El Tribunal rescató a la ironía justo antes de la veda
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Hay noticias que uno agradece de rodillas, y ésta es una de ellas. La Sala Superior del Tribunal Electoral le ordenó por unanimidad al INE modificar sus Lineamientos para el Monitoreo de Medios rumbo al proceso 2026-2027, en particular la ya célebre variable 14, porque sancionar la ironía sin reglas claras inhibe la libre opinión pública. Es decir: los magistrados tuvieron que sentarse a deliberar formalmente si burlarse es delito. Spoiler: no lo es. Aún.
Para quienes vivimos de exprimirle el jugo satírico a la realidad jalisciense, la resolución cae como agua bendita —y aquí el agua, ya sabemos, es artículo de lujo—. Imagínense el escenario alterno: un monitoreo de medios donde un algoritmo con cara de notario decide si aquel adjetivo fue 'información' o 'opinión', si aquella metáfora fue análisis serio o carcajada disfrazada. Un país entero midiendo el humor con transportador, como quien revisa que el chile en nogada traiga exactamente los granos de granada reglamentarios.
Lo delicioso del asunto es la paradoja: para proteger la libertad de expresión hubo que redactar un fallo tan solemne que da risa. La institución que audita la neutralidad tuvo que reconocer que no hay fórmula estadística que capture el sarcasmo, porque el sarcasmo, por definición, vive de decir una cosa para señalar la contraria. Buena suerte programando eso en una hoja de cálculo.
El Tribunal aclara que la intención no era censurar, sino ordenar. Le creemos, faltaba más. Pero el mensaje de fondo es un recordatorio incómodo: cada tanto, alguien con ganas de reglamentar se acuerda de que existimos los que hacemos chiste con las conferencias, los presupuestos y las promesas de acueducto. Y cada tanto, por fortuna, otro alguien con toga responde que la democracia también se sostiene con una buena carcajada bien puesta.
Así que gracias, magistrados. Sin quererlo, nos extendieron el permiso de trabajo. Prometemos usarlo con responsabilidad: seguiremos burlándonos de los dichos, los tropiezos y las ocurrencias públicas, nunca de nadie sin razón. Palabra de puesto de sátira. Ahora, si nos disculpan, tenemos varias ironías pendientes que redactar antes de que a alguien se le ocurra inventar la variable 15.
Para quienes vivimos de exprimirle el jugo satírico a la realidad jalisciense, la resolución cae como agua bendita —y aquí el agua, ya sabemos, es artículo de lujo—. Imagínense el escenario alterno: un monitoreo de medios donde un algoritmo con cara de notario decide si aquel adjetivo fue 'información' o 'opinión', si aquella metáfora fue análisis serio o carcajada disfrazada. Un país entero midiendo el humor con transportador, como quien revisa que el chile en nogada traiga exactamente los granos de granada reglamentarios.
Lo delicioso del asunto es la paradoja: para proteger la libertad de expresión hubo que redactar un fallo tan solemne que da risa. La institución que audita la neutralidad tuvo que reconocer que no hay fórmula estadística que capture el sarcasmo, porque el sarcasmo, por definición, vive de decir una cosa para señalar la contraria. Buena suerte programando eso en una hoja de cálculo.
El Tribunal aclara que la intención no era censurar, sino ordenar. Le creemos, faltaba más. Pero el mensaje de fondo es un recordatorio incómodo: cada tanto, alguien con ganas de reglamentar se acuerda de que existimos los que hacemos chiste con las conferencias, los presupuestos y las promesas de acueducto. Y cada tanto, por fortuna, otro alguien con toga responde que la democracia también se sostiene con una buena carcajada bien puesta.
Así que gracias, magistrados. Sin quererlo, nos extendieron el permiso de trabajo. Prometemos usarlo con responsabilidad: seguiremos burlándonos de los dichos, los tropiezos y las ocurrencias públicas, nunca de nadie sin razón. Palabra de puesto de sátira. Ahora, si nos disculpan, tenemos varias ironías pendientes que redactar antes de que a alguien se le ocurra inventar la variable 15.