Manual de crisis michoacano: cuando no hay respuesta, remoje su bigote
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Hay frases que nacen para el olvido y frases que nacen para la placa de bronce. La diputada con licencia Gladyz Butanda logró, en una sola semana, las dos cosas, y en orden inverso al recomendable.
Primero vino la negación de manual: las protestas contra el Morebús, aseguró, no le afectaron. Nada. Cero. Es la clase de declaración que solo pronuncia quien lleva días contando manifestantes desde la ventana. Cuando alguien tiene que salir a aclarar que algo no le afectó, ya nos dijo, sin querer, exactamente cuánto le afectó. Y por si la serenidad no convencía, agregó el ingrediente clásico del recetario político nacional: detrás de las movilizaciones hay "intereses políticos". Por supuesto. En Michoacán jamás protesta la gente por gusto ni por hartazgo; siempre hay un titiritero, siempre hay una mano que mece la cuna, siempre es culpa de alguien con nombre y apellido que casualmente no es uno mismo.
Pero la obra maestra llegó después, hablando del rechazo interno a un correligionario. En vez de diagnóstico, autocrítica o siquiera una evasiva decente, la política ofreció consejo de barbería: "pongamos las barbas a remojo, o el bigote". Y ahí quedó retratado el nivel de introspección de la clase dirigente: ante la crisis, no se convoca a la reflexión, se convoca a la palangana. Que cada quien remoje lo que tenga. El barbudo, su barba; el bigotón, su bigote; y el que ande lampiño que se apure a dejarse crecer algo antes de la próxima asamblea, no vaya a quedar fuera del ritual purificador.
Lo entrañable del asunto es la sinceridad involuntaria. Porque "poner las barbas a remojo" significa, en el refranero, prepararse para lo que viene porque al vecino ya le pasó. Es decir: la señora advirtió, con toda claridad, que ahí adentro nadie está a salvo y que el rechazo de hoy puede ser el de cualquiera mañana. Nunca una recomendación capilar dijo tanto sobre el estado de ánimo de un partido en plena guerra interna.
Así que quede el consejo para la posteridad, cortesía de la política michoacana: si no tienes respuesta, higiene. Si no tienes proyecto, refrán. Y si de plano no tienes nada, siempre te quedará el bigote, mojándose solito mientras la ciudad sigue peleándose por el camión.
Primero vino la negación de manual: las protestas contra el Morebús, aseguró, no le afectaron. Nada. Cero. Es la clase de declaración que solo pronuncia quien lleva días contando manifestantes desde la ventana. Cuando alguien tiene que salir a aclarar que algo no le afectó, ya nos dijo, sin querer, exactamente cuánto le afectó. Y por si la serenidad no convencía, agregó el ingrediente clásico del recetario político nacional: detrás de las movilizaciones hay "intereses políticos". Por supuesto. En Michoacán jamás protesta la gente por gusto ni por hartazgo; siempre hay un titiritero, siempre hay una mano que mece la cuna, siempre es culpa de alguien con nombre y apellido que casualmente no es uno mismo.
Pero la obra maestra llegó después, hablando del rechazo interno a un correligionario. En vez de diagnóstico, autocrítica o siquiera una evasiva decente, la política ofreció consejo de barbería: "pongamos las barbas a remojo, o el bigote". Y ahí quedó retratado el nivel de introspección de la clase dirigente: ante la crisis, no se convoca a la reflexión, se convoca a la palangana. Que cada quien remoje lo que tenga. El barbudo, su barba; el bigotón, su bigote; y el que ande lampiño que se apure a dejarse crecer algo antes de la próxima asamblea, no vaya a quedar fuera del ritual purificador.
Lo entrañable del asunto es la sinceridad involuntaria. Porque "poner las barbas a remojo" significa, en el refranero, prepararse para lo que viene porque al vecino ya le pasó. Es decir: la señora advirtió, con toda claridad, que ahí adentro nadie está a salvo y que el rechazo de hoy puede ser el de cualquiera mañana. Nunca una recomendación capilar dijo tanto sobre el estado de ánimo de un partido en plena guerra interna.
Así que quede el consejo para la posteridad, cortesía de la política michoacana: si no tienes respuesta, higiene. Si no tienes proyecto, refrán. Y si de plano no tienes nada, siempre te quedará el bigote, mojándose solito mientras la ciudad sigue peleándose por el camión.