redondito, para el archivo.