El milagro del Morebús: talar sin talar, avanzar sin mover
Tamaño de letra
Dos jueces federales resolvieron una de esas paradojas dignas de examen de filosofía: las obras del Morebús deben continuar, pero sin talar árboles. Amparos concedidos, obra que sigue. En Morelia acabamos de inventar la construcción cuántica: el proyecto avanza y no avanza al mismo tiempo, la motosierra existe y no existe, según quién abra la carpeta del expediente.
El fallo tiene una elegancia burocrática admirable. No dice 'paren'; dice 'sigan, pero pórtense bien con los árboles'. Es el equivalente jurídico de decirle a alguien que puede seguir comiendo pastel siempre y cuando no toque el pastel. Alguien, en algún despacho con aire acondicionado, tendrá que traducir esa poesía a picos, palas y trazos de concreto, y explicarle al ingeniero que la ruta debe pasar exactamente por donde estaba el árbol, sin que al árbol le pase nada. Suerte con eso.
Mientras los abogados celebran el matiz y los funcionarios celebran que la obra 'no se detiene', el árbol —la única parte del conflicto que no tiene despacho ni vocero— espera a ver de qué lado del amparo le toca quedar. Porque en el papel todo cabe: la movilidad sustentable, el transporte moderno, el pulmón urbano y la fecha de inauguración, todos apretaditos en el mismo párrafo, como invitados que se odian en una boda pero sonríen para la foto.
La buena noticia es que la justicia habló. La incómoda es que habló en jeroglífico. Habrá que ver si la obra realmente aprende a esquivar troncos o si, como suele ocurrir, el 'sin talar' termina interpretándose con la flexibilidad de una liga vieja. Por lo pronto, Morelia suma un logro conceptual: el transporte del futuro se construye respetando el pasado, siempre que el pasado no estorbe la ruta. Ya veremos cuántos árboles sobreviven a tan fina redacción.
El fallo tiene una elegancia burocrática admirable. No dice 'paren'; dice 'sigan, pero pórtense bien con los árboles'. Es el equivalente jurídico de decirle a alguien que puede seguir comiendo pastel siempre y cuando no toque el pastel. Alguien, en algún despacho con aire acondicionado, tendrá que traducir esa poesía a picos, palas y trazos de concreto, y explicarle al ingeniero que la ruta debe pasar exactamente por donde estaba el árbol, sin que al árbol le pase nada. Suerte con eso.
Mientras los abogados celebran el matiz y los funcionarios celebran que la obra 'no se detiene', el árbol —la única parte del conflicto que no tiene despacho ni vocero— espera a ver de qué lado del amparo le toca quedar. Porque en el papel todo cabe: la movilidad sustentable, el transporte moderno, el pulmón urbano y la fecha de inauguración, todos apretaditos en el mismo párrafo, como invitados que se odian en una boda pero sonríen para la foto.
La buena noticia es que la justicia habló. La incómoda es que habló en jeroglífico. Habrá que ver si la obra realmente aprende a esquivar troncos o si, como suele ocurrir, el 'sin talar' termina interpretándose con la flexibilidad de una liga vieja. Por lo pronto, Morelia suma un logro conceptual: el transporte del futuro se construye respetando el pasado, siempre que el pasado no estorbe la ruta. Ya veremos cuántos árboles sobreviven a tan fina redacción.