Garantizado hasta 2038: en Juárez la basura tiene contrato más estable que cualquier empleo
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Si usted busca certidumbre laboral en Chihuahua, malas noticias: ningún trabajo se la ofrece. Pero si usted es basura, enhorabuena: tiene futuro asegurado hasta el año 2038. Eso es lo que se desprende de las concesiones firmadas en 2023 para el acopio, traslado y disposición final de los residuos de Ciudad Juárez, que contemplan pagos de hasta 826 pesos por tonelada y, detalle exquisito, ajustes anuales por inflación.
Detengámonos en la palabra clave: 2038. Para que el lector dimensione el compromiso, quien hoy entra a primero de primaria saldrá de la preparatoria todavía amparado por este contrato. Tres elecciones municipales pasarán; alcaldes irán y vendrán; cambiarán las modas, los teléfonos y hasta el escudo del equipo de futbol favorito. Lo único inamovible será el camión recolector y su factura puntualmente indexada.
La joya de la corona es que el acuerdo compromete a futuras administraciones. Es decir, alcaldes que todavía ni saben que van a ser alcaldes ya tienen firmada la cláusula de la basura. Llegarán al cargo con la ilusión de transformar la ciudad y descubrirán que su margen de maniobra incluye, palabra textual, recoger lo que otros decidieron desde 2023. Democracia con candado, pero ecológica.
Resulta entrañable el contraste: en un estado donde para todo lo demás "no hay presupuesto", para garantizar doce años de recolección con ajuste inflacionario sí hubo plumas, notarios y voluntad. La basura, al menos, no genera incertidumbre. Sabe a dónde va, cuánto cuesta y por cuánto tiempo. Más de lo que puede decir cualquier juarense sobre su propia hipoteca.
Que quede claro el aprendizaje del día: en Chihuahua, lo desechable es lo único con planeación a largo plazo. El resto improvisa.
Detengámonos en la palabra clave: 2038. Para que el lector dimensione el compromiso, quien hoy entra a primero de primaria saldrá de la preparatoria todavía amparado por este contrato. Tres elecciones municipales pasarán; alcaldes irán y vendrán; cambiarán las modas, los teléfonos y hasta el escudo del equipo de futbol favorito. Lo único inamovible será el camión recolector y su factura puntualmente indexada.
La joya de la corona es que el acuerdo compromete a futuras administraciones. Es decir, alcaldes que todavía ni saben que van a ser alcaldes ya tienen firmada la cláusula de la basura. Llegarán al cargo con la ilusión de transformar la ciudad y descubrirán que su margen de maniobra incluye, palabra textual, recoger lo que otros decidieron desde 2023. Democracia con candado, pero ecológica.
Resulta entrañable el contraste: en un estado donde para todo lo demás "no hay presupuesto", para garantizar doce años de recolección con ajuste inflacionario sí hubo plumas, notarios y voluntad. La basura, al menos, no genera incertidumbre. Sabe a dónde va, cuánto cuesta y por cuánto tiempo. Más de lo que puede decir cualquier juarense sobre su propia hipoteca.
Que quede claro el aprendizaje del día: en Chihuahua, lo desechable es lo único con planeación a largo plazo. El resto improvisa.