No lo politicen: 750 policías para un Grito y una comisión que se investiga a sí misma
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El secretario de Seguridad municipal de Morelia nos pide un favor: que no politicemos el caso del presunto abuso de autoridad de la Policía Morelia contra una menor de 15 años. Lo pide un funcionario político, en una conferencia política, sobre un hecho que involucra a una corporación que depende de decisiones políticas. Pero nosotros, ciudadanía malpensada, somos los que estaríamos politizando. Entendido, señor secretario: aquí no ha pasado nada que no sea estrictamente técnico y desangelado.
Para que quede claro que la casa se toma en serio, será la Comisión de Honor y Justicia de la propia Policía Morelia la que determine si hubo abuso. Es decir, la corporación se investiga a sí misma, con su propio nombre de por medio, apostando a que el resultado no la incomode. Es el equivalente institucional de pedirle al que rompió el plato que redacte el peritaje del plato roto, y encima firmarlo con la palabra "Honor" a la vista. Uno quisiera compartir el optimismo, pero el historial de estos autoexámenes suele calificarse solo con dieces.
Y mientras el caso se "despolitiza" a fuerza de comunicados, la misma secretaría anuncia con orgullo su gran despliegue patrio: 300 policías para el Grito de Independencia en la plaza y otros 450 cuidando "el resto de la ciudad". Setecientos cincuenta uniformados movilizados para que un funcionario agite una campana y diga "¡viva México!" durante minuto y medio. Nunca tan protegido estuvo un balcón; nunca tan sola se sintió la banqueta el resto del año.
La aritmética es la que delata la prioridad. Cuando se trata de blindar la ceremonia, el Estado despliega batallones; cuando se trata de blindar a una adolescente, despliega una comisión interna y una súplica de que no hagamos ruido. La seguridad, en versión michoacana, funciona como reflector: alumbra con generosidad el escenario donde alguien va a salir en la foto, y deja en penumbra todo lo que preferiría que nadie mirara.
Así que este 15 de septiembre, cuando cuente a los 750 elementos formaditos alrededor del kiosco, recuerde el trato: usted mira la pirotecnia, no la letra chica. Grite "¡viva México!" con toda la fuerza de sus pulmones, que para eso hay presupuesto. Y guarde las preguntas incómodas para después, cuando ya no haya reflectores, ni banda de guerra, ni nadie pidiéndole, muy amablemente, que no politice.
Para que quede claro que la casa se toma en serio, será la Comisión de Honor y Justicia de la propia Policía Morelia la que determine si hubo abuso. Es decir, la corporación se investiga a sí misma, con su propio nombre de por medio, apostando a que el resultado no la incomode. Es el equivalente institucional de pedirle al que rompió el plato que redacte el peritaje del plato roto, y encima firmarlo con la palabra "Honor" a la vista. Uno quisiera compartir el optimismo, pero el historial de estos autoexámenes suele calificarse solo con dieces.
Y mientras el caso se "despolitiza" a fuerza de comunicados, la misma secretaría anuncia con orgullo su gran despliegue patrio: 300 policías para el Grito de Independencia en la plaza y otros 450 cuidando "el resto de la ciudad". Setecientos cincuenta uniformados movilizados para que un funcionario agite una campana y diga "¡viva México!" durante minuto y medio. Nunca tan protegido estuvo un balcón; nunca tan sola se sintió la banqueta el resto del año.
La aritmética es la que delata la prioridad. Cuando se trata de blindar la ceremonia, el Estado despliega batallones; cuando se trata de blindar a una adolescente, despliega una comisión interna y una súplica de que no hagamos ruido. La seguridad, en versión michoacana, funciona como reflector: alumbra con generosidad el escenario donde alguien va a salir en la foto, y deja en penumbra todo lo que preferiría que nadie mirara.
Así que este 15 de septiembre, cuando cuente a los 750 elementos formaditos alrededor del kiosco, recuerde el trato: usted mira la pirotecnia, no la letra chica. Grite "¡viva México!" con toda la fuerza de sus pulmones, que para eso hay presupuesto. Y guarde las preguntas incómodas para después, cuando ya no haya reflectores, ni banda de guerra, ni nadie pidiéndole, muy amablemente, que no politice.