Trabajo territorial de tiempo completo: la campaña que nunca termina y el municipio que no coincide
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En Michoacán existe una disciplina olímpica no reconocida oficialmente: el trabajo territorial permanente. La diputada local Xóchitl Ruiz la practica con entrega, recorriendo colonias de Morelia —la Lago de los Reyes, del Distrito 10— para escuchar de primera mano las necesidades de vecinas y vecinos, y de paso manifestar su respaldo al profesor Raúl Morón, aspirante a la Coordinación Estatal de la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional. Todo muy cercano, muy de a pie, muy de puerta en puerta.
El acto tiene su encanto costumbrista. En la teoría del trabajo territorial, uno camina la colonia, saluda, apunta necesidades y promete construir soluciones 'de manera conjunta', esa fórmula mágica que suena a taller de manualidades cívicas. En la práctica, el ciudadano ya reconoce el ritual: llega la comitiva, se toman la foto junto a la banqueta rota, se prometen soluciones conjuntas y la banqueta se queda a esperar su turno en la próxima visita territorial. Es un ciclo tan confiable como las lluvias de julio.
Hay, además, un detalle geográfico que merece homenaje. La crónica del recorrido lleva sello de origen en Los Reyes mientras narra, con lujo de calle, colonias de Morelia. Dos municipios en una misma nota, unidos por el prodigio de la comunicación política. Uno entiende: en la era del respaldo permanente, la ubicación es lo de menos; lo importante es que quede claro a quién se respalda. Y quedó clarísimo.
Que conste: escuchar a la gente es bueno, y ojalá todos los cargos públicos gastaran suela con esa constancia. Lo que este diario apunta, con cariño y sarcasmo a partes iguales, es que en el bazar de aspirantes a coordinar la Transformación, el 'trabajo cercano a la ciudadanía' se ha vuelto sinónimo elegante de precampaña anticipada. La ciudadanía, mientras tanto, agradece la visita y guarda la esperanza de que, alguna vez, después de tanto recorrido, alguien regrese con una cuadrilla y no solo con una selfie. Territorio recorrido, promesa entregada, banqueta pendiente.
El acto tiene su encanto costumbrista. En la teoría del trabajo territorial, uno camina la colonia, saluda, apunta necesidades y promete construir soluciones 'de manera conjunta', esa fórmula mágica que suena a taller de manualidades cívicas. En la práctica, el ciudadano ya reconoce el ritual: llega la comitiva, se toman la foto junto a la banqueta rota, se prometen soluciones conjuntas y la banqueta se queda a esperar su turno en la próxima visita territorial. Es un ciclo tan confiable como las lluvias de julio.
Hay, además, un detalle geográfico que merece homenaje. La crónica del recorrido lleva sello de origen en Los Reyes mientras narra, con lujo de calle, colonias de Morelia. Dos municipios en una misma nota, unidos por el prodigio de la comunicación política. Uno entiende: en la era del respaldo permanente, la ubicación es lo de menos; lo importante es que quede claro a quién se respalda. Y quedó clarísimo.
Que conste: escuchar a la gente es bueno, y ojalá todos los cargos públicos gastaran suela con esa constancia. Lo que este diario apunta, con cariño y sarcasmo a partes iguales, es que en el bazar de aspirantes a coordinar la Transformación, el 'trabajo cercano a la ciudadanía' se ha vuelto sinónimo elegante de precampaña anticipada. La ciudadanía, mientras tanto, agradece la visita y guarda la esperanza de que, alguna vez, después de tanto recorrido, alguien regrese con una cuadrilla y no solo con una selfie. Territorio recorrido, promesa entregada, banqueta pendiente.