Ingresar | Crear cuenta

El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 8 de octubre, 2026
Ciudad de México • Nota • 27 de agosto de 2026

El artículo 124 como pócima mágica: 'si todos lo leyeran, seríamos primer mundo', promete el gobernador federalista

Tamaño de letra
El artículo 124 como pócima mágica: 'si todos lo leyeran, seríamos primer mundo', promete el gobernador federalista
Hay recetas para el desarrollo que requieren décadas de inversión, educación, infraestructura y voluntad política. Y luego está la que propuso esta semana el gobernador de Nuevo León ante estudiantes y catedráticos de la facultad de Derecho de la universidad estatal: leer, todos los días, el artículo 124 de la Constitución. Así, sin más. 'Si todos los gobernantes de este país leyeran a diario el artículo 124 constitucional, seríamos primer mundo', declaró el mandatario al inaugurar la Semana del Derecho Público Comparado, con la seguridad de quien acaba de descubrir la piedra filosofal en la cláusula residual del federalismo.

Para quien no se sepa el precepto de memoria —o sea, casi toda la población económicamente activa—, el artículo establece que las facultades no concedidas expresamente a la Federación se entienden reservadas a los estados. Todo lo que no es federal, es local. Una idea perfectamente respetable del reparto de competencias, elevada de pronto al rango de mantra de superación personal. Imagínese el país si funcionara así: nada de reformas estructurales, nada de pactos fiscales, nada de esos tediosos procesos de años. Basta con un ejemplar de bolsillo de la Carta Magna y disciplina de lectura matutina. Primer mundo antes del desayuno.

Lo delicioso del asunto es la fe casi litúrgica en el texto. No es que el gobernador proponga aplicar el 124 —eso sería un debate legítimo y hasta aburrido—; propone leerlo a diario, como quien reza el rosario o repasa afirmaciones positivas frente al espejo. 'Soy federalista, soy autónomo, mis facultades son residuales y me merezco lo mejor.' Uno casi espera que la próxima recomendación sea imprimirlo en tazas, colgarlo en la sala o musicalizarlo para escucharlo camino al trabajo. El desarrollo económico, resulta, era un problema de hábitos de lectura.

Y sin embargo, el timing tiene su ironía involuntaria. Porque mientras el gobernador exalta las virtudes taumatúrgicas del federalismo, en su propio estado el municipio de la capital denunció penalmente al gobierno estatal por presunta retención de recursos que le corresponderían: fondos municipales, aportaciones, multas de tránsito cobradas y no entregadas. Es decir: el mismo federalismo que se recomienda leer a diario para alcanzar el primer mundo parece funcionar de maravilla hacia arriba —lo que no es federal es mío— y con ciertas dificultades hacia abajo, cuando toca soltarle a los municipios lo que reclaman como suyo. El artículo 124, tan hermoso en la teoría, se atora justo en el último tramo del reparto.

Porque esa es la gran enseñanza de la cátedra improvisada: el federalismo es una lectura preciosa mientras uno sea el que recibe las facultades residuales. La cosa se complica cuando el residual eres tú, el municipio, el de hasta abajo, esperando que el de arriba también haya leído el artículo esa mañana. Quizá el verdadero salto al primer mundo no esté en leerlo a diario, sino en la parte más difícil de cualquier lectura: llegar hasta el final y hacerle caso incluso cuando ya no te conviene.