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El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 8 de octubre, 2026
Michoacán • Nota • 27 de agosto de 2026

Barragán ya cortó el pastel; los votos, todavía en veremos

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Barragán ya cortó el pastel; los votos, todavía en veremos
Hay quien espera el resultado oficial y hay quien, con la serenidad de un profeta que ya vio la boleta en sueños, canta victoria antes de que el árbitro haga cuentas. En la interna de Morena por Morelia, el diputado Fidel Barragán optó por la segunda escuela: aún sin conteo oficial, ya proclamó ganador a Raúl Morón y hasta adelantó que vendrá 'humildad' y un plan 'para que todos los liderazgos quepan'. Conmovedor. Nada dice humildad como declararte vencedor tú mismo, antes de tiempo y en voz alta.

El detalle técnico —ese pequeño estorbo— es que el resultado no ha salido. Pero para qué esperar a que la autoridad correspondiente confirme lo que la fe partidista ya dio por hecho. En la política michoacana, el conteo oficial se ha vuelto una formalidad tan decorativa como el moño de un regalo que ya se abrió: bonito, pero llega tarde a su propia fiesta. El acarreo de certezas se adelanta al acarreo de urnas.

Y luego está la joya semántica: un plan para que 'todos los liderazgos quepan'. Traducción del morenismo clásico: hay más liderazgos que sillas, y la coreografía consiste en que nadie tire la mesa mientras se reparten los lugares. Cabrán todos, sí, apretaditos, como en combi a hora pico, cada quien sosteniéndose de donde pueda y jurando que el proyecto es de unidad. La humildad prometida, uno intuye, se distribuye igual que las candidaturas: primero los de adelante.

Mientras tanto, el militante de a pie observa el espectáculo de siempre: dirigentes pidiendo 'serenidad' y 'respeto a los procesos institucionales' con una mano, y adjudicándose el triunfo con la otra. El proceso institucional, ese señor respetadísimo al que todos invocan hasta que estorba. Que gane quien tenga que ganar; pero, por favor, que primero cuenten. Cantar victoria antes del resultado no es optimismo: es contarle el final a la película a quien todavía está formándose para entrar. La campana del conteo aún no suena, y ya hay quien reparte el pastel del que nadie ha visto la báscula.