Sin aviso y sin gracias: así se despidió el Estado de más de cien chalecos azules
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Resulta que en Chihuahua hay presupuesto para garantizar la recolección de basura hasta 2038, pero no para avisarle a un trabajador que ya está despedido. Más de cien integrantes del programa "Chalecos Azules" de la Secretaría de Desarrollo Humano y Bien Común denunciaron haber sido dados de baja sin previo aviso ni notificación formal. Varios de ellos, personas con discapacidad. La dependencia atribuyó la medida a recortes presupuestales.
El último pago lo recibieron el 28 de mayo. Nadie les dijo que sería el último. No hubo reunión, no hubo carta, no hubo el clásico y módico "gracias por su servicio". Según el testimonio de Miguel Ramírez, fueron "corridos" sin convocatoria alguna. La Secretaría que lleva en el nombre las palabras "Desarrollo Humano" y "Bien Común" ejecutó un despido que falló, justamente, en lo humano y en lo común.
Uno entiende que los recortes existen, que los presupuestos no son infinitos y que a veces hay que apretar el cinturón. Lo que cuesta más trabajo digerir es la economía de la cortesía: ahorrar hasta en el "adiós". Avisar no cuesta. Un mensaje, una llamada, una reunión de cinco minutos. Pero parece que en la fila de prioridades, informarle a una persona con discapacidad que se quedó sin ingreso quedó por debajo de cualquier otro pendiente.
El detalle que duele es el contraste institucional. La misma maquinaria que firma concesiones a doce años, que organiza Mercaditos Más Baratos con miles de familias y que sube videos sobre soberanía nacional, no encontró el momento ni la forma de notificar un despido masivo. La burocracia, tan veloz para lo grande, se volvió muda para lo elemental.
Moraleja del Bien Común: en la administración del bienestar ajeno, lo primero que se recortó no fue el gasto. Fue la decencia de despedirse de frente.
El último pago lo recibieron el 28 de mayo. Nadie les dijo que sería el último. No hubo reunión, no hubo carta, no hubo el clásico y módico "gracias por su servicio". Según el testimonio de Miguel Ramírez, fueron "corridos" sin convocatoria alguna. La Secretaría que lleva en el nombre las palabras "Desarrollo Humano" y "Bien Común" ejecutó un despido que falló, justamente, en lo humano y en lo común.
Uno entiende que los recortes existen, que los presupuestos no son infinitos y que a veces hay que apretar el cinturón. Lo que cuesta más trabajo digerir es la economía de la cortesía: ahorrar hasta en el "adiós". Avisar no cuesta. Un mensaje, una llamada, una reunión de cinco minutos. Pero parece que en la fila de prioridades, informarle a una persona con discapacidad que se quedó sin ingreso quedó por debajo de cualquier otro pendiente.
El detalle que duele es el contraste institucional. La misma maquinaria que firma concesiones a doce años, que organiza Mercaditos Más Baratos con miles de familias y que sube videos sobre soberanía nacional, no encontró el momento ni la forma de notificar un despido masivo. La burocracia, tan veloz para lo grande, se volvió muda para lo elemental.
Moraleja del Bien Común: en la administración del bienestar ajeno, lo primero que se recortó no fue el gasto. Fue la decencia de despedirse de frente.