El día que Chihuahua descubrió el aplauso unánime como sistema de justicia
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Hubo una vez, y esa vez fue esta semana, un informe de gobierno donde todos estuvieron de acuerdo. La magistrada presidenta del Tribunal Superior de Justicia rindió su primer informe al frente del Poder Judicial y presentó cifras que, hay que decirlo, suenan bien: setenta y tres mil resoluciones, citas que bajaron de seis semanas a un día hábil, órdenes de protección emitidas en noventa minutos las veinticuatro horas, y una estrategia con nombre de telenovela vespertina, 'Justicia Cercana'. Todo correcto. Todo medible. Todo aplaudido.
El problema, para quien disfruta el deporte del escepticismo, no estuvo en el estrado sino en las butacas. Porque al micrófono desfiló una alineación digna de final de liga: el alcalde de la capital certificó que el Poder Judicial 'cumple expectativas'; el secretario de Seguridad confesó que 'tenía sus reservas' pero que todo salió mejor de lo esperado; la presidenta del instituto electoral calificó de exitosa la conformación; el líder empresarial celebró la conciliación; y el secretario general de Gobierno aportó el bronce para el monumento con aquello de que 'sin jueces libres no hay ley que valga'. Un pleno perfecto. Diez de diez jueces del jurado dieron nota máxima.
Y ahí está el detalle que a uno le pica. Un Poder que apenas cumple un año, nacido de la primera elección directa de juzgadores del estado, recibe la calificación que ni las abuelas dan en Navidad. Cuando el gobernante evalúa, el evaluado aplaude y el aplaudido gobierna, el círculo queda tan cerrado y tan cálido que ya no cabe ni una duda razonable, que es precisamente el insumo con el que trabaja la justicia. Nadie pide que el informe fuera un funeral; solo que en la sala hubiera existido, aunque fuera de adorno, una sola ceja levantada.
Habrá que esperar al segundo informe. Para entonces sabremos si 'Justicia Cercana' significa que la justicia se acercó a la gente, o que todos los que evalúan a la justicia ya estaban muy cerca desde el principio.
El problema, para quien disfruta el deporte del escepticismo, no estuvo en el estrado sino en las butacas. Porque al micrófono desfiló una alineación digna de final de liga: el alcalde de la capital certificó que el Poder Judicial 'cumple expectativas'; el secretario de Seguridad confesó que 'tenía sus reservas' pero que todo salió mejor de lo esperado; la presidenta del instituto electoral calificó de exitosa la conformación; el líder empresarial celebró la conciliación; y el secretario general de Gobierno aportó el bronce para el monumento con aquello de que 'sin jueces libres no hay ley que valga'. Un pleno perfecto. Diez de diez jueces del jurado dieron nota máxima.
Y ahí está el detalle que a uno le pica. Un Poder que apenas cumple un año, nacido de la primera elección directa de juzgadores del estado, recibe la calificación que ni las abuelas dan en Navidad. Cuando el gobernante evalúa, el evaluado aplaude y el aplaudido gobierna, el círculo queda tan cerrado y tan cálido que ya no cabe ni una duda razonable, que es precisamente el insumo con el que trabaja la justicia. Nadie pide que el informe fuera un funeral; solo que en la sala hubiera existido, aunque fuera de adorno, una sola ceja levantada.
Habrá que esperar al segundo informe. Para entonces sabremos si 'Justicia Cercana' significa que la justicia se acercó a la gente, o que todos los que evalúan a la justicia ya estaban muy cerca desde el principio.