El Valle de México ya tiene 84 municipios; el chiste, uno solo
Tamaño de letra
En la semana en que el Valle de México estrenó ocho municipios nuevos —de 76 pasamos a 84, con Huitzilac de Morelos debutando en la foto familiar—, la clase política demostró que la metrópoli puede crecer todo lo que quiera: el nivel de sus ocurrencias es infinito y no necesita declaratoria en el Diario Oficial.
Empecemos por el hit del verano. Mientras Morena intentaba apagar el incendio del caso Rocha Moya, dos de sus cuadros más visibles fueron captados coreando a Rosalía. Uno entiende: después de una semana explicando licencias, reincorporaciones y nuevas licencias, cualquiera necesita catarsis con reguetón de autor. El problema no es que un funcionario vaya a un concierto —tiene todo el derecho—, sino la coreografía involuntaria: el partido cerrando filas por un lado y sus figuras cerrando los ojos para sentir el bajo por el otro. En política, ya se sabe, a veces una foto vale más que un comunicado; y esta valía, mínimo, el precio del boleto en reventa.
Hablando de Rocha: el gobernador de Sinaloa protagonizó la telenovela más eficiente del año. Regresó al cargo, causó revuelo y volvió a pedir licencia antes de que se enfriara el café. Morena, con la elegancia de quien no quiere agarrar el clavo caliente, mandó el asunto a la Comisión Nacional de Honestidad y Justicia, ese Triángulo de las Bermudas institucional donde los expedientes entran y nadie jura haberlos visto salir. Mientras tanto, Graciela Domínguez asumió el interinato prometiendo recuperar la confianza, que es como recibir las llaves de una casa avisando que primero hay que revisar la instalación de gas.
En el terreno cromático, el Tribunal Electoral se perfila para ordenarle a Somos México que cambie nombre, emblema y colores porque se parece demasiado a la competencia. Es el reclamo más honesto que ha hecho la política mexicana en años: por fin alguien admite oficialmente que todos los partidos se parecen. La diferencia, nos aseguran, estaba en el Pantone. Habrá que ver con qué tono resuelven la crisis de identidad; sugerimos un color que nadie más quiera, como el beige de las promesas de campaña.
Volviendo al Valle recién ampliado: la buena noticia es que ahora somos 84 municipios; la mala, que seguimos compartiendo el mismo bache. La zona metropolitana crece en el mapa mientras la ciudad debate si expandir Ecobici significa, de pasada, tapizar la urbe con cuatro mil espacios nuevos de publicidad y seiscientas pantallas luminosas. El futuro es pedalear entre anuncios: movilidad sustentable con vista panorámica a un espectacular que te vende un coche.
En Nuevo León, en cambio, se izó la bandera blanca: la pobreza extrema, nos dicen, prácticamente desapareció al bajar de 2% a menos de 0.5%. Enhorabuena, de verdad. Solo pedimos que la misma bandera blanca no se despliegue, por accidente, sobre los pendientes que nadie quiso combatir con la misma épica.
Y para cerrar el noticiero del ingenio nacional, la CDMX detuvo a dos hombres que cobraban por presentar el examen de admisión de la UNAM en línea en lugar de los aspirantes. Un servicio de outsourcing intelectual montado desde una academia, con instructores presuntamente cómplices. El detalle poético: quisieron entrar a la máxima casa de estudios mediante trampa y lo único que estudiaron a fondo fue el Código Penal.
Mención honorífica para el episodio más surrealista de la semana en la Gustavo A. Madero, donde un hombre fue detenido tras trasladar a un conocido que ya no respondía, con la intención —dijo— de llevarlo con sus familiares. No hay ironía que le gane a la escena; solo constatamos que hasta para pedir ayuda hay quien elige el método más complicado.
Ochenta y cuatro municipios, tres estados en la mesa, una comisión de honestidad, un concierto y un Pantone en disputa. El Valle de México se modernizó en el papel. En la calle, seguimos esperando que alguien firme la declaratoria que de verdad importa: la del sentido común. Ese trámite, por lo visto, sigue en revisión.
Empecemos por el hit del verano. Mientras Morena intentaba apagar el incendio del caso Rocha Moya, dos de sus cuadros más visibles fueron captados coreando a Rosalía. Uno entiende: después de una semana explicando licencias, reincorporaciones y nuevas licencias, cualquiera necesita catarsis con reguetón de autor. El problema no es que un funcionario vaya a un concierto —tiene todo el derecho—, sino la coreografía involuntaria: el partido cerrando filas por un lado y sus figuras cerrando los ojos para sentir el bajo por el otro. En política, ya se sabe, a veces una foto vale más que un comunicado; y esta valía, mínimo, el precio del boleto en reventa.
Hablando de Rocha: el gobernador de Sinaloa protagonizó la telenovela más eficiente del año. Regresó al cargo, causó revuelo y volvió a pedir licencia antes de que se enfriara el café. Morena, con la elegancia de quien no quiere agarrar el clavo caliente, mandó el asunto a la Comisión Nacional de Honestidad y Justicia, ese Triángulo de las Bermudas institucional donde los expedientes entran y nadie jura haberlos visto salir. Mientras tanto, Graciela Domínguez asumió el interinato prometiendo recuperar la confianza, que es como recibir las llaves de una casa avisando que primero hay que revisar la instalación de gas.
En el terreno cromático, el Tribunal Electoral se perfila para ordenarle a Somos México que cambie nombre, emblema y colores porque se parece demasiado a la competencia. Es el reclamo más honesto que ha hecho la política mexicana en años: por fin alguien admite oficialmente que todos los partidos se parecen. La diferencia, nos aseguran, estaba en el Pantone. Habrá que ver con qué tono resuelven la crisis de identidad; sugerimos un color que nadie más quiera, como el beige de las promesas de campaña.
Volviendo al Valle recién ampliado: la buena noticia es que ahora somos 84 municipios; la mala, que seguimos compartiendo el mismo bache. La zona metropolitana crece en el mapa mientras la ciudad debate si expandir Ecobici significa, de pasada, tapizar la urbe con cuatro mil espacios nuevos de publicidad y seiscientas pantallas luminosas. El futuro es pedalear entre anuncios: movilidad sustentable con vista panorámica a un espectacular que te vende un coche.
En Nuevo León, en cambio, se izó la bandera blanca: la pobreza extrema, nos dicen, prácticamente desapareció al bajar de 2% a menos de 0.5%. Enhorabuena, de verdad. Solo pedimos que la misma bandera blanca no se despliegue, por accidente, sobre los pendientes que nadie quiso combatir con la misma épica.
Y para cerrar el noticiero del ingenio nacional, la CDMX detuvo a dos hombres que cobraban por presentar el examen de admisión de la UNAM en línea en lugar de los aspirantes. Un servicio de outsourcing intelectual montado desde una academia, con instructores presuntamente cómplices. El detalle poético: quisieron entrar a la máxima casa de estudios mediante trampa y lo único que estudiaron a fondo fue el Código Penal.
Mención honorífica para el episodio más surrealista de la semana en la Gustavo A. Madero, donde un hombre fue detenido tras trasladar a un conocido que ya no respondía, con la intención —dijo— de llevarlo con sus familiares. No hay ironía que le gane a la escena; solo constatamos que hasta para pedir ayuda hay quien elige el método más complicado.
Ochenta y cuatro municipios, tres estados en la mesa, una comisión de honestidad, un concierto y un Pantone en disputa. El Valle de México se modernizó en el papel. En la calle, seguimos esperando que alguien firme la declaratoria que de verdad importa: la del sentido común. Ese trámite, por lo visto, sigue en revisión.